
Las luces del amanecer
abren caminos que cruzan la noche,
se acerca un nuevo día y tú
vas a tener que abandonarme.
Ahora descansas junto a mí,
sueñas que te has quedado para siempre,
sonríes con la placidez
de quien no tiene recovecos,
pero la luz está ya ahí,
ya han despertado los gorriones,
se oye la vida que aletea
y anuncia nuestra despedida.
Porque te tienes que marchar
aunque ni tú ni yo lo deseamos,
vas a dejar un hueco en mí
de dimensión aterradora,
porque te vas de este país
y de este cuerpo mío, y de estos besos,
y no sé qué va a ser de ti
ni si alguna vez nos veremos.
Llega la luz, te digo adiós
sin despertarte, dulcemente,
luego me inclino hasta tu oído
para darte los buenos días.

3 se abrieron.
Despedidas que arrancan a tirones lágrimas de esos ojos marrones, que convierten en dolor los momentos que ayer compartiamos con risas, despedidas que por no saber que lo son nunca dejaran de ser sufridas... No me digas adios... dime hasta pronto, que este frágil corazón comenzó a construir a tu alrededor un dura fortaleza, de la que tu eres los cimientos de la que yo soy la mezcla... y nuestros sueños las piedras.
Triste despedida sin fecha para el reencuentro...
El jardín está precioso, Zârck
La luz de un nuevo día que hoy no sólo trae a la mañana sino que también tristeza y un adiós sin esperanza.
Muchos besos desde el agua.
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