
Eva y yo nos mirábamos las manos, los pies, los cabellos, tan encerrados en ellos mismos, tan lejos de nosotros. Era increíble que mi mano fuera yo, se movía como si fuera ella misma. Y también queríamos a nuestras manos como a otras personas, tan extrañas como nosotras o tan irreales como los árboles, los patios, la cocina.

2 se abrieron.
Es bonito como dos personas se descubren la una a la otra y a la vez a si mismas...
Precioso texto. Un besazo, Alycia
Las manos...son parte de nosotros,pero hay veces que parecen tener vida propia...
Publicar un comentario