27 julio 2009

Fragmento de “Sanatorio bajo la clepsidra” (Bruno Schulz).



Los sucesos ordinarios están alineados en el tiempo, permanecen enhebrados en su curso como en un hilo. Allí tienen sus antecedentes y sus consecuentes que, apretujándose, se pisan los talones sin parar, sin cesar. Mas, ¿qué hacer con los acontecimientos que no tienen su propio lugar en el tiempo, los acontecimientos que llegaron demasiado tarde, cuando el tiempo ya había sido distribuido, compartido, descompuesto, y ahora se hallan suspendidos, no clasificados, flotando en el aire desamparados y errantes? ¿Acaso el tiempo es demasiado insignificante para todos los sucesos? ¿Es posible que todas las localidades del tiempo fuesen vendidas? Preocupados, corremos a lo largo del tren de sucesos preparándonos para el viaje. Por el amor de Dios, ¿acaso no hay aquí venta de billetes para el tiempo?...
¡Señor revisor!

3 se abrieron.

Lunhe dijo...

Realmente, el tiempo es lo que menos me importa, pese a que en una vida sea lo más importante. Los sucesos que deseamos no tienen fecha de caducidad.

Un besico.

Mai dijo...

Pues yo pienso que a la larga, son esos sucesos, los que no tienen secuencia lógica los que nos descomponen el alma porque no encontramos explicación y acomodo en nuestras vidas.

O no. Yo últimamente es que no sé nada...

(Y aunque parezca mentira, sigo paseando por el jardín... ya veo que siguem aunque yo he perdido el adosado desde el que lo recorria...)

Un beso, Zârck.

(Lo de mi nombre es lo de menos...)

Anónimo dijo...

Hola jardinero, te escribo para felicitarte por tu buen gusto, no solo a la hora de decorar tu blog, también para elegir los textos.