30 diciembre 2005

Asunción de Tí (Mario Benedetti).


1
Quién hubiera creído que se hallaba
sola en el aire, oculta,
tu mirada.
Quién hubiera creído esa terrible
ocasión de nacer puesta al alcance
de mi suerte y mis ojos,
y que tú y yo iríamos, despojados
de todo bien, de todo mal, de todo,
a aherrojarnos en el mismo silencio,
a inclinarnos sobre la misma fuente
para vernos y vernos
mutuamente espiados en el fondo,
temblando desde el agua,
descubriendo, pretendiendo alcanzar
quién eras tú detrás de esa cortina,
quién era yo detrás de mí.
Y todavía no hemos visto nada.
Espero que alguien venga, inexorable,
siempre temo y espero,
y acabe por nombrarnos en un signo,
por situarnos en alguna estación
por dejarnos allí, como dos gritos
de asombro.
Pero nunca será. Tú no eres ésa,
yo no soy ése, ésos, los que fuimos
antes de ser nosotros.
Eras sí pero ahora

suenas un poco a mí.
Era sí pero ahora
vengo un poco de ti.
No demasiado, solamente un toque,
acaso un leve riesgo familiar,
pero que fuerce a todos a abarcarnos
a ti y a mí cuando nos piensen solos.

2
Hemos llegado al crepúsculo neutro
donde el día y la noche se funden y se igualan.
Nadie podrá olvidar este descanso.
Pasa sobre mis párpados el cielo fácil
a dejarme los ojos vacíos de ciudad.
No pienses ahora en el tiempo de agujas,
en el tiempo de pobres desesperaciones.
Ahora sólo existe el anhelo desnudo,
el sol que se desprende de sus nubes de llanto,
tu rostro que se interna noche adentro
hasta sólo ser voz y rumor de sonrisa.

3
Puedes querer el alba
cuando ames.
Puedes
venir a reclamarte como eres.
He conservado intacto tu paisaje.
Lo dejaré en tus manos
cuando éstas lleguen, como siempre,
anunciándote.
Puedes
venir a reclamarte como eras.
Aunque ya no seas tú.
Aunque mi voz te espere
sola en su azar
quemando
y tu sueño sea eso y mucho más.
Puedes amar el alba
cuando quieras.
Mi soledad ha aprendido a ostentarte.
Esta noche, otra noche
tú estarás
y volverá a gemir el tiempo giratorio
y los labios dirán
esta paz ahora, esta paz ahora.
Ahora puede venir a reclamarte,
penetrar en tus sábanas de alegre angustia,
reconocer tu tibio corazón sin excusas,
los cuadros persuadidos,
saberte aquí.
Habrá para vivir cualquier huida
y el momento de la espuma y el sol
que aquí permanecieron.
Habrá para aprender otra piedad
y el momento del sueño y el amor
que aquí permanecieron.
Esta noche, otra noche tú estarás,
tibia estarás al alcance de mis ojos,
lejos ya de la ausencia que no nos pertenece.
He conservado intacto tu paisaje
pero no sé hasta dónde esté intacto sin ti,
sin que tú le prometas horizontes de niebla,
sin que tú le reclames su ventana de arena.
Puedes querer el alba cuando ames.
Debes venir a reclamarte como eras.
Aunque ya no seas tú,
aunque contigo traigas
dolor y otros milagros.
Aunque seas otro rostro de tu cielo hasta mí.

Creación (Cesare Pavese).


Estoy vivo y he sorprendido las estrellas en el alba.
Mi compañera continúa durmiendo y lo ignora.
Mis compañeros duermen todos. La clara jornada se me revela más limpia que los rostros aletargados.
A distancia, pasa un viejo, camino del trabajo
o a gozar la mañana.
No somos distintos, idéntica claridad respiramos los dos
y fumamos tranquilos para engañar el hambre.
También el cuerpo del viejo debería ser sano y vibrante
ante la mañana, debería estar desnudo.
Esta mañana la vida se desliza por el agua
y el sol: alrededor está el fulgor del agua
siempre joven; los cuerpos de todos quedarán al descubierto.
Estarán el sol radiante y la rudeza del mar abierto
y la tosca fatiga que debilita bajo el sol, y la inmovilidad.
Estará la compañera-un secreto de cuerpos. Cada cual hará sentir su voz.
No hay voz que quiebre el silencio del agua bajo el alba. Y ni siquiera nada que se estremezca bajo el cielo. Sólo una tibieza que diluye las estrellas.
Estremece sentir la mañana que vibre, virgen, como si nadie estuviese despierto.

24 diciembre 2005

La Maldecida (Rafael Alberti).


No quiero, no, que te rías,
ni que te pintes de azul los ojos,
ni que te empolves de arroz la cara,
ni que te pongas la blusa verde,
ni que te pongas la falda grana.

Que quiero verte muy seria,
que quiero verte siempre muy pálida,
que quiero verte siempre llorando,
que quiero verte siempre enlutada.

22 diciembre 2005

Menos Tu Vientre (Miguel Hernández).


Menos tu vientre
todo es confuso.

Menos tu vientre
todo es futuro
fugaz, pasado
baldío, turbio.

Menos tu vientre
todo es oculto,
menos tu vientre
todo inseguro,
todo es postrero
polvo sin mundo.

Menos tu vientre

todo es oscuro,
menos tu vientre
claro y profundo.

20 diciembre 2005

Alianza (Jorge Riechmann).


Un bosque entero ha regresado desde tu nuca
esta noche, lo he visto conciliador,
amigo, decididamente a favor
de lo posible, tú dormías
tras la severidad de las últimas jornadas.
No quise despertarte, me refresqué en tu pulso.
Las señales parecen indudables:
podemos auxiliar a tiempo, juntos,
al número dos de dios, al tres, a otros acaso.
Ahora es sazón de no olvidar los sueños.

2
Hueles
tan bien. Hay miel como hay sudor,
hay trigo y tierra. Yo lo veo y lo oigo resonante,
tan bien. Sabes tan bien gozar.
Preservas tanto instinto de la flor a la fruta.
Yo lo veo y lo oigo y te respiro y otra vez
te tomo abierta en nuestra mesa de viento.

3
He soñado
la salvación de tu sudor

defiendo
nuestra intimidad común
ante los estragos de este cielo sangriento

recibo
en la libertad de tu cuerpo marcado
la ligera prosodia del placer

he soñado
la salvación de tu sudor.

4
Luego en el filo de la sombra
bailas
iluminada por blanca lentitud, bellísima,
tajantemente viva, sabiendo en todos los poros
y en todas las arrugas del placer,
que es bien cierta la muerte, mas sólo empieza mañana.

16 diciembre 2005

Cómo han de ser tus ojos (León Felipe).


Mujer... no tendré un beso de niño para ti
ni de viejo, ni de sátiro...
cuando vengas no besaré tus mejillas
ni tu frente, ni tus labios.
Pondré mi boca en los pliegues
recogidos de tus párpados
y beberé el agua clara
que suba a tus ojos claros.
Trae unos ojos azules, mujer,
trae unos ojos azules, de un azul tranquilo y claro
que tengo sed...
sed de peregrino cansado
de muchas jornadas duras
por caminos solitarios
y quiero
llevar mis labios
al agua clara y tranquila
de un remanso que refleje
un cielo tranquilo y claro.

13 diciembre 2005

Desnuda (Pablo Neruda).


Desnuda eres tan simple como una de tus manos:
lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente.
Tienes líneas de luna, caminos de manzana.
Desnuda eres delgada como el trigo desnudo.

Desnuda eres azul como la noche en Cuba:
tienes enredaderas y estrellas en el pelo.
Desnuda eres redonda y amarilla
como el verano en una iglesia de oro.

Desnuda eres pequeña como una de tus uñas:
curva, sutil, rosada hasta que nace el día
y te metes en el subterráneo del mundo

como en un largo túnel de trajes y trabajos:
tu claridad se apaga, se viste, se deshoja
y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.

12 diciembre 2005

El Ciego Mar (Javier Sologuren).


No veo
me transplanto
la boca de una flores un volcán hembra
horario y minutero
desfilan tierra adentro
pero yo me hallo en el mar

No veo
bebo
un cielo de revés
un torbellino blanco
estalla entre mis huesos

No veo
sino brazos transparentes
el color apenas mima su crepúsculo

No veo
sino el mar
yo soy el mar.

07 diciembre 2005

Geografía (Irene Sánchez Carrón).


"Eres libre" -dijiste.
Yo te miré en silencio
con la expresión absurda
de esas viejas muñecas
que se pierden un día
tras haberse arrastrado
por todos los caminos
sin rumbo de la infancia.
"Puedes ir donde quieras"-dijiste.
Y de repente encogieron los mapas,
no hubo puertas abiertas,
una goma invisible
borró todas las calles
y entonces fue el dolor un camino sin tierra y sin orillas.

06 diciembre 2005

Seguridad.


En la seguridad de tu casa y de tu interior das rienda suelta a tu imaginación. Lees, te gustan unas historias más que otras, pero tú ya no les prestas atención. Las lees pero no son tuyas. Las letras se terminan, pero tu interior tiene su propio guión.

LA INTIMIDAD.
Los relatos terminan pero no así el fuego en tus manos. En tu interior nacen recuerdos olvidados, apartados, perdidos... lo que nace en tu interior se apodera de tu ser, lo sientes, sientes como sube hacia ti… entregas tus manos, te dejas ir, te acaricias. Ahora nada te puede detener.

ESTOY AHÍ.
Te estoy mirando, miro tu pelo, miro tus manos, estoy robando tu intimidad. Tu sexo ya manda en ti, en tu refugio buscas tu placer y tu fuego. Deseas volar y notas ese estremecimiento sublime entre tus piernas…

MÍRAME.
Estoy escondido entre las palabras, te estoy deseando con cada frase. Miro como te posees, tienes en tus manos tu vida, todo lo demás desparece, nada más importa. Lo haces a tu gusto, rápido, lento, suave, con tus dedos, con tus manos, con tus juguetes ocultos, y mientras estoy aquí.

Disfruta de ti.

Comienza el principio del fin.


Desnudo (Mariano Brull).


Su cuerpo resonaba en el espejo
vertebrado en imágenes distantes:
uno y múltiple, espeso, de reflejo
reverso ahora de inmediato antes.
Entraba de anterior huida al dejo

de sí mismo, en retornos palpitantes,
retenido, disperso, al entrecejo
de dos voces, dos ojos, dos instantes.
Toda su ausencia estaba -en su presencia-

dilatada hasta el próximo asidero
del comienzo inminente de otra ausencia:
rumbo intacto de espacio sin sendero

al inmóvil azar de su querencia
¡estatua de su cuerpo venidero!

02 diciembre 2005

A Través (Octavio Paz).


Doblo la página del día, escribo lo que me dicta el movimiento de tus pestañas.
*
Mis manos abren las cortinas de tu ser, te visten con otra desnudez, descubren los cuerpos de tu cuerpo.

Mis manos inventan otro cuerpo a tu cuerpo.
*
Entro en ti, veracidad de la tiniebla.Quiero las evidencias de lo oscuro, beber el vino negro: toma mis ojos y reviéntalos.
*
Una gota de noche sobre la punta de tus senos: enigmas del clavel.
*
Al cerrar los ojos los abro dentro de tus ojos.
*
En su lecho granate siempre está despierta y húmeda tu lengua.
*
Hay fuentes en el jardín de tus arterias.
*
Con una máscara de sangre atravieso tu pensamiento en blanco: desmemoria me guía hacia el reverso de la vida.

30 noviembre 2005

Espejo Negro (Juan Luís Panero).


Dos cuerpos que se acercan y crecen y penetran en la noche de su piel y su sexo, dos oscuridades enlazadas que inventan en la sombra su origen y sus dioses, que dan nombre, rostro a la soledad, desafían a la muerte porque se saben muertos, derrotan a la vida porque son su presencia. Frente a la vida sí, frente a la muerte, dos cuerpos imponen realidad a los gestos, brazos, muslos, húmeda tierra, viento de llamas, estanque de cenizas. Frente a la vida sí, frente a la muerte, dos cuerpos han conjurado tercamente al tiempo, construyen la eternidad que se les niega, sueñan para siempre el sueño que les sueña. Su noche se repite en un espejo negro.

29 noviembre 2005

Punto G (Carmen Matute).


Un desangrarse lento remontable hasta la más pérfida belleza hasta, el misterio de la carne inerme.
Un ciego encadenarse a la vida en medio de secretas humedades, fingiéndose criatura marina o tal vez demonio cómplice de un ángel goloso y triste.
Un desangrarse, un encadenarse, un agonizar feroz entre la luz imprecisa y virgen de un eclipse. Cerrados los labios y los ojos pero abierta, extraviada, florecida.

26 noviembre 2005

Placer.



Guardo tus ojos que gozan y me buscan en la penumbra.
Guardo tus susurros bañados de sudor salado que en el mismo crepúsculo me nombran.

23 noviembre 2005

Tansfiguración.


Amo a las máscaras por irreales. Amo a las máscaras porque nunca cambian. Amo a las máscaras por conquistadoras, por vencedoras, porque siempre superan al rostro que ocultan, y le imponen con crueldad su destino de fiesta oculta. Amo a las máscaras y las compadezco porque nunca tendrán ojos, ni manos, ni cuerpo. Su existencia consiste en ser miradas y usadas. Su vida es vida de carnaval o vida de noche, es vida de cacería, de guerra o de muerte, su vida existe más allá de nuestros sentidos, en el universo de los otros que hubiésemos queridos ser…

Entre las penumbras de la habitación, sus ojos castaños miraban a su idéntica en el espejo, y le daban la certeza de que aquella a quien miraba era una distinta a ella, a la vez que entraba poco a poco a ese otro mundo a través del espejo, en una libidinosa parodia de Alicia en el País de las Maravillas. La roja máscara tapaba sus facciones y sólo sus ojos permanecían como un rescoldo de un pasado no vivido. Pero aunque sólo su rostro estaba oculto y disperso, ella descubría una etérea criatura surgiendo de su piel. Miles de veces más se había visto desnuda ante un espejo, pero hoy, al descubrirse como otra, también empezó a descubrir lo otro de su cuerpo, lo esencial…

19 noviembre 2005

El Amor es Dificil y Extraño en estos Tiempos.


No sé si realmente la frase de encabezamiento es cierta. Quiero decir, es de suponer que cualquier tiempo ha sido difícil para el amor, no ya solo para el mío, sino para el de todos. La historia, ya sabéis, ayuda a entender esta afirmación.

Ahora bien, de lo que casi estoy seguro es que nos encontramos en una época en la que el amor se ha convertido en algo extraño.
Así, ¿cuántos tipos de amor conocemos? Existen multitud de ellos: el amor fraterno, el platónico, el carnal, el familiar… y el último descubrimiento, el cibernético (me ha faltado tu tacto, tu olor, me has faltado tanto tu, pero te he sentido tan cerca…).
Existen amores incluso a personas que vendrán y a personas que han dejado de existir. El amor en todas sus versiones es real. Basta ya de afirmaciones obvias.

A mi el que siempre más me ha gustado ha sido el amor despechado, probablemente porque ha sido el que más me ha tocado experimentar. He aprendido a encontrar la belleza en el placer del abandono, en la despedida… no me he acostumbrado a perder, pero la pérdida forma parte tanto de mi biografía sentimental que podría afirmarse que se ha convertido en una constante. Las constantes tienden a repetirse (otra obviedad) las obviedades se hacen costumbres y las costumbres mutan en leyes. Mi ley es darlo todo y no guardar nada para la vuelta, por eso siempre desando el camino solo. Pero os diré algo, al volver solo pienso y me doy cuenta de que lo que he dado es bello, y pese al dolor, siempre acabo sonriendo… y acordándome de ti…

17 noviembre 2005

Eres Fría (José Santos Chocano).


Eres fría. A tus labios no se asoma ni la risa, ni el grito, ni la queja. Estatua fueres en la Atenas vieja, mujer no fueres en la vieja Roma. Como estatua de sal, si a veces toma gesto vibrante el arco de tu ceja, es porque en tu pupila se refleja el rojo incendio de infernal Sodoma. Tú desdeñaste a jóvenes de brío, y en matrimonio trágico y sombrío a un anciano te uniste sin conciencia; y la justicia del amor burlado,como que eres de sal te ha condenado a que te lama el buey de la Impotencia.

Memorias de Mi Piel (Ana María Mayol).


Mi piel tiene memorias de tus manos recorriendo el desnudo de mi entrega. Tiene tu aroma, tu costado, tu aliento, tu sabor, tu triunfo, mis derrotas. Mi piel tiene sonidos de ternuras vibrando cada encuentro en la penumbra. Tiene tus restos y tus rastros, la luz opaca del deseo y el rostro del amor amaneciendo.

16 noviembre 2005

Genital (Augusto Hernández).


Hay hombres, hombres que parecen manchas sin contorno, sacados de sus conchas dicen sí, sí; pero Ella es poderosa y sus extremidades abarcan hasta el lenguaje de las flores.
A medida que fui creciendo desnudé la cama de insectos y plantas.
Hubiese bastado un pestañeo para abandonarlo todo y entregarme al sumiso roce de su cuerpo. La menor alteración del espejo hace que tu imagen me trasporte hasta el sueño del vaso.
La muerte empieza por el sexo, la naturaleza es un continuo drama original. Todos los mortales lo son por el sexo. Nos hemos conformado con el coro de un montón de carne muerta, siempre enfermos de las cosas. Cada uno de los comensales dispone de un cuchillo bien afilado, ¿por qué no utilizarlo? La belleza descarga todas sus armas en medio del alma. Lo desconocido es un obispo nervioso que no sabe dormir.
He escuchado tantas cosas sobre el infierno, pero ninguna me la tomé en serio, la palabra poética no necesita ser purificada.

Elogio de La Durmiente (Jorge Riechmann).

Yacer despierto a tu lado en el profundo cobijo de tu sueño.
Boca abajo, respiras una canción de la tierra que no recordarás al despertar.
Acompaso mi ser a esa canción.

15 noviembre 2005

Le Petit Mort.


Siempre admiré a ese pequeño ser por saber entenderla, quererla, apreciarla con toda su belleza y magnitud.
Siempre admiré a El Principito por su amor a la muerte.
A través de los años uno adquiere diversos significados y sentimientos para los denominados ejes de su vida; amor y sexo, vida y muerte, en una continua lucha de encuentros y desencuentros a través del hilo conductor del dolor en la fragilidad de nuestro ser, de mi ser.
Sé que soy, sin lugar a dudas, demasiado insignificante ante tal cantidad de belleza en cada uno de ellos, por eso me aturden, me hieren y atraen cada vez que alcanzo una pequeña fracción de su magnitud.
¿Habéis sentido como vuestro ser intenta parecer querer escapar, huir atraído por tales sentimientos?
En esta etapa de mi vida he llegado a creer que para mi el amor ha sucumbido, no soporto el dolor que produce en mi, he traicionado a la vida.
El sexo en cambio me atrae a la muerte, es como dicen los franceses su petit mort la que poco a poco me sumerge en un mar de dulzura, en un mar de nada, en un mar de infinitos que solo así, solo dejando mi cuerpo aquí, puedo alcanzar.
Yo, al igual que El Principito ya no temo la muerte, la espero y quizás algún día la busque. Sólo necesito un desierto que es mi mundo, una serpiente que eres tú.
Si realmente me quieres, ¿me harás ese favor?

Sudoku.


El otro día intenté resolver un sudoku. La primera vez que oí el palabro pensé que era una enfermedad de naturaleza desconocida:
- "Me he cogido un sudoku que me va a tener en cama toda la semana" o bien,
- "Fulano está ingresado, tiene sudoku".
No me dirán que no suena más a dolencia que a pasatiempo.
De todas maneras, sea enfermedad o divertimento, las consecuencias son idénticas. A la media hora de bregar con el jueguecito acabé con un dolor de cabeza tal que parecía que me había cogido un sudoku de los gordos.
Moraleja: Desconfiemos de los pasatiempos insólitos y de la industria farmacéutica.

Hastío.


Aunque la atmósfera que penetra por los oídos refleje un ambiente furioso, hasta por las ventanas pareciera expandirse la vibración de un día diferente.
Los rostros no necesitan siquiera pronunciar palabra para denotar que en sus voces se han posado los duendes del hartazgo y que sus cabezas han enmohecido en la rutina. Una paz de cementerio inunda las calles. Palabras que no dicen nada, la nada pronunciando un discurso monótono que toma importancia lentamente, poco a poco...
Mentes que se desgarran, ahogadas por un lamento que se resiste a salir...
Los mismos sonidos se adueñan de la noche y finalmente muere un día más, otro día más zozobra en el mar del hastío.

Ella.



Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida, bahía donde el mar de noche se aquieta, negro caballo de espuma, cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro boca del horno donde se hacen las hostias, sonrientes labios entreabiertos y atroces, nupcias de la luz y la sombra, de lo visible y lo invisible (allí espera la carne su resurrección y el día de la vida perdurable).

Octavio Paz.

MI VIDA ESTÁ AQUÍ, Y SIN EMBARGO NUESTROS CAMINOS SE HAN UNIDO.
…Así permanecimos unos minutos, abrazados, ensamblados casi, exhaustos, sudorosos, felices y a la vez tristes, tristes porque la despedida estaba próxima, alargamos ésta con caricias y besos, con mimos y juegos adolescentes.
No me acompañes a la puerta, no quiero despedidas, no quiero oír ningún adiós, te llamaré mañana mi vida. Me dijo con sus ojos empapados de lágrimas.
Así la vi alejarse por el jardín, mientras algo rodaba por mi mejilla, una lágrima, una lágrima de tristeza, de alegría, de pasión, de amor, una lágrima… de ella…

El Santo Grial de Tu Piel.






EL SANTO GRIAL DE TU PIEL.

Un nuevo cuerpo.
Un nuevo motivo de discusión.
Un volver a buscar, a tratar de descubrir el lugar esperado.
(Suave creían).
Ese lugar común buscado con la esperanza de hallar paz, residencia permanente. Siempre se reeditaba la dualidad fundacional de su inquietud, una parte de sus pliegues pugnaban por vivir en ese lugar, por siempre, otros, en cambio, traccionaban por el permanente derivar.

El Eco.


El Eco de tu sexo sigue retumbando en mis ojos...