04 marzo 2008

Fragmento de "De su ventana a la mía" (Carmen Martín Gaite).



Estaba mucho más allá, en ese más allá ilocalizable adonde precisamente ponen proa los ojos de todas las mujeres del mundo cuando miran por una ventana y la convierten en punto de embarque, en andén, en alfombra mágica desde donde se hacen invisibles para fugarse. Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana, ni prohibirles que surquen el mundo hasta confines ignotos. En todos los claustros, cocinas, estrados y gabinetes de la literatura universal donde viven mujeres existe una ventana fundamental para la narración, de la misma manera que la suele haber también en los cuartos inhóspitos de hotel que pintó Edward Hopper y en las estancias embaldosadas de blanco y negro de los cuadros flamencos. Basta con eso para que se produzca a veces el prodigio: la mujer que leía una carta o que estaba guisando o hablando con una amiga mira de soslayo hacia los cristales, levanta una persiana o un visillo, y de sus ojos entumecidos empiezan a salir enloquecidos, rumbo al horizonte, pájaros en bandada que ningún ornitólogo podrá clasificar, cazar ningún arquero ni acariciar ningún enamorado y que levantan vuelo hacia el reino inconcreto del que sólo se sabe que está lejos.

4 se abrieron.

CalidaSirena dijo...

Son preciosos los poemas que eliges para poner en tu blog, realmente me llegan al alma.
Besos cálidos

Eva dijo...

Sencillamente, me sedujo el texto por completo.
Besos, Jardinero.

Anónimo dijo...

Paseo a menudo por tu jardín. Me es muy afín lo que citas. Me recuerda a alguien lejano...

MARIA dijo...

Quizás sólo una mujer podía describir esa mirada de mujer.
Sencillamente hermoso ese fragmento.

Me gustan tus textos escogidos.

Besos tras la ventana.