15 noviembre 2005

Hastío.


Aunque la atmósfera que penetra por los oídos refleje un ambiente furioso, hasta por las ventanas pareciera expandirse la vibración de un día diferente.
Los rostros no necesitan siquiera pronunciar palabra para denotar que en sus voces se han posado los duendes del hartazgo y que sus cabezas han enmohecido en la rutina. Una paz de cementerio inunda las calles. Palabras que no dicen nada, la nada pronunciando un discurso monótono que toma importancia lentamente, poco a poco...
Mentes que se desgarran, ahogadas por un lamento que se resiste a salir...
Los mismos sonidos se adueñan de la noche y finalmente muere un día más, otro día más zozobra en el mar del hastío.