16 febrero 2007

Fragmento de "Amor perdurable" (Ian McEwan).


Fui al sendero y pasé la mano por las hojas que tú habías tocado. Me llevé una impresión al descubrir lo diferentes que eran de las que no habías tocado.
Había un fulgor, una especie de combustión en mis dedos al pasarlos por el borde de aquellas hojas húmedas.

7 se abrieron.

Anónimo dijo...

Es cierto, dejamos rastros en los seres y las cosas, que son diferentes cuando ya hemos pasado.
Lo que no tengo tan claro es la posibilidad de percepción de dicho rastro por otra persona, pero tal me parece muy interesante.
Saludos.
http://www.enunblog.com/Aguirre

m dijo...

Mucho sentimiento para tener esa percepción. Pasaba a leer esta maravilla y a desearte buen fin de semana. Besos infinitos!!

Anónimo dijo...

húmedas...como las huellas que con tanta frecuencia ultimamente hay en mí. besitos, caricias...
hojas que caen conformando un camino que lleva a mi habitación...¿vienes?

Sebastián Liera dijo...

Crash... crash... ¡oh, perdón! Sólo pensaba recostarme un poco en medio de estas hojas; quizás así me vuelva el alma al cuerpo.

Carolina Amigo dijo...

La vida cae en un sendero, el amor no es eterno.
El paseo termina, sino descubro un nuevo lugar para jugar.

Saludos!

Etèria dijo...

Siempre dejamos las huellas de nuestro paso. A veces el tiempo las puede borrar pero es bonito saber que por un instante quedan.

Besos.

Anónimo dijo...

el amor es limpío pero e
solo el verdadero... emmanuel y yo fuimos dos extraños postrados ante sangre y huesos de gatos muertos entresacado de sus gritos sus gemidos ... amo esas novelas saludos