14 febrero 2007

Fragmento de "La vieja sirena" (José Luís Sampedro).


El ritmo viril no es agresivo sino cósmico: vaivén de olas, palma mecida por la brisa. La piel de sus flancos se entrega a los muslos que la acunan apoyándose en los pies que sostienen el vaivén. Se siente mecido en una ola de carne que le envuelve con unas manos en su espalda, arañantes o acariciantes, y que le embriagan los oídos con el jadeo amoroso, con la palabra hecha música. Se disuelve en ella sin alarmarse, abandonándose, porque cuanto más se entrega más poderoso es su sexo, más grande con ese rendimiento su triunfo. Ahondando, ahondando, elevándose cuanto más se hunde, ensanchándose cuanto más se concentra. Ya no le envuelve el mar sino el cielo, las estrellas, el universo. Cede toda barrera, es anegado, arrebatado. Y ella es también más vencedora cuanto más vencida. El ímpetu del surtidor crece y crece, más alto, más cristalino, más afilado y vivo, todo lleno de una luz que convierte la gruta en un diamante cuyo centro es la pareja. Hasta que el surtidor se rompe, estalla, y la líquida lanza se hace flor derramándose redonda, en círculos, en inundaciones...


3 se abrieron.

m dijo...

Genial Sampedro, excelente obra y un fragmento muy bien escogido. La historia de la sirena de los muchos nombres... un canto a la vida y al amor, en cualquiera de sus formas, que te ayuda a ver el mundo con los ojos abiertos, más abiertos. Sencillamente impresionante. Besos desde el mar...

Valeria dijo...

Lo leí hace tiempo y me gusta que nos lo recuerdes aquí.
De Sampedro, además de como escribe, me gusta como se muestra en la entrevistas, como es...
Bien elegido, Zàrck

Anónimo dijo...

Todo parece en total Silencio y al mirar Sampedro se abren oidos que no han querido escuchar y un mejor momento te acerca al gran mar del saber