
Casi sin darse cuenta había empezado a acariciarla mientras hablaban en voz baja, tan lentamente como ella entraba en calor, los pies muy fríos enredados a los suyos, y al ir siguiendo con los dedos ahora más sensitivos y audaces el tacto de la piel y las sinuosidades ya familiares que buscaba y reconocía luego con los labios, volvió a acordarse, ahora sin miedo ni vergüenza, sólo con dulzura, casi con agradecimiento, de los sueños eróticos de los catorce años, y le pareció que la veía a ella como era ahora mismo y como había sido la primera vez que unos ojos masculinos la vieron desnuda. Lo perdía todo, se despojaba de todo, igual que al desnudarse ella había dejado caer al suelo las bragas y el sujetador y se había aproximado a él como emergiendo de las prendas abandonadas e inútiles, caídas a sus pies con un rumor de gasa. No había urgencia, ni incertidumbre, ni ademanes de fiebre o ansiosa brutalidad. La veía moverse oscilando, erguida, acomodándose despacio encima de él, el pelo sobre la cara, mezclado con la sombra, los hombros hacia atrás, las dos manos que le sujetaban con fuerza los muslos.
Desfallecieron los dos en la misma oleada densa de dulzura, que él fue percibiendo como si le llegara desde lejos, anunciada, indudable, desconocida, duradera y lenta, no extinguida todavía después del final, cuando se quedaron quietos los dos y ella se desprendió poco a poco de él mientras iba dejándose caer a su lado.

2 se abrieron.
Hay entradas que son como tu, es decir, al leerlas me recuerdan a ti (o a la imagen que tengo de ti) de una manera asombrosa. Esta es una de esas entradas.
PD: ¿Tu que crees?
Buen día
Quiere gritar, pero llora. Se tira al suelo, las baldosas del baño están frías. Ha dejado correr el agua de la ducha, al máximo. Al caer el suelo, el tubo gira alocadamente, provocando una fuente improvisada que empapa todo el cuarto. Todo su pelo.
Todo el suelo.
Grita, desnuda, tirada en el suelo. En el suelo encharcado. Se levanta, resbala, cae, sigue llorando. El agua sigue corriendo.
Entre sus piernas un reguero de semen pegajoso bajaba hacia los muslos. Estaba llena de semen. Semen por todas partes.
El filo de la cuchilla brilla a contraluz. Sesga su piel. Sangre y semen nadan en el gran charco de agua que no deja de crecer en el suelo del baño.
Hay una serpiente enajenada escupiendo agua, retorciéndose y separando la sangre que flota en la charca.
Paula ahora es una sirena atrapada en sus fauces. La serpiente crece. Ahora es enorme, y Paula quiere luchar contra ella, pero no tiene fuerza.
Hay una princesa desnuda y sucia luchando contra un dragón. Un dragón que la quema con su fuego.
El agua arde, las heridas sangran.
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