28 septiembre 2009

"Hoy puedo estar contigo" (Manuel Altolaguirre).


Hoy puedo estar contigo. He deseado
para ti todo el bien y me acompaña
la bondad del amor. A ti te debo
gozar en soledad la compañía
más difícil del hombre, la que tiene
consigo mismo. No me causa miedo
reconocerme, ni busco a nadie, no.
Le has dado a mi semblante sin saberlo
una luz interior que me hace fuerte,
para vencer mayores soledades.

25 septiembre 2009

"He olvidado qué labios me han besado" (Edna Saint Vincent Millay).


He olvidado qué labios me han besado,
dónde y por qué, en qué brazos he dormido
hasta el amanecer; pero en el ruido
de la lluvia esta noche han llamado,
mi corazón dulcemente ha sufrido
por los tiernos muchachos que yo olvido
y que ya no despiertan a mi lado.

21 septiembre 2009

"Exceso de vida" (Juan Antonio González Iglesias).


Desde que te conozco tengo en cuenta la muerte.
Pero lo que presiento no se parece en nada
a la común tristeza. Más bien es certidumbre
de la totalidad de mis días en este
mundo donde he podido encontrarme contigo.
De pronto tengo toda la impaciencia de todos
los que amaron y aman, la urgencia incompartible
de los enamorados. No quiero geografía
sino amor, es lo único que mi corazón sabe.
En mi vida no cabe este exceso de vida.
Mejor, si te dijera que medito las cosas
(fronteras y distancias) en los términos propios
de la resurrección, cuando nos alzaremos
sobre las coordenadas del tiempo y el espacio,
independientemente del mar que nos separa.
Sueño con el momento perfecto del abrazo
sin prisa, de los besos que quedaron sin darse.
Sueño con que tu cuerpo vive junto a mi cuerpo
y espero la mañana en la que no habrá límites.

18 septiembre 2009

Fragmentos de "Justine" (Danatien Alphonse François de Sade, Marqués de Sade).


El pasillo carecía de luz, y el padre Severino, apoyándose en una pared para orientarse, empujó a Justina por delante. Pasandole un brazo por la cintura, deslizó la otra mano por entre sus piernas y exploró las partes púdicas hasta que localizó el altar de Venus. Allí aferró su mano hasta que llegaron a la escalera que conducía a una habitación que estaba dos pisos más abajo de la iglesia. El cuarto estaba espléndidamente iluminado, y amueblado con gran lujo. Pero Justina apenas observó lo que la rodeaba pues sentados alrededor de una mesa en el centro de la sala se encontraban otros tres frailes y cuatro muchachas...¡los siete totalmente desnudos! -Caballeros -anunció el padre Severino-, nuestra compañía se verá honrada esta noche por la presencia de una muchacha que lleva a la vez en el hombro la marca de la prostituta y en el corazón la candidez de un infante, y que encierra todo su ser en un templo cuya magnificencia es un deleite contemplar. -Y pasando por detrás de ella, encerró sus senos entre las manos.

***

Levantándola por el aire con un solo brazo, el gigantesco sacerdote la tendió sobre sus rodillas; entonces, agitando airosamente un látigo, le cruzó tres veces las nalgas. Justina se retorció bajo el ardor de los golpes, pero sus penas sólo habían comenzado, pues el padre Clemente sólo estaba haciendo una prueba. Entonces, satisfecho con su postura y con la forma en que tenía asido el látigo, el odioso fraile alzó el arma de largas lenguas muy por encima de su cabeza y la dejó caer con fuerza sobre la joven. Los bordes cortantes del cuero rebenaron sin piedad toda su carne, dejando brillantes líneas de sangre a su paso; el dolor era tan fuerte que el grito de la pobre niña se ahogó en su garganta. Excitado por la visión de sangre, el bárbaro padre Clemente la azotó entonces con furia vesánica. Ninguna parte de su cuerpo quedó a salvo de su bestialidad. Brillantes, rojos arroyuelos le corrian por la espalda, desde los hombros hasta las nalgas, y rodeaban sus muslos como finas culebrillas de color carmesí. Más excitado aún por este espectáculo, el vicioso sacerdote la forzó a colocarse boca arriba, y pegó su odiosa boca a la de ella, como si tratara de arrebatarle de los pulmones los gritos que su látigo no había podido arrancarle. Alternativamente le chupaba la boca y le golpeaba el abdomen, y cuanto más se agitaba y se debatía Justina en su angustia, más satisfecho parecía él. A veces le mordía los labios, otras le pellizcaba las nalgas, después le golpeaba el pecho con la barbilla, seguidamente le rasguñaba el vientre, pero su furia no parecía aplacarse con nada. Estando los labios de Justina entumecidos ya por tanto mordisco, y su abdomen encarnado por los golpes y arañazos, el diabólico Clemente concentró sus ataques contra los pechos. Amasaba con los dedos los globos de maravillosa suavidad, los apretaba con las palmas de sus manos, los estrujaba el uno contra el otro y después tiraba de ellos para apartarlos; pellizcaba los pezones, metía la cara en el surco que los separaba y mordía su circunferencia. Finalmente, en un alarde de ferocidad, metió uno dentro de su boca y lo mordió con toda fuerza. Nuevamente llenaron el aire los alaridos de Justina y, mientras el padre Clemente levantaba el rostro, lleno de gozo, dos chorros de sangre le corrían por las comisuras hasta la barbilla.

14 septiembre 2009

"No te amo", de "No hay lugar" (Armando Uribe).


No te amo, amo los celos que te tengo,
son lo único tuyo que me queda,
los celos y la rabia que te tengo,
hidrófobo de ti me ahogo en vino.

No te amo, amo mis celos, esos celos
son lo único tuyo que me queda.
Cuando desaparezca en esos cielos
de odio te ladraré porque no vienes.

11 septiembre 2009

"Eyes Wide Shut" (Stanley Kubrick, 1.999).


No cierres los ojos y mira...

Fragmento de "La adúltera" (Theodor Fontane).


El amor no es decisivo, ni la fidelidad. Me refiero a la fidelidad de todos los días, que no sirve más que para proteger la infidelidad. La fidelidad acrisolada, ésa es la que vale. La fidelidad conquistada, pues, no la impuesta por las convenciones. Ahora puedo demostrar mi valor, quiero demostrarlo y lo demostraré, ahora es mi momento.

07 septiembre 2009

Fragmento de "La transparencia" (Antonio Rabinad).


Invadido de voluptuosidad y de una suerte de terror sagrado, el muchacho contempló la flor injertada entre los senos y mecida por un oleaje poderoso, y la textura granulada de la piel aquí y allá perlada de brillantes gotitas, y percibió mezclado a su perfume el emocionante olor de sus axilas, un olor amargo y vegetal que le llegaba desde oscuras selvas y que él aspiró profundamente para acumular en sus pulmones algo de ella en la atmósfera corrupta, algo precioso, consciente de una floja pero dulcísima erección.

04 septiembre 2009

"Mientras te leía" (Jorge Hernán Abad Londoño).



Mientras te leía
me pareció verte entre letras
cubierta de poesia
desnuda en tu zagüán
recitando tus olvidos
recitando las heridas

Estabas desnuda
tu pezones me apuntaban
tu alma la veia
declamabas
bajo el gemir de tus recuerdos
con tus pies besando
las baldosas de cemento de tu casa

Mientras te leía
imaginaba tu cara
los acentos, las pausas
las montañas rusas,
las prisas y las calmas

Era tu alma revelándome tus labios
tus pezones, heridas
piel y ganas.

01 septiembre 2009

Estamos de vuelta.


He vuelto a ver y tocar el mar (I Aear cân ven na mar). El con quien lo toqué es cosa mía (y de quién corresponda) pero piensa que siempre pudiste haber sido tú...


Dicen los japoneses que los jardines no son para pasearlos, sino para contemplarlos desde el interior de uno mismo, para que la calma penetre en lo más profundo; que son estampas del paraíso para delimitar el paisaje en el tiempo y distinguir las cuatro estaciones.

Estamos de vuelta.