
Me fui a mi cuarto, envenenada. Soplaba incesante el mistral, seco y cálido. Así llevaba días, desde que llegué. Destrozaba mis nervios. No pensé en nada. Me sentía dividida, esa división me mataba, la lucha por sentir la alegría, una alegría inalcanzable. La irrealidad opresiva. De nuevo la vida retrocediendo, eludiéndome. Tenía al hombre que amaba en mis pensamientos; lo tenía en mis brazos, en mi cuerpo. El hombre que busqué por todo el mundo, que marcó mi niñez y me perseguía. Había amado fragmentos de él en otros hombres: la brillantez de John, la compasión de Allendy, las abstracciones de Artaud, la fuerza creativa y el dinamismo de Henry. ¡Y el todo estaba allí, tan bello de cara y cuerpo, tan ardiente, con una mayor fuerza, todo unificado, sintetizado, más brillante, más abstracto, con mayor fuerza y sensualidad!. Este amor de hombre, por las semejanzas entre nosotros, por la relación de sangre, atrofiaba mi alegría. Y de este modo, la vida hacía conmigo su viejo truco de disolución, de pérdida de lo palpable, de lo normal. Soplaba el viento mistral y se destruían las formas y los sabores. El esperma era un veneno, un amor que era veneno.

3 se abrieron.
Huy, Anais Nin, qué decir de mi escritora de cabecera...
Por otro lado, Zarck, a ver si no eres tan prolífico, que no me da tiempo a seguirte!
Besos escondidos
Cuánto veneno, Zârck!
Y esa búsqueda de un hombre que posee fragmentos de escritores... me ha encantado! Un saludo
hola
te escribo desde argentina
estoy buscando los diarios de anais nin y aqui no se editan desde los 90
tal vez podrias saber donde puedo conseguirlos, aunq sea en pdf
gracias
Marina
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