25 febrero 2011

"El mar" (José Gorostiza).


¡El mar, el mar!
Dentro de mí lo siento.
Ya sólo de pensar
en él, tan mío,
tiene un sabor de sal
mi pensamiento.

17 febrero 2011

Fragmento de "Jornadas de cielos invisibles" (Patricio Cuadra).


Esta mañana recomendamos el libro "Jornadas de cielos invisibles", el cual puede adquirirse a través de internet en el enlace que adjuntamos AQUÍ.




Esa mañana no salió de la cama. Esa mañana la radio sonó a las siete, él abrió los ojos, no vio por qué tenía que levantarse, se dio la vuelta e ignoró el son las siete de la mañana, las seis en la comunidad isleña. Lo que él no sabía es que el otro, al escuchar el arranque de la radio a las siete de la mañana se pasó la mano por la cara, se rascó la cabeza de manera distraída y se puso en pie, entró en el cuarto de baño, orinó, se lavó las manos y metió el café con leche en el microondas mientras las noticias de la mañana hacían eco desde el dormitorio.

Él seguía en la cama y no escuchó el ruido de la cisterna, ni el ping del microondas, ni el agua de la ducha, ni el abrir y cerrar de puertas, ni el tintineo de las llaves del otro al salir de casa.
El otro salió del portal y se dirigió a la boca del metro, un trasbordo, un largo pasillo, la salida que siempre estaba allí. Hacía frío, había niebla, la oficina, murmura un buenos días al que sólo responde el sonido de los teléfonos.

14 febrero 2011

Día de San Valentín.


El Día de San Valentín es una celebración tradicional de países anglosajones que se ha ido implantando en otros países a lo largo del siglo XX principalmente en la que los enamorados, expresan su amor y cariño mutuamente. Se celebra el 14 de febrero, onomástico de San Valentín.

La primera asociación entre el amor romántico y el Día de San Valentín se encuentra en el “Parlement of Foules” (1.382) del poeta inglés Geoffrey Chaucer (1.343-1.400):

"Porque esto fue el día de san Valentín,

cuando cada ave vino aquí a elegir su pareja".

Chaucer escribió este poema en honor al primer aniversario del compromiso entre el rey Ricardo II de Inglaterra con Ana de Bohemia Se firmó un tratado acerca de este matrimonio el 2 de mayo de 1.381. Se casaron ocho meses después, cuando el rey tenía 13 o 14 años y ella 14.

09 febrero 2011

Fragmento de "Los músicos y el fuego" (Jesús Gardea).


El infierno de la calle, en Placeres, tenía sus trastiendas, sus hornos con boca a la luz. El aire de los hornos sofocaba hasta la muerte el alma; sabía a lodo seco. De ese lado del fuego, el aire, en cuanto tocaba el cuerpo, costras, camisa ingrata. La luz y la sombra, abismos afuera, adentro, por oficios del bochornoso, se habían amistado en una sola neblina, parto de una llama. De los rincones del horno, desde la raíz del humo, venía el tufo del polvo devorado por el incendio de los veranos.

03 febrero 2011

Fragmento de "La ruta de su evasión" (Yolanda Oreamuno).


Siempre queda en algún árbol una hoja postrera, prendida a la rama por un milagro de resistencia inexplicable, y todas las mañanas, al pasar, formulamos una despedida porque tememos no encontrarla allí al día siguiente. Es tan frágil su aspecto, descomedida su posición, muerto su color, que no podemos explicarnos por cuál fenómeno se mantiene en su sitio invulnerable al viento, la escarcha y el frío. Simboliza el recuerdo borroso de lo que fuera en primavera y verano el ropaje del árbol; es la manifestación única de su antigua forma; la rúbrica de su linaje, el síntoma de su especie. Pese a todo lo precario que esa hoja solitaria representa, en su humildad, en su indefensión, tiene un noble elemento de fortaleza. Cada mañana la buscamos para comprobar en su delicado tallo o en el contorno de su cuerpecillo aterido los efectos de la intemperie, y repetimos la nostálgica despedida. Pero al verla de nuevo, inalterable y sola, nos preguntamos sobresaltados si resistirá todo el invierno allí. Tanta tenacidad anónima despierta en nosotros cierto elemento de sospecha ¿por qué resiste?, ¿irá a permanecer a pesar de todo?, ¿para qué su inmutabilidad?, y nos vamos acostumbrando a su presencia en el árbol frente a nuestra casa. Lentamente, con la familiaridad de lo inevitable, olvidamos la hoja fiel. Una mañana cualquiera ya no levantamos la cabeza para buscarla, ni nos despedimos de ella hasta nunca. Ha entrado a formar parte del paisaje inalterable, de ese paisaje permanente más allá de las estaciones y las temperaturas. Y muchos días después, casi sin pensar en ella, echamos una mirada descuidada que nos revela su ausencia. Se fue con el viento. Ya no está. Se fue sin despedida, sin adiós y sin lágrima. Tampoco dejó recuerdo. Simplemente se fue.