
Su lengua arde ahora y sus manos recorren mi espalda, quiero decir, mi osamenta. Reabro los ojos. Él los ha cerrado firmemente, pronuncia dentro de mis labios la frase de la cual he estado pendiente como una araña de su hilo. Erizada, en una cutícula, siento más que oigo, las palabras mágicas:
-Te amo, niña, te amo. –Y me hago batido de mango enamorado.
Nuestros cuerpos ya no son dos imanes rígidos, fundidos en el bravío remolino del temporal. Su cuerpo transita por el mío. El mío deambula por el de él. Somos dos que en semivigilia sentimos ser uno. Lamemos nuestro viejo sudor, y reconocemos nuestros antiguos olores, los perfumes naturales de la piel, sus accidentes. Separados ahora, nos analizamos con detenimiento, estudiamos con desenvoltura los estragos que ha ido tatuando, burilando el tiempo, dejando hondas cicatrices.

3 se abrieron.
Un placer leer ese fragmento de novela...Un besito,felices pascuas
Pues a mí Zoë Valdés no es que me guste mucho precisamente, pero reconozco que sabes elegir bien los fragmentos, si señor.
Un beso, supongo que el jardinero está de vacaiones ;) . Apróvechalas, tú que puedes, nos leemos a la vuelta
¡Cuánto ansiaba regresar aquí y detener mi paso! Muchas gracias... por seguir siendo tan estupendo anfitrión y por estos meses que, en algunos casos, como el de éste blog, serán inolvidables.
Saludos desde México.
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