
Y de pronto me quedo solo con la muchacha y las paredes se van alejando en cuatro direcciones y estamos allí solos, la muchacha y yo, y el negro, con los botones dorados de su chaqueta y su brillante escoba, se aleja empujado por la huida de las paredes mientras la muchacha de las revistas desaparece detrás de las carátulas multicolores que le hacen muecas.
Yo le hablo.
En la enorme soledad de la estación mi voz y la voz de la muchacha van llenando lentamente todos sus vacíos. Y después ya no hablamos más.
La muchacha se duerme contra la madera lustrosa de los bancos y yo estoy velando su sueño derrotado.

Alguien se ha abierto.
Me ha costado pero al final tengo una frase para decirte respecto a este texto...
Es díficil asumir la soledad. La soledad, sin solución, de la espera. Porque al fin y al cabo, todas las personas sentimos esa soledad sin saber siquiera que és lo que estamos esperando... y esperando se nos suele pasar al vida...
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