25 noviembre 2011

"Recuerda" (Christina Rossetti).


Recuérdame después de haberme ido
cuando, bajo la tierra silenciosa
no me alcance tu mano temblorosa
ni pueda desandar lo recorrido.
Recuérdame sin más cuando perdido
el sueño que soñaste, cual la rosa,
se deshoje, pues ya ninguna cosa,
promesa o ruego, llegará a mi oído.
Mas si me olvidas por un tiempo, amado,
al reparar en ello no te aflijas.
Si la muerte y los vermes han dejado
algún vestigio de mi pensamiento,
prefiero que me olvides si contento
estás a que me evoques y te aflijas.

18 noviembre 2011

Fragmento de "Matar a los viejos" (Carlos Droguett).


Había perdido la noción del tiempo, del círculo de los días, las semanas, los meses, los años, fuera de su ropa astrosa, viejísima, tan harapienta como él mismo, no tenía nada, ni reloj pulsera o de bolsillo, ni anillos ni medallas, hasta la de la virgen del carmen la perdió no sabe dónde ni cómo. ¿Cuánto tiempo hacía que fue cazado? ¿Cuántos inviernos, cuántos veranos? Eso, esa medida del tiempo, que le caía del cielo, que le era traída por la ropa de la gente que venía a divertirse lastimeramente, mirándolo, lutos delgados de verano, lutos abrigados de invierno, le indicaba que la vida y el tiempo, junto a él, fuera de él, fluían sin detenerse y sin tregua. Antes, cuando estaba vivo, visiblemente vivo, pasaba pendiente del calendario, cuando siempre tenía una silla y una mesa esperándolo, después un sillón y un escritorio, un cristal lleno de papeles, unos papeles llenos de nombres que ya se murieron. Se encuclilló y, temblorosamente, alargó la mano, retardando sus ansias de beber, su seguridad de beber, para que le duraran más el ansia y la bebida, acercó la nariz, que aleteó conmovida, en la oscuridad los ojos brillaban gozosos y viciosos, oliendo entusiasmados también y, sin sorpresa, le gustaba ese olor conocido y familiar y la boca se le hizo agua. El vaso le había sido ofrecido sin un recado, sin unas señas, sin nombre, sin dirección, sin oficio, sin sexo, sin nada. Sonrió y respiró holgadamente, tratando de crecer, de adivinar, ¿Niño, niña, obrero, obrera, joven, muy joven, de la cabeza, del pecho, de los pechos, del muslo, del pulmón, del corazón? se preguntaba fascinado, mientras pegaba los labios y bebía complacido y agradecido, pleno, lavado y consagrado. Junto a esa interrogación nostálgica, llena de vida y de seguridad, que le evaporaba la mirada, sólo se escuchaba el gorgoteo que formulaba su garganta y el escurrir de la lluvia por la cara manchada y las manos empapadas. Un relámpago iluminó el vaso, los labios y la barba, por los que todavía resbalaban y huían retardadas gotas de sangre.

11 noviembre 2011

Fragmento de "El artista" (Otto Rank).



El neurótico, tanto si puede producir como si no puede, padece fundamentalmente porque no puede o no quiere aceptarse a sí mismo, aceptar su propia individualidad, su propia personalidad. Por un lado se autocritica excesivamente, por otro se idealiza en exceso, lo que significa que exige demasiado de sí mismo, de su perfección y que el fracaso le impulsa a criticarse todavía más. Si tomamos este tipo frustrado, como para nuestros fines presentes y lo comparamos con el artista, vemos claramente que el artista es, en cierto sentido, la antítesis del tipo de neurótico autocrítico. No es que el artista no se autocritique, sino que parte de la aceptación de su propia personalidad y que por ello no sólo alcanza lo que el neurótico persigue en vano, sino que va incluso más allá. La condición previa indispensable para la personalidad creadora es, por tanto, no sólo la aceptación, sino incluso la glorificación de sí mismo.

04 noviembre 2011

"Orden del día" (Jean Pierre Rosnay).


Mantener el alma en estado de marcha,
mantener el contingente a distancia,
mantener el alma por sobre la refriega,
mantener a Dios como una idea cualquiera,
un apoyo, una eventualidad,
una comarca salvaje del universo poético,
mantener las promesas de la infancia,
mantener a raya la adversidad,
no dar cuartel al adversario,
mantener la palabra abierta,
hacer pagar caro a sus debilidades,
no dejarse arrastrar por la corriente,
mantener su rango en el rango de aquellos
que están decididos a mantener al hombre
en posición estimable,
no dejarse seducir por lo fácil
bajo el pretexto de que los peores
se elevan cómodamente al más alto nivel mientras
los mejores difícilmente mantienen el camino,
ser digno del privilegio de ser
bajo la forma más lograda: el hombre.
O mejor aún, la mujer.