31 julio 2011

"Estío"




Por motivos diferentes (que no vienen al caso, pero que son de fácil deducción para el hábil paseante dado el título de esta entrada) el Jardín permanecerá inerte hasta septiembre, pero podéis seguir disfrutando de él con sus hojas caídas y sus estaciones pasadas...

(Bla bla bla la misma milonga que el 31 de julio de 2.006, de 2.007, de 2.008, de 2.009 y de 2.010. Es lo que hay).


22 julio 2011

"Mar eterno" (José Emilio Pacheco).


Digamos que no tiene comienzo el mar
Empieza donde lo hallas por vez primera
y te sale al encuentro por todas partes.

15 julio 2011

Fragmento de "Las cuatro plumas" (A. E. W. Mason).


Feversham recogió el anillo y lo sostuvo en la palma de su mano, manteniéndose estoicamente. Nunca le había importado tanto ella, nunca había reconocido sus valores tan minuciosamente como en este momento que la perdía. Sólo ella irradiaba luz en esa silenciosa habitación, maravillosa, más maravillosa, desde las brillantes flores de su cabello hasta las blancas zapatillas de sus pies. No era creíble que alguna vez la hubiera conquistado. Sin embargo, lo había hecho y por su deslealtad la había perdido. Entonces su voz rompió sus reflexiones.
-Esas, también, son tuyas. ¿Las puedes tomar, por favor?
-Ella apuntaba con su abanico hacia las plumas colocadas sobre la mesa. Feversham obedientemente las alcanzó con la mano, y las apartó con sorpresa.
-Hay cuatro plumas-, dijo él.
Ethne no contestó, y mirando su abanico Feversham lo comprendió todo. Era un abanico de marfil y plumas blancas. Ella había roto una de las plumas y la había añadido por su cuenta a las tres. Lo que había hecho era cruel, sin duda. Pero ella deseaba ponerle fin a todo -un completo e inevitable final-; aunque su voz era firme y su rostro, a pesar de su complexión, imperturbable, se sentía realmente atormentada por la humillación y el dolor. Deseaba no volver a ver a Harry Feversham después de esa noche. Por eso había añadido la cuarta pluma a las tres. Él las mantuvo entre sus dedos como si las fuera a quebrar por la mitad. Pero se detuvo en la acción. Miró de repente hacia ella y mantuvo sus ojos sobre su rostro por un instante. Entonces con extrema delicadeza colocó las plumas en el bolsillo de su pecho. Ethne en ese instante no tomó en cuenta porqué lo hacía. Sólo pensó que ese era el irrevocable final.

08 julio 2011

Fragmento de "Harry Potter y el Cáliz de Fuego" (J.K. Rowling).


Lentamente, con el rostro crispado como si prefiriera hacer cualquier cosa antes que aproximarse a su señor y a la alfombra en que descansaba la serpiente, el hombrecito dio unos pasos hacia adelante y comenzó a girar la butaca. La serpiente levantó su fea cabeza triangular y profirió un silbido cuando las patas del asiento se engancharon en la alfombra. Y entonces Frank tuvo la parte delantera de la butaca ante sí y vio lo que había sentado en ella. El bastón se le resbaló al suelo con estrépito. Abrió la boca y profirió un grito. Gritó tan alto que no oyó lo que decía la cosa que había en el sillón mientras levantaba una varita. Vio un resplandor de luz verde y oyó un chasquido antes de desplomarse. Cuando llegó al suelo, Frank Bryce ya había muerto.