Querida, querida, querida, dijo la golondrina china... De vez en cuando el paso de un tranvía ahoga el murmullo de tu recuerdo, de modo que incluso el recuerdo se convierte en un traqueteo de hierro espantosamente atenuado -transformado en mil campanadas de bronce que marcan el tiempo en mi cerebro con un millón más de campanadas, una por cada segundo, o por cada hora, o por cada eón que pasamos juntos-, pero aquí estoy, huyendo una vez más de mis sentimientos auténticos, que son francamente terribles.26 septiembre 2006
Fragmento de "El viaje que nunca termina" (Malcolm Lowry).
Querida, querida, querida, dijo la golondrina china... De vez en cuando el paso de un tranvía ahoga el murmullo de tu recuerdo, de modo que incluso el recuerdo se convierte en un traqueteo de hierro espantosamente atenuado -transformado en mil campanadas de bronce que marcan el tiempo en mi cerebro con un millón más de campanadas, una por cada segundo, o por cada hora, o por cada eón que pasamos juntos-, pero aquí estoy, huyendo una vez más de mis sentimientos auténticos, que son francamente terribles.
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2 se abrieron.
Me ha gustado mucho ese fragmento, describe realmente el sentimiento que nos provoca al recordar a alguien.
Alguien que queremos olvidar y es imposible, intentamos huir pero cualquier cosa que despierte los sentidos, nos lleva de nuevo a ese recuerdo.
Me ha gustado tu blog, pasaré con frecuecia por aquí.
Saludos.
Sabes? Poco me entretuve entre el juego de tus palabras, movia ficha y esperaba tu jugada...Ahora que el tiempo no se premia, me recreo en cada una de ellas y veo que he perdido mucho...
Me alegra que hayas vuelto.
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