
Entraron en el dormitorio, se desnudaron, y lo que estaba escrito que sucedería sucedió por fin, y otra vez, y otra aún. Él se durmió, ella no. Entonces ella, la muerte, se levantó, abrió el bolso que había dejado en la sala y sacó la carta color violeta. Miró alrededor como si buscara un lugar donde poder dejarla, sobre el piano, sujeta entre las cuerdas del violonchelo o quizás en el propio dormitorio, debajo de la almohada en que la cabeza del hombre descansaba. No lo hizo. Fue a la cocina, encendió una cerilla, una humilde cerilla, ella que podría deshacer el papel con una mirada, reducirlo a un impalpable polvo, ella que podría pegarle fuego sólo con el contacto de los dedos, y era una simple cerilla, una cerilla común, la cerilla de todos los días, la que hacía arder la carta de la muerte, esa que sólo la muerte podía destruir. No quedaron cenizas. La muerte volvió a la cama, se abrazó al hombre, y, sin comprender lo que le estaba sucediendo, ella que nunca dormía, sintió que el sueño le bajaba suavemente los párpados.
Al día siguiente no murió nadie.

8 se abrieron.
Buenos días, jardinero. Echaba de menos las entradas de este tipo (y no pq las de aire erótico no me gusten, eh).
Tengo que reconocer, y no se si este es el mejor lugar para hacerlo, que no soy muy aficionada a Saramago. Pero un día alguien me dijo, que una de sus cosas favoritas, era leer a Saramago mientras entraba la tenue luz de la catedral en casa. Ahora leo ensayo sobre la ceguera...
Me quedo entre jardines, ya que la muerte me deja jugar una nueva partida...algún día se cansara de dejarme ganar siempre.
Precioso texto.
Un beso
Pd. Te he votado
Impresionante flor de tu jardín. Saramago es simplemente genial, siempre. Creo que la muerte se duerme porque lo lee, y sabe que no puede vencer.
Saludos desde el agua
Esta entrada me ha tocado la fibra..
Gracias por dejar tu rayo de luz en mi blog.
Espero que la desesperanza también se eche a dormir..
Todos, hasta la muerte, tenemos de vez en cuando esos días en los que lo único que necesitamos es un buen polvo.
Saramago, desde luego, lo dice mucho más bonito :)
Un saludo.
La muerte duerme....y la vida nos despierta a escondidas el alma...Saramago además de ser una persona encantadora en el trato...es un Escritor en toda la extensión de la palabra.
Mil bikos jardin!
Huuy, el maestro Saramago... y esa foto Zârck... uff. Lo dicho.
cuando pienso en la muerte ,siento la necesidad de volver a escuchar por siquiera un momento la voz de mis padres.
Publicar un comentario