10 octubre 2006

Fragmento de “La hija de la puta” (Richard Russo).

Cuando Linwood Hart se durmió, lo hizo agradecido y a la vez triste al saber que no era, que no había sido nunca y no sería jamás, el centro de este mundo tan distinto que acababa de descubrir.

Alguien se ha abierto.

Carolina Amigo dijo...

Un jardin bello y esplendoroso... Palabras que corrompen el alma, son una sutileza magica... Va!! Lo sé me encanta pasear por este jardin, solo espero no tropezar con alguna raiz que sobresalga de la tierra.

Saludos!!!


seelie