31 octubre 2008

"Sucesiva" (Gerardo Diego).


Déjame acariciarte lentamente,
déjame lentamente comprobarte,
ver que eres de verdad, un continuarte
de ti misma a ti misma extensamente.

Onda tras onda irradian de tu frente
y mansamente, apenas sin rizarte,
rompen sus diez espumas al besarte
de tus pies en la playa adolescente.

Así te quiero, fluida y sucesiva,
manantial tú de ti, agua furtiva,
música para el tacto perezosa.

Así te quiero, en límites pequeños,
aquí y allá, fragmentos, lirio, rosa,
y tu unidad después, luz de mis sueños.

28 octubre 2008

"Un vergel", de "Asesinos de almas" (Sofía Serra).


III

Para poblar tu ombligo me valgo de mi menos inteligente carne,
y para calmarme
adobo con tus sales la vacuidad de mi garganta.

Canto al son de tus trinos de levante
y bailo, atravesada, ante mi misma piel,
ante mis ojos serenos y vadeados por tu ingle ambarina.

24 octubre 2008

Carta de Paul Eluard a su esposa Gala.


París, abril de 1.930.

Mi hermosa Gala, maravilloso tesoro de carne y espíritu, llevo una vida bastante triste sin ti. Mis únicas delicias son mirar incesantemente las fotos en que estás desnuda, donde tus senos son un alimento tan dulce, donde tu vientre respira y lo lamo y lo como, tu sexo está todo abierto sobre mi rostro entero, después mi sexo penetra en él todo entero, y te cojo las nalgas que se mueven maravillosamente, como la primavera. Tienes los ojos más bellos del mundo, te amo, tomas mi sexo en tu mano, tienes las piernas abiertas, tu cuerpo se ahonda lentamente, me masturbas con furia, te aplasto los senos, los cabellos, y de pronto tienes la mano llena de esperma y eres fuerte y segura de mi poder sobre ti, de tu poder sobre mí, sobre Todo.

21 octubre 2008

Fragmento de "Eso no" (Marcelo Birmajer).


Follaron como dos amantes considerados. Parecían amarse. Ana Laura le chupó los huevos durante largo rato; sabía que, si pasaba la lengua por el glande, se aceleraría el ritmo de Alberto, cosa que no quería. Había que cuidar aquel disparo como si se tratara del último de su vida: la soledad, ese enemigo agazapado, se lanzaría sobre ella después del amor furtivo.
Alberto le suplicó entonces que, mientras le endulzaba los huevos, le tomara la verga con las manos; ella lo hizo con una prudencia de maestra. Deslizó hacia atrás y hacia adelante con mucha suavidad la piel del instrumento, como si deseara que, esta vez, no sonase. Ana Laura le preguntó a Alberto si era capaz de metérsela en ese instante en el coño sin llegar a eyacular, Y él, que se sentía confiado por las caricias amantes de la mujer, asintió de inmediato.
La gruesa cabeza del pene, pese a ser éste de un tamaño mediano, le regaló a Ana Laura el placer inicial que tanto agradecía en aquel amante. Luego comenzó el entrar y el salir, que también en esta ocasión Ana Laura agradeció, pues más allá de las proporciones y las sensaciones, se sentía acompañada.
Terminaron juntos en un beso callado. Alberto cayó a un costado de la cama, y Ana Laura se incorporó hasta sentarse, paladeando el trance, la tregua.

14 octubre 2008

Fragmento de "Plataforma" (Michel Houllebecq).


Valérie puso una mano en la cabeza de Margarita para guiarla, sin dejar de masturbarme con la otra mano. Sentí que iba a correrme, y me alejé para buscar un preservativo en el neceser. Estaba tan excitado que me costó trabajo encontrarlo y luego ponérmelo, se me nublaba la vista. El culo de la negrita ondulaba mientras ella iba y venía sobre el pubis de Valérie. La penetré de una sola vez, tenía el coño abierto como un fruto. Ella gimió débilmente y tendió las nalgas hacia mí. Empecé a moverme dentro de ella, un poco al tuntún, la cabeza me daba vueltas, todo mi cuerpo se estremecía de placer. Caía la noche, y ya no se veía gran cosa en la habitación. Oí los jadeos de Valérie subir de tono, como si vinieran de muy lejos, de otro mundo. Apreté el culo de Margarita con las manos, la penetré cada vez con más fuerza, ya no intentaba contenerme…

11 octubre 2008

Fragmento de "Urania" (Jean-Marie Gustave Le Clézio)

Jean-Marie Gustave Le Clézio ha sido galardonado en el día de ayer con el Premio Nobel de Literatura 2.008.


Estaba ese grueso libro rojo que leía mi madre, y que hablaba de Grecia, de sus islas. Yo no sabía lo que era Grecia. Tan sólo palabras. Afuera, en el frío corredor del valle, por la plaza de la iglesia, en las tiendas adonde yo acompañaba a mi madre y a mi abuela cuando iban a comprar leche o papas, allí no había palabras. Sólo el sonido de las campanas, el ruido de las galochas sobre el empedrado, gritos.

Pero del libro rojo salían palabras, nombres. Caos, Eros, Gaia y sus hijos, Pontos, Océanos y Uranos, el cielo estrellado. Yo los escuchaba sin comprender. Se trataba del mar, del cielo, de las estrellas. ¿Yo sabía lo que era eso? No los había visto nunca. No conocía otra cosa que los dibujos del hule, el olor a azufre, y la voz canora de mi madre que leía. En el libro fue donde encontré el nombre del país de Urania. Tal vez haya sido mi madre quien inventó ese nombre, para compartir mi sueño. Vi al enemigo. Digo “el enemigo” porque no sabía quiénes eran, ni de dónde venían.

08 octubre 2008

"En torno a la protagonista de un poema" (Joan Margarit).

Joan Margarit ha sido galardonado con el Premio Nacional de Poesía 2.008.


Conocía muy bien tu piel dorada,
la señal de peligro de tus ojos azules.
Sueños de profesor que comenzaba
a perder su futuro. Hace mucho surgiste
entre aquellos muchachos y muchachas
del bar acristalado de nuestra Escuela blanca,
desde donde veíamos el mar.

Me preguntan quién eres. Quizás, un día, expertos
en soledad y en crímenes pasados
buscarán, amparada en las palabras,
la sombra de tu nombre y no hallarán
sino cartas violeta de la noche
y el rastro, entre papeles, de unos ojos azules.

07 octubre 2008

Fragmento de "El carnicero" (Alina Reyes).

Esto lo he robado de Anaïs.


Yo no hacía nada. Me mantenía erguida en mi taburete alto. Sólo escuchaba.

Y sabía que, a pesar mío, él notaba cómo crecía mi deseo al compás de sus palabras, conocía la fascinación que en mí ejercían sus frases dulzonas:

- Apuesto a que tus braguitas ya están húmedas. Te gusta que te hable, ¿eh? Te gustaría gozar sólo con palabras… Tendría que seguir diciéndote cosas todo el tiempo… ¿Ves? si te tocara sería como mis palabras… Por todas partes, suavemente, con la lengua… Te tomaría en mis brazos, haría contigo todo lo que deseara, serías mi muñeca, mi pequeña a quien mimar, y tú quisieras que no se acabara nunca…

03 octubre 2008

Fragmento de "La nada cotidiana" (Zoe Valdés).


Mi cabeza da bandazos contra las losas. Él la toma entre sus manos y me besa, dulzón, el rostro, frente, párpados, nariz, mejillas, orejas, boca, barbilla, mentón. Su saliva fluye como lágrimas por el óvalo de mi cara.
-¿Por qué no nos sentamos uno frente al otro y tú encima de mí? -sugiere más que pregunta.
Entiendo perfectamente que debo enterrar su sexo en el mío y moverme de un lado a otro, de izquierda a derecha, y a la inversa, batiendo mi cintura, besándolo con los ojos abiertos, o simplemente erguir mi espalda para que los pezones den exactos con su boca y él pueda de esta forma chuparlos hasta el hartazgo. Ahí tengo mi primer orgasmo. Lento, gozándolo centímetro a centímetro, con los ojos idos en los suyos y los pelos de su pecho rascando mis paradas tetas.
Un quejido descomunal me lanza con la espalda arqueada hacia atrás. Él aprovecha y se zafa de mí. Furioso, lo cual me asombra, me vira de espaldas a su cuerpo. Estira mis piernas y las entreabre, mi nariz se hunde en la seda de un cojín. El rabo descansa entre mis nalgas, él las aprieta, y como yo me meneo, aquello resulta ser una masturbación sensacional, como cuando se hace entre los senos. Inesperadamente, mi ano va cediendo y le ruego que me lo parta, pero al introducir sólo la puntica el dolor es tan agudo que casi me desmayo. Sin embargo, ni eso me despoja del deseo fulminante que siento de ser ensartada por detrás, mis manos cooperan en separar las nalgas y él entra, poco a poco, cada vez con menos trabas.
-Suavecito, suavecito... -suplico yo.
El tono inocente de mi voz lo inflama poderosamente, y mientras más dulce pido, más encontronazos siento en mi interior. De repente se decide por el impulso bestial. No puedo explicarlo, no hay acción para que suceda así, pero mi vagina late desenfrenada. El dedo medio de él va a parar dentro de ella y así acaricia su picha a través de un sencillo tejido. Podría haberse venido, pero se contiene.