29 octubre 2009

"A la misteriosa" (Robert Desnos, 1.926).


Tanto he soñado contigo que pierdes tu realidad.
¿Habrá tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo
y besar sobre esa boca
el nacimiento de la voz que quiero?
Tanto he soñado contigo,
que mis brazos habituados a cruzarse
sobre mi pecho, abrazan tu sombra,
y tal vez ya no sepan adaptarse
al contorno de tu cuerpo.
Tanto he soñado contigo,
que seguramente ya no podré despertar.
Duermo de pie,
con mi pobre cuerpo ofrecido
a todas las apariencias
de la vida y del amor, y tú, eres la única
que cuenta ahora para mí.
Más difícil me resultará tocar tu frente
y tus labios, que los primeros labios
y la primera frente que encuentre.
Y frente a la existencia real
de aquello que me obsesiona
desde hace días y años
seguramente me transformaré en sombra.
Tanto he soñado contigo,
tanto he hablado y caminado, que me tendí al lado
de tu sombra y de tu fantasma,
y por lo tanto,
ya no me queda sino ser fantasma
entre los fantasmas y cien veces más sombra
que la sombra que siempre pasea alegremente
por el cuadrante solar de tu vida.

22 octubre 2009

Fragmento de "Retórica especulativa" (Pascal Quignard).


El lenguaje es en sí mismo investigación. En la tradición filosófica, el lenguaje no es más que un vestigio del que uno puede desprenderse o que se puede corregir, como el soma-sema, como el cuerpo animal convertido en tumba y signo, como las técnicas, como las artes. El lenguaje es la única sociedad del hombre (cháchara, cotilleo, familia, genealogía, ciudad, leyes, charla, cantos, aprendizaje, economía, teología, historia, amor, novela) y no se conoce ningún hombre que se haya librado de él. Así el logos fue desatendido por la philosophia en su despliegue, de la misma manera que el aire es ignorado por las alas de los pájaros, como el agua del río es ignorada por los peces excepto al morir por encima de la superficie del agua en donde se asfixian, una vez transportados por el anzuelo hacia la suavidad y la transparencia atmosféricas donde dejan de moverse y se iluminan.

20 octubre 2009

"Lágrimas de Eros" (Museo Thyssen-Bornemisza y Fundación Caja Madrid).

Del 20 de octubre de 2.009 al 31 de enero de 2.010.
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Lágrimas de Eros, una gran exposición dedicada a los tormentos de la pasión: el lado oscuro del deseo sexual, lleva el título del último libro del escritor francés Georges Bataille, Les larmes d’Éros, y se inspira en algunas de sus ideas sobre el erotismo, como la dialéctica prohibición / transgresión o la identificación de lo erótico con el sacrificio religioso. La exposición tiene un carácter total, pansexual, e incluye todas las orientaciones y nichos del deseo: la mirada masculina y la femenina, lo hetero y lo homo, el voyeurismo y exhibicionismo, el bondage y el sadomasoquismo, los diversos fetichismos, etc. Todas esas especialidades se reconocen en el gran repertorio de los mitos de Eros, tanto los que proceden del Olimpo grecorromano como los que vienen de la Biblia. Nuestra exposición ilustra la pervivencia de esos mitos hasta nuestros días y a la vez su transformación en la época moderna, que les ha dado nuevos sentidos perversos.

17 octubre 2009

"El Desposeído" (Cintio Vitier).


No son mías las palabras ni las cosas.
Ellas tienen sus fiestas, sus asuntos
que a mí no me conciernen,
espero sus señales como el fuego
que está en mis ojos con oscura indiferencia.

No son míos el tiempo ni el espacio
(ni mucho menos la materia).

Ellos entran y salen como pájaros
por las ventanas sin puertas de mi casa.

Alguien habla detrás de esta pared.

Si cruzara, sería en la otra estancia:
el que habla soy yo, pero no entiendo.

Tal vez mi vida es una hipótesis
que alguno se cansó de imaginar,
un cuento interrumpido para siempre.

Estoy solo escuchando esos fantasmas
que en el crepúsculo vienen a mirarme
con ansia de que yo los incorpore:
¿querría usted negar, sufrir, envanecerse?
No es mía, les respondo, la mirada,
negar sería espléndido, sufrir, interminable,
esas hazañas no me pertenecen.

Pero de pronto no puedo disuadirlos,
porque no oigo ya mi soledad
y estoy lleno, saciado, como el aire,
de mi propio vacío resonante.

Y continúo diciéndome lo mismo, que no tengo
ninguna idea de quién soy,
dónde vivo, ni cuándo, ni por qué.

Alguien habla sin fin en la otra estancia.
Nada me sirve entonces. No estoy solo.
Estas palabras quedan afuera, incomprensibles,
como los guijarros de la playa.

13 octubre 2009

Fragmento de "XIV, de Espantapájaros" (Oliverio Girondo).


Mi abuela -que no era tuerta- me decía:
Las mujeres cuestan demasiado trabajo o no valen la pena. ¡Puebla tu sueño con las que te gusten y serán tuyas mientras descansas!
No te limpies los dientes, por lo menos, con los sexos usados. Rehúye, dentro de lo posible, las enfermedades venéreas, pero si alguna vez necesitas optar entre un premio a la virtud y la sífilis, no trepides un solo instante:
¡El mercurio es mucho menos pesado que la abstinencia!
Cuando unas nalgas te sonrían, no se lo confíes ni a los gatos. Recuerda que nunca encontrarás un sitio mejor donde meter la lengua que tu propio bolsillo, y que vale más un sexo en la mano que cien volando.

09 octubre 2009

Fragmento de "El hombre es un gran faisán en el mundo" (Herta Müller).

Herta Müller ha sido galardonada con el premio Nobel de literatura 2.009.


«Sabe Dios para qué existirán las mujeres», dice Windisch.
El guardián nocturno se encoge de hombros: «No para nosotros», dice. «Ni para mí, ni para ti. No sé para quién.» Y acaricia al perro.
«y nuestras hijas», dice Windisch,
«sabe Dios, algún día también serán mujeres». Sobre la bicicleta hay una sombra, y otra sobre la hierba.
«Mi hija», dice Windisch, «mi Amalie ya tampoco es virgen».
El guardián nocturno mira la mancha de nubes rojas.
«Mi hija tiene las pantorrillas como sandías», dice Windisch.
«Tú lo has dicho: ya no puedo mirada a los ojos.
Tiene una sombra en los ojos.» El perro gira la cabeza. «Los ojos mienten», dice el guardián nocturno, «pero las pantorrillas no».
Y separa los pies. «Mira cómo camina tu hija», dice,
«si separa las puntas de los pies al caminar, es que ha pasado algo».

04 octubre 2009

Fragmentos de "De la tumba de Keats" (Juan Carlos Mestre).


Juan Carlos Mestre ha ganado el Premio Nacional de Poesía por "La casa roja" el día 1 de octubre de 2.009.


En la vida de un hombre siempre hay una mañana para la calamidad, una mañana regida por las multiplicaciones del símbolo y la idolatría órfica de la perduración.
En la vida de un hombre hay almacenes llenos de objetos y maderas con insectos, hay tensos mundos artificiales y canales por los que discurre la sangre hasta los vasos, hay fósforo y sonido del delirio del fósforo, la respiración de un tigre y la mano del desobediente cortada, hay calor entre un semejante y otro y hay destrucción porque existe en ellos la proximidad y el imán que la ahuyenta.
En la vida de un hombre hay zapatos usados por un padre, hay profusas noches que luego nos darán temor, hay cuerpos de adivina, cuerpos por primera vez, espantosos labios con rencor, la voz que nos conoce y se queda ahí mirándonos como una res moribunda en el estanque helado.
En la vida de un hombre lo que tiene importancia y lo que no tiene importancia, lo que se resiste a desaparecer, la aparición de una ciudad, el cansancio de los viajeros, lo que favorece la ambición y lo que elogia la idea de abstenerse, la duda moral de una vida solitaria, el descargo de multiplicarse en otros.

02 octubre 2009

Fragmento de "Retorno a Brideshead" (Evelyn Waugh).


Me sentí como el marido que, después de cuatro años de matrimonio, se da cuenta de repente de que ya no siente deseo, ternura ni aprecio por la mujer que una vez amó; ningún placer en su compañía, ningún interés en gustarle, ninguna curiosidad por nada que ella pudiera hacer, decir o pensar; ninguna esperanza de que las cosas se arreglaran, ningún sentimiento de culpa por el desastre. La conocí como se conoce a la mujer con la que se ha compartido la casa, un día sí y otro también, durante tres años y medio; conocí sus hábitos de desaliño, descubrí lo rutinario y mecánico de sus encantos, sus celos y su egoísmo. El encantamiento había terminado y ahora la veía como a una antipática desconocida con la que me había unido indisolublemente en un momento de locura.