29 diciembre 2008

"Que así invade" (Vicente Aleixandre).



Dichosa claridad de la aurora,
cuerpo radiante, amoroso destino,
adoración de ese mar agitado,
de ese pecho que vive en el que sé que vivo.
¿Dónde tú, montaña inmensa siempre presente,
viajador continente que pasas y te quedas,
playa que se ofrece para mi planta ligera
que como una sola concha, fácil queda en la arena?
¿Voy?
¿O vengo?
Ignoro si la luz que ahora nace
es la del poniente en los ojos,
o si la aurora incide su cuchilla en mi espalda.
Pero voy, yo voy siempre.
Voy a ti como la ola ya verde
que regresa a su seno recobrando su forma.
Como la resaca que arrebatando el amarillo claro de playas,
muestra ya su duro torso oscuro descansado, flotando.
Voy como esos redondos brazos invasores
que arrebatan las algas que otras ondas dejaron.
Y tú me esperas, dí,
dichoso cuerpo extendido,
feliz claridad para los pies,
playa radiante que destellas besando
la tenue piel que pasa sobre tu pecho vivo.
¿Me tiendo?
Beso infinitamente
ese inabarcable rumor de los mares,
esos siempre reales labios con los que sueño,
esa espuma ligera que son siempre los dientes
cuando van a decirse las palabras oscuras.
Dime, dime; te escucho.
¡Qué profunda verdad!
Cuánto amor si te estrecho mientras cierras los ojos,
mientras retiras todas, todas las ondas lúcidas
que permanecen fijas vigilando este beso.
Tu corazón caliente como una alga de tierra,
como una brasa invencible capaz de desecar el fondo de los mares,
no destruye mis manos
ni mis ojos cuando apoyo los párpados,
ni mis labios -que no se purifican con su lumbre profunda-,
porque son como pájaros, como libres marinas,
como rumor o pasaje de unas nubes que avanzan.
¡Oh ven, ven siempre como el clamor de los peces,
como la batalla invisible de todas las escamas,
como la lucha tremenda de los verdes más hondos,
de los ojos que fulgen, de los ríos que irrumpen,
de los cuerpos que colman, que emergen del océano,
que tocan a los cielos o se derrumban mugientes
cuando de noche inundan las playas entregadas!

24 diciembre 2008

La fiesta del Sol Invicto.



Esta es la ya tradicional entrada de todos los 24 de diciembre.
Feliz festividad del Sol Invicto.


No se sabe con certeza cuándo se empezó a celebrar la fiesta de Navidad el 25 de diciembre, los datos arrojados por la arqueología sólo permiten conjeturas. Por lo pronto, se sabe que en los primeros años, probablemente a principios de siglo II, la fiesta de Navidad se celebraba junto con otras dos fiestas teofánicas, los reyes magos y el bautismo de Jesús, unos días después del solsticio de invierno, dentro de los primeros diez días de enero. Del año 336 tenemos el testimonio más antiguo -el calendario filocaliano- de que la celebración de la Navidad tenía lugar, en forma conjunta con las dos fiestas teofánicas señaladas, por esas fechas. Después, en fecha que desconocemos, la Iglesia Romana separó la Navidad de las otras dos fiestas; los armenios monofisitas aún celebran la Navidad el 6 de enero.

El traslado de la fiesta al 25 de diciembre parece haber tenido como objetivo contrarrestar el culto al Sol Invicto que empezó a tener mucha popularidad en Roma desde Caracalla, quien a principio del siglo III (211-217) había fomentado el culto al dios solar sirio Sol Invictus. Tras la muerte violenta de Heliogábalo ocurrida en 222, quedó proscrito el culto al sol entre los romanos; hasta que Aureliano (270-275) lo introdujo con éxito, nuevamente por razones políticas: para asegurar la unidad del Imperio. Al decir de Eliade, fueron cuidadosamente eliminados los elementos sirios y el servicio se confió a los senadores romanos. Se fijó el aniversario del Sol Invictus el 25 de diciembre, día natalicio de todas las divinidades solares orientales.

La fiesta cristiana de la Navidad parece haber sido trasladada hacia el año 330, en tiempos de Constantino (306-337), al 25 de diciembre. Con ello se quería significar a Cristo como el verdadero Sol Invictus. Es importante observar que, a partir del año 315, empiezan a aparecer en las monedas los primeros símbolos cristianos. Probablemente sea por estas fechas cuando tiene lugar el cambio de la fiesta de Navidad al 25 de diciembre. El mensaje recabado de la célebre visión de Constantino fue en el sentido de la prevalencia de Cristo sobre el Sol: Cristo es el verdadero sol invicto. Sólo faltaba trasladar la fecha del nacimiento de Jesús al 25 de diciembre, día en que se festejaba el nacimiento del Sol Invictus.

Esa tradición se encuentra ya firme en el evangelio apócrifo tardío conocido como Liber de Infantia Salvaturis -probablemente obra de un erudito y elegante compilador carolingio del siglo IX- donde se representa a la parturienta que atendió a María en el momento del nacimiento de Jesús diciendo que "el niño lanzaba resplandores, lo mismo que el sol".

19 diciembre 2008

"Hotel antiguo" (Eugenio Montejo).


Una mujer a solas se desnuda,
pared por medio, en el hotel antiguo
de esta ciudad remota donde duermo.

Abren las sedas un rumor disperso
que se mezcla al follaje
de los helechos en el aire.

Se oyen llaves que giran en un cofre,
jadeos ahogados, prendas,
la inocencia de gestos solitarios
que beben los espejos.

A su tiempo la noche se desnuda
y las calles apiladas se doblan
en un vasto ropaje
con la fatiga de un final de fiesta.

Una mujer a solas tras los muros,
unos pasos, un oscuro deseo,
hasta mí llega de otro mundo
como alguien que he amado y que me habla
desde un ataúd lleno de piedras.

16 diciembre 2008

Fragmento de "Las particulas elementales" (Michel Houllebecq).


Rudi pasó de nuevo la botella de Kirsch. Ninguno de los cuatro se había vestido. Bruno se dio cuenta, maravillado, de que volvía a tener una erección, menos de una hora después de correrse entre los labios de Hannelore; lo comentó con palabras impregnadas de ingenuo entusiasmo. Muy conmovida, Christiane empezó a hacerle una paja ante la mirada enternecida de sus nuevos amigos. Al final, Hannelore se acuclilló entre sus muslos y se la chupó mientras Christiane seguía acariciándola. Un poco achispado, Rudi repetía maquinalmente: "Gut…, gut…". Se separaron medio borrachos, pero de excelente humor… Al día siguiente, por la tarde, fueron juntos a la playa. El cielo estaba azul y hacía mucho calor para septiembre, Bruno se dijo que era agradable pasear, desnudos los cuatro, a lo largo de la orilla; era agradable saber que cada cual se esforzaría, en la medida de sus posibilidades, por darles placer a los demás.

12 diciembre 2008

"Los espacios del sueño" (Roberto Desnos).



Estás tú sin duda a quien no conozco, a quien conozco al contrario.
Pero que, presente en mis sueños, te obstinas en dejarte adivinar en ellos sin aparecer.
Tú que permaneces inasible en la realidad y en el sueño.
Tú que me perteneces por mi voluntad de poseerte en ilusión pero que no acercas tu rostro sino cuando mis ojos se cierran tanto al sueño como a la realidad.
Tú que en despecho de una retórica fácil donde la ola muere en la playa, donde la corneja vuela entre las fábricas en ruinas, donde la madera se pudre crujiendo bajo un sol de plomo.
Tú que estás en la base de mis sueños y que sacudes mi alma llena de metamorfosis
y que me dejas tu guante cuando beso tu mano.
En la noche están las estrellas y el movimiento tenebroso del mar, de los ríos, de los bosques, de las ciudades, de las hierbas, de los pulmones de millones y millones de seres.
En la noche están las maravillas del mundo.
En la noche no están los ángeles guardianes, pero está el sueño.
En la noche estás tú.
En el día también.

10 diciembre 2008

Fragmento de "El candelabro de los siete brazos" (Rafael Cansinos Assens).


Como un aventurero tras de la fortuna, tras del amor de este día que aún no me ha sido revelado y que acaso todavía me aguarda.
Tras la mujer desconocida, cuyas caricias serían mías esta noche y colmarían esta noche mi nostalgia.
Y en cuyos brazos reposaría tranquilo un momento, mientras cantaban las codornices en la madrugada.

05 diciembre 2008

Fragmento de "Autobiografía" (Vita Sackville West).


No conozco ningún relato verídico de este tipo de relaciones, ninguno que se haya escrito sin la intención de provocar el regocijo vicioso de los posibles lectores. Tengo la convicción de que, a medida que avanzan las edades y los sexos se van mezclando debido a sus crecientes semejanzas, esas relaciones dejarán de ser consideradas meramente antinaturales y se las comprenderá mucho mejor, no sólo en su aspecto intelectual sino en el físico. La psicología de personas como yo será entonces asunto interesante, y habrá de reconocerse que hay mucha más gente de mi tipo que lo aceptado hoy día en un sistema hipócrita.

29 noviembre 2008

Fragmento de "Canciones de amor en Lolita's Club" (Juán Marsé).


Juán Marsé ha sido galardonado con el Premio Cervantes 2.008.


Acelera las embestidas cada vez que sus ojos tropiezan con los zapatos de tiritas abandonados en el suelo al lado de su americana, como si el pálido fulgor blanquecino en la penumbra del cuarto ejerciera sobre él un extraño magnetismo, como si la fantasmal insolencia que ha dejado en los zapatos el erguido empeine que los calzaba unos minutos antes prefigurase otros pies en otros ámbitos, en otra penumbra y en otro arrebato más febril y desesperado, mientras María, de bruces sobre la mesilla de noche, junto a la cama sin deshacer, aguanta el acoso con los ojos cerrados, debatiéndose entre el placer y el dolor, con la falda subida y sin desnudarse del todo, como si hubiese sido sorprendida por el apremio y la brutalidad de Raúl. Gime y protesta e intenta darse la vuelta, pero él la sujeta firmemente contra la mesilla hasta vencer su resistencia. Lo hace con una premura falaz y una premeditada violencia, con una aparente urgencia sexual que esconde una secreta revancha, el deseo de hacer daño y hacérselo a él mismo. Cuando termina, hunde la cara en los cabellos de María, que se vuelve hacia él llorosa y apenada, intentando comprender. Con ambas manos levanta la cabeza abatida de Raúl y busca sus ojos.

26 noviembre 2008

Fragmento de "Coto vedado" (Juan Goytisolo).


El escritor Juan Goytisolo fue galardonado el día 24 de noviembre con el Premio Nacional de las Letras Españolas.


El potencial goce ínsito a mi cuerpo se impuso en seguida, brusco y convincente, a los discursos religiosos o morales que lo estigmatizaban. En la cama, el baño, las buhardillas de Torentbó, me entregaba con asiduidad al acatamiento de una ley material que, por espacio de unos minutos, me confirmaba en mi existencia aislada y particular, mi irreductible separación del resto del mundo.

21 noviembre 2008

"Glóbulos rojos", de "Entre lo cotidiano de existir" (Gunter Grass).


Pero desnuda y reducida sólo a proporciones me das pena. Por eso intento cambiarte de sitio la rodilla. Tu espinazo cóncavo me da qué pensar. No comprendo por qué eres tan fea ni por qué soy incapaz de apartar de ti la vista y mirar, por ejemplo, el campo verde o el río, que son tan naturales y no tienen clavículas. Te quiero lo que puedo. Voy a componer un ballet para tus glóbulos, los rojos y los blancos. Cuando caiga el telón te tomaré el pulso y veré si el esfuerzo ha merecido la pena.

18 noviembre 2008

"Dos cuerpos" (Octavio Paz).


Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos olas
y la noche es océano.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos piedras
y la noche desierto.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces raíces
en la noche enlazadas.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces navajas
y la noche relámpago.

Dos cuerpos frente a frente
son dos astros que caen
en un cielo vacío.

12 noviembre 2008

Fragmento de "Amores a tumba abierta" (Manuel Valdés).


Leonor se abalanzó hacia él, excitada por la excitación, en un esfuerzo por conseguir lo mismo que ella negaba de antemano: la capacidad del otro para culminar una carrera erótica que siempre se iniciaba a partir de una salida en falso. Frotó, lamió, succionó, chupó, acarició y mordió, ignorante de que él estaba en otra parte, fuera de su cuerpo, contemplándolo desde la vertiginosa realidad de un espacio sin límites. Así se situaron los dos al borde del cansancio y cuando Mario parecía más a cubierto en su escondite invisible, su cuerpo —lo que hasta ese momento le había servido de refugio— empezó a sentir las delicias de lo erótico, la sensualidad de cada contacto y el nacimiento de una extraña sensación, casi volcánica, que fue ascendiendo, intensificándose, sincronizando cada fibra muscular, cada órgano y cada centímetro de piel, hasta concretarse en una indefinible avalancha que buscaba salida de forma incontenible. Era una riada benéfica, una inundación fertilizante, que embriagaba todo lo que salía a su paso, olvidando la historia precedente y de espaldas a cualquier idea de futuro. Cuando la tensión y la sincronía alcanzaron su cota más alta, Mario se sintió explotar en mil pedazos, impotente para contener esa fuerza, perplejo porque su cuerpo ya se había emancipado y aterrado porque asistía a un acontecimiento irreversible.

06 noviembre 2008

Fragmento de "El malestar en la cultura" (Sigmund Freud).


El designio de ser felices que nos impone el principio del placer es irrealizable; mas no por ello se debe –ni se puede- abandonar los esfuerzos por acercarse de cualquier modo a su realización. Al efecto podemos adoptar muy distintos caminos, anteponiendo ya el aspecto positivo de dicho fin –la obtención del placer-, ya su aspecto negativo –la evitación del dolor-. Pero ninguno de estos recursos nos permitirá alcanzar cuanto anhelamos. La felicidad, considerada en el sentido limitado, cuya realización parece posible, es meramente un problema de la economía libidinal de cada individuo. Ninguna regla al respecto vale para todos; cada uno debe buscar por sí mismo la manera en que pueda ser feliz. Su elección del camino a seguir será influida por los más diversos factores. Todo depende de la suma de satisfacción real que pueda esperar del mundo exterior y de la medida en que se incline a independizarse de éste; por fin, también de la fuerza que se atribuya a sí mismo para modificarlo según sus deseos.

03 noviembre 2008

"Mujer dormida" (Hugo Gutiérrez Vega).


Desde aquí veo tu casa
rodeada por el aire
de esta mañana lívida.
Veo tu puerta cerrada
y el balcón entreabierto,
siempre entreabierto
para librarte de los sueños malos.
Me asomo y veo tu cuerpo
entre las sábanas,
siento tu respiración lenta.
Todo está vivo.
La sangre cumple su trabajo
y transcurre sin prisa
por tus sienes
para que tú te duermas.
Miles de vidas viven
en un solo, prodigioso segundo
de ese tiempo tan diferente al tiempo
que nos manda a la calle
y nos dicta sus leyes,
nos obliga a correr y va pasando
como pasan los ríos.
Siento tu desnudo
creciendo en la cama.
Un cuerpo dormido
nos entrega la paz del mundo.
Me voy sin hacer ruido.
Te dejo en el país
construido por el sueño.
Al irme siento que sonríes.
Los ángeles del otoño,
con un dedo en los labios,
le ordenan a la vida
que no te despierte.

31 octubre 2008

"Sucesiva" (Gerardo Diego).


Déjame acariciarte lentamente,
déjame lentamente comprobarte,
ver que eres de verdad, un continuarte
de ti misma a ti misma extensamente.

Onda tras onda irradian de tu frente
y mansamente, apenas sin rizarte,
rompen sus diez espumas al besarte
de tus pies en la playa adolescente.

Así te quiero, fluida y sucesiva,
manantial tú de ti, agua furtiva,
música para el tacto perezosa.

Así te quiero, en límites pequeños,
aquí y allá, fragmentos, lirio, rosa,
y tu unidad después, luz de mis sueños.

28 octubre 2008

"Un vergel", de "Asesinos de almas" (Sofía Serra).


III

Para poblar tu ombligo me valgo de mi menos inteligente carne,
y para calmarme
adobo con tus sales la vacuidad de mi garganta.

Canto al son de tus trinos de levante
y bailo, atravesada, ante mi misma piel,
ante mis ojos serenos y vadeados por tu ingle ambarina.

24 octubre 2008

Carta de Paul Eluard a su esposa Gala.


París, abril de 1.930.

Mi hermosa Gala, maravilloso tesoro de carne y espíritu, llevo una vida bastante triste sin ti. Mis únicas delicias son mirar incesantemente las fotos en que estás desnuda, donde tus senos son un alimento tan dulce, donde tu vientre respira y lo lamo y lo como, tu sexo está todo abierto sobre mi rostro entero, después mi sexo penetra en él todo entero, y te cojo las nalgas que se mueven maravillosamente, como la primavera. Tienes los ojos más bellos del mundo, te amo, tomas mi sexo en tu mano, tienes las piernas abiertas, tu cuerpo se ahonda lentamente, me masturbas con furia, te aplasto los senos, los cabellos, y de pronto tienes la mano llena de esperma y eres fuerte y segura de mi poder sobre ti, de tu poder sobre mí, sobre Todo.

21 octubre 2008

Fragmento de "Eso no" (Marcelo Birmajer).


Follaron como dos amantes considerados. Parecían amarse. Ana Laura le chupó los huevos durante largo rato; sabía que, si pasaba la lengua por el glande, se aceleraría el ritmo de Alberto, cosa que no quería. Había que cuidar aquel disparo como si se tratara del último de su vida: la soledad, ese enemigo agazapado, se lanzaría sobre ella después del amor furtivo.
Alberto le suplicó entonces que, mientras le endulzaba los huevos, le tomara la verga con las manos; ella lo hizo con una prudencia de maestra. Deslizó hacia atrás y hacia adelante con mucha suavidad la piel del instrumento, como si deseara que, esta vez, no sonase. Ana Laura le preguntó a Alberto si era capaz de metérsela en ese instante en el coño sin llegar a eyacular, Y él, que se sentía confiado por las caricias amantes de la mujer, asintió de inmediato.
La gruesa cabeza del pene, pese a ser éste de un tamaño mediano, le regaló a Ana Laura el placer inicial que tanto agradecía en aquel amante. Luego comenzó el entrar y el salir, que también en esta ocasión Ana Laura agradeció, pues más allá de las proporciones y las sensaciones, se sentía acompañada.
Terminaron juntos en un beso callado. Alberto cayó a un costado de la cama, y Ana Laura se incorporó hasta sentarse, paladeando el trance, la tregua.

14 octubre 2008

Fragmento de "Plataforma" (Michel Houllebecq).


Valérie puso una mano en la cabeza de Margarita para guiarla, sin dejar de masturbarme con la otra mano. Sentí que iba a correrme, y me alejé para buscar un preservativo en el neceser. Estaba tan excitado que me costó trabajo encontrarlo y luego ponérmelo, se me nublaba la vista. El culo de la negrita ondulaba mientras ella iba y venía sobre el pubis de Valérie. La penetré de una sola vez, tenía el coño abierto como un fruto. Ella gimió débilmente y tendió las nalgas hacia mí. Empecé a moverme dentro de ella, un poco al tuntún, la cabeza me daba vueltas, todo mi cuerpo se estremecía de placer. Caía la noche, y ya no se veía gran cosa en la habitación. Oí los jadeos de Valérie subir de tono, como si vinieran de muy lejos, de otro mundo. Apreté el culo de Margarita con las manos, la penetré cada vez con más fuerza, ya no intentaba contenerme…

11 octubre 2008

Fragmento de "Urania" (Jean-Marie Gustave Le Clézio)

Jean-Marie Gustave Le Clézio ha sido galardonado en el día de ayer con el Premio Nobel de Literatura 2.008.


Estaba ese grueso libro rojo que leía mi madre, y que hablaba de Grecia, de sus islas. Yo no sabía lo que era Grecia. Tan sólo palabras. Afuera, en el frío corredor del valle, por la plaza de la iglesia, en las tiendas adonde yo acompañaba a mi madre y a mi abuela cuando iban a comprar leche o papas, allí no había palabras. Sólo el sonido de las campanas, el ruido de las galochas sobre el empedrado, gritos.

Pero del libro rojo salían palabras, nombres. Caos, Eros, Gaia y sus hijos, Pontos, Océanos y Uranos, el cielo estrellado. Yo los escuchaba sin comprender. Se trataba del mar, del cielo, de las estrellas. ¿Yo sabía lo que era eso? No los había visto nunca. No conocía otra cosa que los dibujos del hule, el olor a azufre, y la voz canora de mi madre que leía. En el libro fue donde encontré el nombre del país de Urania. Tal vez haya sido mi madre quien inventó ese nombre, para compartir mi sueño. Vi al enemigo. Digo “el enemigo” porque no sabía quiénes eran, ni de dónde venían.

08 octubre 2008

"En torno a la protagonista de un poema" (Joan Margarit).

Joan Margarit ha sido galardonado con el Premio Nacional de Poesía 2.008.


Conocía muy bien tu piel dorada,
la señal de peligro de tus ojos azules.
Sueños de profesor que comenzaba
a perder su futuro. Hace mucho surgiste
entre aquellos muchachos y muchachas
del bar acristalado de nuestra Escuela blanca,
desde donde veíamos el mar.

Me preguntan quién eres. Quizás, un día, expertos
en soledad y en crímenes pasados
buscarán, amparada en las palabras,
la sombra de tu nombre y no hallarán
sino cartas violeta de la noche
y el rastro, entre papeles, de unos ojos azules.

07 octubre 2008

Fragmento de "El carnicero" (Alina Reyes).

Esto lo he robado de Anaïs.


Yo no hacía nada. Me mantenía erguida en mi taburete alto. Sólo escuchaba.

Y sabía que, a pesar mío, él notaba cómo crecía mi deseo al compás de sus palabras, conocía la fascinación que en mí ejercían sus frases dulzonas:

- Apuesto a que tus braguitas ya están húmedas. Te gusta que te hable, ¿eh? Te gustaría gozar sólo con palabras… Tendría que seguir diciéndote cosas todo el tiempo… ¿Ves? si te tocara sería como mis palabras… Por todas partes, suavemente, con la lengua… Te tomaría en mis brazos, haría contigo todo lo que deseara, serías mi muñeca, mi pequeña a quien mimar, y tú quisieras que no se acabara nunca…

03 octubre 2008

Fragmento de "La nada cotidiana" (Zoe Valdés).


Mi cabeza da bandazos contra las losas. Él la toma entre sus manos y me besa, dulzón, el rostro, frente, párpados, nariz, mejillas, orejas, boca, barbilla, mentón. Su saliva fluye como lágrimas por el óvalo de mi cara.
-¿Por qué no nos sentamos uno frente al otro y tú encima de mí? -sugiere más que pregunta.
Entiendo perfectamente que debo enterrar su sexo en el mío y moverme de un lado a otro, de izquierda a derecha, y a la inversa, batiendo mi cintura, besándolo con los ojos abiertos, o simplemente erguir mi espalda para que los pezones den exactos con su boca y él pueda de esta forma chuparlos hasta el hartazgo. Ahí tengo mi primer orgasmo. Lento, gozándolo centímetro a centímetro, con los ojos idos en los suyos y los pelos de su pecho rascando mis paradas tetas.
Un quejido descomunal me lanza con la espalda arqueada hacia atrás. Él aprovecha y se zafa de mí. Furioso, lo cual me asombra, me vira de espaldas a su cuerpo. Estira mis piernas y las entreabre, mi nariz se hunde en la seda de un cojín. El rabo descansa entre mis nalgas, él las aprieta, y como yo me meneo, aquello resulta ser una masturbación sensacional, como cuando se hace entre los senos. Inesperadamente, mi ano va cediendo y le ruego que me lo parta, pero al introducir sólo la puntica el dolor es tan agudo que casi me desmayo. Sin embargo, ni eso me despoja del deseo fulminante que siento de ser ensartada por detrás, mis manos cooperan en separar las nalgas y él entra, poco a poco, cada vez con menos trabas.
-Suavecito, suavecito... -suplico yo.
El tono inocente de mi voz lo inflama poderosamente, y mientras más dulce pido, más encontronazos siento en mi interior. De repente se decide por el impulso bestial. No puedo explicarlo, no hay acción para que suceda así, pero mi vagina late desenfrenada. El dedo medio de él va a parar dentro de ella y así acaricia su picha a través de un sencillo tejido. Podría haberse venido, pero se contiene.

30 septiembre 2008

Fragmento de "La gata sobre el tejado de zinc" (Tennessee Williams).



Margaret (alegre).- ¿Que cómo lo sé? ¡Estaba allí, lo vi con mis propios ojos!
Brick (distraído).- Debió ser muy divertido.
Margaret.- A Susie no se lo pareció. Le dio un ataque de histeria. Lloraba desconsoladamente. Tuvieron que detener el desfile, bajarla del trono y continuar... (Capta su mirada en el espejo, se le escapa un grito ahogado, se vuelve para encararse con él) ¿Por qué me miras así?
Brick (silbando suavemente).- ¿Cómo, Maggie?
Margaret (arrebatada y temerosa).- ¡Como me estabas mirando ahora mismo, antes de que captase tu mirada en el espejo y empezaras a silbar! ¡No sé cómo describirla, pero me ha helado la sangre! Últimamente te he visto mirarme así a menudo. ¿Qué piensas cuando me miras así?
Brick.- No era consciente de estar mirándote, Maggie.
Margaret.- ¡Pues yo sí era consciente! ¿En qué estabas pensando?
Brick.- No recuerdo haber pensado en nada, Maggie.
Margaret.- ¿Crees que no sé que...? ¿Crees que... no sé que...?
Brick (con frialdad).- Que sabes qué, Maggie.
Margaret (buscando las palabras).- Que he sufrido esta... odiosa... transformación y me he vuelto... insensible... ¡rabiosa! (entonces añade, casi con ternura) ¡Cruel! Por eso me observas últimamente. ¿Cómo podrías no darte cuenta? Está bien. He dejado de ser tan sensible, no puedo permitírmelo. (Recupera fuerzas) Pero Brick, Brick...
Brick.- ¿Decías algo?
Margaret.- Iba a decirlo: que me siento... sola. ¡Muy sola!
Brick.- Todo el mundo se siente...
Margaret.- Viviendo con alguien que amas puedes sentir más soledad que viviendo completamente a solas... si quien amas no te ama.

Paul Newman falleció el 26 de septiembre de 2.008.

26 septiembre 2008

De "Corazón tan blanco" (Javier Marías).


No he querido saber pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola...

24 septiembre 2008

Fragmento de "Cartas de amor a Nora Barnacle" (James Joyce).


16 de diciembre de 1909.
44 Fontenoy Street, Dublín.


Desnuda, cógeme, solamente con tus medias y tu sombrero puesto, acostados en el piso, con una flor roja en el culo, montándome como un hombre, con tus muslos entre los míos y tu robusto trasero. Móntame vestida con tu bata de estar (ojalá tengas esa tan bonita), con nada debajo de ella, ábretela repentinamente y muéstrame tu vientre y tus muslos y tu espalda y empújame sobre ti, encima de la mesa de la cocina. Cógeme con tu culo, boca abajo en la cama, con tu cabello suelto, desnuda, pero con tus adorables bragas rosas perfumadas, abiertas desvergonzadamente de atrás y medio caídas, de modo que se pueda entrever un poco de tu trasero…

(Traducción de Felipe Rúa Nova).

18 septiembre 2008

"Fragmento de una carta" (Henry Miller).


He hundido la cabeza entre la fronda oscura de tu sexo, y allí quiero perderme. Quiero apresar en mi boca ese rescoldo terso y abultado, esa rosa carnal, pulsante, mínima, que hiere desde lejos. La tomo entre los labios con esmero, y dejo que mi lengua la vaya acariciando, muy despacio al principio, con más brío después. A veces, cuando siento más hondo tus gemidos, me detengo un instante para besar los pliegues ya entibiados, el dintel de la gruta que se adentra en lo oscuro…
No me sacia tu fruto más sabroso. Me basta escuchar tus gemidos. Quiero oír las palabras más sucias manchando tus labios. Soy un perro encarcelado lamiéndote el coño, un animal que ansía tu vulva estremecida, tus muslos oscilantes, tus piernas como esbeltas lianas de blancura. Tu sexo es ya un torrente que fluye por mi boca, una brasa muy dulce desgajada del día, tu sexo es una gema cegadora y terrible, que arrastra el oleaje creciente de los astros.

17 septiembre 2008

"Fragmentos de un Jardín II", de "Asuntos personales" (Benjamín Prado).


Esconde un trazo
de paloma agrupada
la rosa blanca.

¿En qué consiste
un jardín? Luz confusa,
flores concretas.

Era un extremo
visible del olvido:
eso era el moho.

Noche de viento.
Junto al estanque, un seto
suena a agua fría.

Es simple: el hombre
es la raíz y el fruto
es el poema.

15 septiembre 2008

"Ya en desnudez total" (Idea Vilariño).



Ya en desnudez total
extraña ausencia
de procesos y fórmulas y métodos
flor a flor,
ser a ser,
aún con ciencia
y un caer en silencio y sin objeto.

La angustia ha devenido
apenas un sabor,
el dolor ya no cabe,
la tristeza no alcanza.

Una forma durando sin sentido,
un color,
un estar por estar
y una espera insensata.

Ya en desnudez total
sabiduría
definitiva, única y helada.

Luz a luz
ser a ser,
casi en amiba,
forma, sed, duración,
luz rechazada.

03 septiembre 2008

De "A good year" (Ridley Scott, 2.006).


Perdona a mis labios, siempre encuentran placer en los rincones más insospechados.

02 septiembre 2008

"Historia natural" (Carlos Drummond de Andrade).


Las culebras ciegas son noctívagas.
El orangután es profundamente solitario.
Los monos prefieren también el aislamiento.
Algunos árboles sólo fructifican de 25 en 25 años.
Las cigüeñas copulan en vuelo.
El mundo no es lo que pensamos.

01 septiembre 2008

Estamos de vuelta.


He vuelto a ver y tocar el mar (I Aear cân ven na mar). El con quien lo toqué es cosa mía (y de quién corresponda) pero piensa que siempre pudiste haber sido tú...

31 julio 2008

"Estío"


Por motivos diferentes (que no vienen al caso, pero que son de fácil deducción para el hábil paseante dado el título de esta entrada) el Jardín permanecerá inerte hasta septiembre, pero podéis seguir disfrutando de él con sus hojas caídas y sus estaciones pasadas...

(Bla bla bla la misma milonga que el 31 de julio de 2.006 y de 2.007. Es lo que hay).

23 julio 2008

"Aquí" (Pedro Salinas).


Aquí
en esta orilla blanca
del lecho donde duermes
estoy al borde mismo
de tu sueño. Si diera
un paso más, caería
en sus ondas, rompiéndolo
como un cristal. Me sube
el calor de tu sueño
hasta el rostro. Tu hálito
te mide la andadura
del soñar: va despacio.
Un soplo alterno, leve
me entrega ese tesoro
exactamente: el ritmo
de tu vivir soñando.
Miro. Veo la estofa
de que está hecho tu sueño.
La tienes sobre el cuerpo
como coraza ingrávida.
Te cerca de respeto.
A tu virgen te vuelves
toda entera, desnuda,
cuando te vas al sueño.
En la orilla se paran
las ansias y los besos:
esperan, ya sin prisa,
a que abriendo los ojos
renuncies a tu ser
invulnerable. Busco
tu sueño. Con mi alma
doblada sobre ti
las miradas recorren,
traslúcida, tu carne
y apartan dulcemente
las señas corporales,
para ver si hallan detrás
las formas de tu sueño.
No la encuentran. Y entonces
pienso en tu sueño. Quiero
descifrarlo. Las cifras
no sirven, no es secreto.
Es sueño y no misterio.
Y de pronto, en el alto
silencio de la noche,
un soñar mío empieza
al borde de tu cuerpo;
en él el tuyo siento.
Tú dormida, yo en vela,
hacíamos lo mismo.
No había que buscar:
tu sueño era mi sueño.

22 julio 2008

"Desnudo" (Mario Hernández).


Tus ojos, lentamente,
entregan bruma o pájaros
de encendido silencio.

El mar vibra en la sombra.

Tu cuerpo lentamente
se entreduerme y respira
en el centro del bosque.

La sombra se hace blanca.

En el sueño perdida,
desde los sueños surge
tu más secreta forma.

21 julio 2008

"Acerca de vivir" (Nazim Hikmet).



El vivir no admite bromas.
Has de vivir con toda seriedad,
como una ardilla, por ejemplo;
es decir, sin esperar nada fuera y más allá del vivir;
es decir, toda tu tarea se resume en una palabra:
Vivir.

Has de tomar en serio el vivir.
Es decir, hasta tal punto y de tal manera
que aun teniendo los brazos atados a la espalda,
y la espalda pegada al paredón,
o bien llevando grandes gafas
y luciendo bata blanca en un laboratorio,
has de saber morir por los hombres.
Y además por hombres que quizás nunca viste,
y además sin que nadie te obligue a hacerlo,
y además sabiendo que la cosa más real y bella es
Vivir.

Es decir:
has de tomar tan en serio el vivir
que a los setenta años, por ejemplo,
si fuera necesario plantarías olivos
sin pensar que algún día serían para tus hijos;
debes hacerlo, amigo, debes hacerlo,
no porque, aunque la temas, no creas en la muerte,
sino porque vivir es tu tarea.

Sucede, por ejemplo,
que estamos muy enfermos;
que hemos de soportar una difícil operación;
que cabe la posibilidad
de que no volvamos a levantarnos de la blanca mesa.
Aunque sea imposible no sentir
la tristeza de partir antes de tiempo,
seguiremos riendo con el último chiste,
mirando por la ventana para ver
si el tiempo sigue lluvioso,
esperando con impaciencia
las últimas noticias de prensa.

Sucede, por ejemplo, que estamos en el frente,
por algo, por ejemplo, que vale la pena que se luche.
Nada más comenzar el ataque, al primer movimiento,
puede caerse cara a tierra, y morir.
Todo esto hemos de aceptarlo con singular valor,
y a pesar de todo, preocuparnos apasionadamente
por esa guerra que puede durar años y años.

Sucede
que estamos en la cárcel.
Sucede
que nos acercamos
a los cincuenta años,
y que falten dieciocho más
para ver abrirse las puertas de hierro.
Sin embargo, hemos de seguir viviendo con los de fuera,
con los hombres, los animales, los conflictos y los vientos,
es decir, con todo el mundo exterior que se halla
tras el muro de nuestros sufrimientos;
es decir: estemos donde estemos
hemos de vivir
como si nunca hubiésemos de morir.

Se enfriará este mundo,
una estrella entre las estrellas;
por otra parte una de las más pequeñas del universo,
es decir, una gota brillante en el terciopelo azul,
es decir, este inmenso mundo nuestro.
Se enfriará este mundo un día,
algún día se deslizará
en la ciega tiniebla del infinito
-no como una bola de nieve,
no como una nube muerta-,
como una nuez vacía.

Desde ahora mismo se ha de sufrir por todo esto,
ha de sentirse su tristeza desde ahora,
tanto ha de amarse el mundo en todo instante,
se le ha de amar tan conscientemente que se pueda decir: "He vivido".

18 julio 2008

"Silencio de Blanca" (José Carlos Somoza).


Me tiendo entonces sobre ella, con cuidado: es un cuerpo pequeño, desnudo, joven; parece exánime, pero su tierna respiración le traiciona, así que cualquier brusquedad resulta un exceso. Me tiendo, vibrando de placer, sobre su espalda, apoyando mis manos en la cama, equilibrándome sobre la deliciosa suavidad de su piel. Mi sexo, sin embargo, no busca su interior. No: no se trata de consumar nada. Queda atrapado con incomodidad entre sus glúteos, señala endurecido hacia la concavidad delicada de su lomo. Le entrego el peso de mi cuerpo por fin: ella cierra los puños sobre la colcha.

No hace falta casi nada más: al abrazar esa figura cálida, delgada, al sentirla, ya en el extremo final de toda una tarde de ansias, no necesito ni siquiera de mis gestos. «Oh, por favor», pienso cerca de su pelo blanco, como si lo susurrase en su oído, «quédate así, déjame creer por un instante que esto es cierto.» Sus nalgas se abren como manos, como algo tibio que envolviera mi placer -quizás mejillas, o labios, o pechos mórbidos. Apenas nada más: jadeo, gimo sobre ella con los ojos cubiertos, vivo un instante -el instante exacto, cegador, en que mi orgasmo escapa- la fantasía de hacerle el amor, el sexo fingido como nuestro encuentro o nuestros besos; transformo mi masturbación sobre ella en algo mutuo, y ella me ayuda con sus gestos fuertes, la contracción de todo su cuerpo al sentir que la riego con mi placer, sus brazos, que sujeto con fuerza de violación, sus espasmos, durante los que crispa las nalgas como si recibiera latigazos.

Al apartarme, aún jadeante, mi sexo permanece unido a ella por lentas gotas blancas que se derraman sobre su vértice, entre las piernas. Distiendo sus nalgas y juego con la caída lenta de la esperma por entre ellas. Blanca, Blanca, silenciosa, manchada, poseída.

Disfrutar teniéndote sin tenerte: eso es el placer eterno.

16 julio 2008

"Creo" (J.G. Ballard).


Creo en el poder de la imaginación para rehacer el mundo, para soltar las riendas de la verdad dentro de nosotros, para demorar la noche, para trascender la muerte, para congraciarnos con los pájaros, para ganarnos la confianza de los locos.
Creo en mis propias obsesiones, en la belleza de los choques de autos, en la paz de los bosques sumergidos, en la excitación de las playas de vacaciones cuando están desiertas, en la elegancia de los cementerios de automóviles, en el misterio de los estacionamientos de muchos pisos, en la poesía de los hoteles abandonados.
Creo en el vuelo, en la belleza de las alas y en la belleza de todo lo que ha volado siempre, en la piedra arrojada por un chico con la misma sabiduría de los estadistas y de las parteras.
Creo en la inexistencia del pasado, en la muerte del futuro y en las infinitas posibilidades del presente.
Creo en los próximos cinco minutos.
Creo en la historia de mis pies.
Creo en los dolores de cabeza, en el aburrimiento de los atardeceres, en el miedo de los calendarios, en la traición de los relojes.
Creo en la muerte del mañana, en la fatiga del tiempo, en nuestra búsqueda de un tiempo nuevo dentro de la sonrisa de las azafatas en los ómnibus de larga distancia y dentro de los ojos cansados de los hombres que controlan el tránsito en los aeropuertos fuera de temporada.
Creo en la imposibilidad de la existencia, en el humor de las montañas, en el absurdo del electromagnetismo, en la farsa de la geometría, en la crueldad de la aritmética, en el propósito asesino de la lógica.
Creo en las adolescentes , en como se corrompen a sí mismas por la posición que adoptan sus largas piernas, en la pureza de sus cuerpos desarreglados, en los vellos púbicos que dejan en los baños de los telos mas infames.
Creo en la delicadeza de los bisturíes quirúrgicos ,en la ilimitada geometría de la pantalla de cine, en el universo oculto dentro de los supermercados, en la soledad del sol, en la charlatanería de los planetas, en la repetitividad de nosotros mismos, en la inexistencia del universo y en el aburrimiento del átomo.
Creo en la muerte de las emociones y en el triunfo de la imaginación.
Creo en todas las excusas
Creo en todas las razones
Creo en todas las alucinaciones
Creo en todas las mitologías, recuerdos, mentiras, fantasías, evasiones
Creo en el misterio y en la melancolía de una mano, en la gentileza de los árboles, en la sabiduría de la luz.

14 julio 2008

Fragmento de "Frutos" (Ricardo Reis*).



Ah, não consegues contra o adverso muito
Criar mais que propósitos frustrados!
Abdica e sê
Rei de ti mesmo.

*Heterónimo de Fernando Pessoa.

09 julio 2008

"Razón de amor" (Vicente Nuñez).



Lo que de amor yo supe
lo aprendí desamándote.

Por eso te idolatro
mejor que si te amara.

08 julio 2008

"Mujer al sol" (Vinicius de Moraes).


Una mujer al sol es todo mi deseo,
viene del mar, desnuda, con los brazos en cruz
y la flor de los labios abierta para el beso
y en la piel refulgente el polen de la luz.


Una hermosa mujer, los senos en reposo
y caliente de sol, nada más se precisa.
El vientre terso, el pelo húmedo y una sonrisa
en la flor de los labios, abierta para el gozo.

Una mujer al sol sobre quien yo me arroje
y a quien beba y me muerda y con quien me lamente,
y que al someterse se enfurezca y solloce,

e intente rechazarme, y que al sentirme ausente
me busque nuevamente y se quede a dormir
cuando yo, apaciguado, me disponga a partir.

07 julio 2008

"La chica más suave", de "La canción del olvido" (Ángeles Mora).


Perteneces -lo sabes- a esa raza estafada
que el dolor acaricia en los andenes.
Medio mundo de engaño conociste
y el resto fue mentira.
Has llegado hasta aquí
huyendo de mil días
que pasaron de largo.
Has llegado hasta aquí
para mostrar a todos tu inefable pirueta,
ridículo equilibrio,
ese nado a dos aguas,
piedra de escándalo,
ese triste espectáculo que ofreces,
esas gotas de miedo que salpican
tus insufribles lágrimas.
Aparta.

02 julio 2008

"Es el alba que avanza" (Juan Lozano y Lozano).


Ingenua colegiala de ojazos taciturnos
que a través de la reja de tu alcoba
indagas el misterio de los astros nocturnos.

Adivino que sueñas...
......................................................(Los ojos se prolongan
en las ojeras lánguidas, y los senos turgescen,
y las manos se afiebran, y los labios florecen...)

En tu carne virgínea ya la mujer se inicia,
y en tus horas inquietas
entrevés el coloquio , presientes la caricia.

La romántica espera te ha embellecido tanto,
como jamás lo sospechó mi canto.

Porque en los pechos núbiles el amor presentido,
es el Alba, que avanza sobre un campo florido.


01 julio 2008

“A veces” (Ángel González).


Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.

Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!

Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
"Lo digo y no me corro".

Pero él disimulaba.

30 junio 2008

"Fragmento de "Seda" (Alessandro Baricco)."


Permanece así, te quiero mirar, yo te he mirado tanto pero no eras para mí, ahora eres para mí, no te acerques, te lo ruego, quédate como estás, tenemos una noche para nosotros, y quiero mirarte, nunca te había visto así, tu cuerpo para mí, tu piel, cierra los ojos y acaríciate, te lo ruego, no abras los ojos si puedes, y acaríciate, son tan bellas tus manos, las he soñado tanto que ahora las quiero ver, me gusta verlas sobre tu piel, así, sigue, te lo ruego, no abras los ojos, yo estoy aquí, nadie nos puede ver y yo estoy cerca de ti, acaríciate señor amado mío, acaricia tu sexo, te lo ruego despacio, es bella tu mano sobre tu sexo, no te detengas, me gusta mirarla y mirarte, señor amado mío, no abras los ojos, no todavía, no debes tener miedo estoy cerca de ti, ¿me oyes?, estoy aquí, puedo rozarte, y esta seda, ¿la sientes?, es la seda de mi vestido, no abras los ojos y tendrás mi piel, tendrás mis labios, cuando te toque por primera vez será con mis labios, tú no sabrás dónde, en cierto momento sentirás el calor de mis labios, encima, no puedes saber dónde si no abres los ojos, no los abras, sentirás mi boca donde no sabes, de improviso, tal vez sea en tus ojos, apoyaré mi boca sobre los párpados y las cejas, sentirás el calor entrar en tu cabeza, y mis labios en tus ojos, dentro, o tal vez sea sobre tu sexo, apoyaré mis labios allí y los abriré bajando poco a poco, dejaré que tu sexo cierre a medias mi boca, entrando entre mis labios, y empujando mi lengua, mi saliva bajará por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo, hasta que al final te bese en el corazón, porque te quiero, morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te quiero, y con el corazón entre mis labios tú serás mío, de verdad, con mi boca en tu corazón tú serás mío, para siempre, y si no me crees abre los ojos señor amado mío y mírame, soy yo, quién podrá borrar jamás este instante que pasa, y este mi cuerpo sin más seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran, tus dedos en mi sexo, tu lengua sobre mis labios, tú que resbalas debajo de mí, tomas mis flancos, me levantas, me dejas deslizar sobre tu sexo, despacio, quién podrá borrar esto, tú dentro de mí moviéndote con lentitud, tus manos sobre mi rostro, tus dedos en mi boca, el placer en tus ojos, tu voz, te mueves con lentitud, pero hasta hacerme daño, mi placer, mi voz, mi cuerpo sobre el tuyo, tu espalda que me levanta, tus brazos que no me dejan ir, los golpes dentro de mí, es dulce violencia, veo tus ojos buscar en los míos, quieren saber hasta dónde hacerme daño, hasta donde tú quieras, señor amado mío, no hay fin, no finalizará, ¿lo ves?, nadie podrá cancelar este instante que pasa, para siempre echarás la cabeza hacia atrás, gritando, para siempre cerraré los ojos soltando las lágrimas de mis ojos, mi voz dentro de la tuya, tu violencia teniéndome apretada, ya no hay tiempo para huir ni fuerza para resistir, tenía que ser este instante, y este instante es, créeme, señor amado mío, este instante será, de ahora en adelante, será, hasta el fin.

24 junio 2008

"Oceánida" (Leopoldo Lugones).


El mar, lleno de urgencias masculinas,
bramaba alrededor de tu cintura,
y como un brazo colosal, la oscura
ribera te amparaba. En tus retinas,

y en tus cabellos, y en tu astral blancura,
rieló con decadencias opalinas,
esa luz de las tardes mortecinas
que en el agua pacífica perdura.

Palpitando a los ritmos de tu seno,
hinchóse en una ola el mar sereno;
para hundirte en sus vértigos felinos

su voz te dijo una caricia vaga,
y al penetrar entre tus muslos finos,
la onda se aguzó como una daga.

20 junio 2008

"El secreto" (Juan Lozano y Lozano).



En la tibia quietud de nuestra sala
sentiré que te acercas a mi lado,
conteniendo el aliento fatigado
y en puntillas, como una colegiala.

Un secreto. Y tu mano, que resbala
por tus cabellos me tendrá vendado,
y en tu voz habrá un tono inusitado:
arrullará como si fuera un ala.

Luego, en silencio, en la penumbra densa,
saborearemos la fruición intensa
de un doble amor que se transmuta en uno.

Tanta ventura nos infunde miedo.
Mas, por instinto, lloraremos quedo,
como temiendo despertar a alguno.

19 junio 2008

"Y si acuciase..." (Esther Giménez).


Te reto a que me enseñes a ganarte.
No es fácil desprenderse de tal trono
-recuerda qué apetito le entró a Crono,
aunque ni yo soy hija ni tú Marte,

ni yo Afrodita loca por follarte...
Pero a veces confundo y me acojono
por si te acucia el hambre o a mí el mono
y acabo digerida en cualquier parte.

Apuesto a que no sabes no saber;
pero no apuesto nada -la maestra,
desde su condición como mujer,

cuando se contradice lo demuestra.
Te reto a que me aprendas y un deber:
que salgas de una vez a mi palestra.