29 junio 2006

Presencia (Enrique Morón).


Cerca de mí tus ojos,
tu cintura de mimbre,
tu valor de quererme
y tu frágil anhelo
de brisas venideras.

Rotunda estás y eres
para mis labios curvos.

Cerca de mí tus venas
cantando como pájaros.

¡Qué delicada fuerza
me das cuando suspiras!

¡Qué multitud de naves
se alejan por tu frente
cuando en el aire piensas
melancólica y cierta!

¡Oh, tus pechos de novia,
circulares y prietos
como un canto campestre!

Cerca de mí pareces
un horizonte verde,
una esperanza tibia,
un dolor apagado.

Vienes y vas y vienes
para ser siempre nueva
realidad de la tarde
enervada en mis labios.

Vienes y vas y eres
la brisa que despierta
mi estambre. Y mi silencio
cálido. Y mi sonrisa.

Alguien se ha abierto.

Anónimo dijo...

Entonces
Entonces
una alterada cidra
en el allí
remoto país
de la entrepierna
rebosante.
Palpo la esquina
más erguida
que se fraguó
en tu carne.
Cuánto desnudar
amadamente
tus espigas,
tu ancla de musgo ensortijado.
Te arribo,
te conjuro,
te fermento.
Que oscuridad de lluvias traigo
en las entrañas
para trenzar tu larga
intensidad
de hierro blando.
Entonces
en el aquí
valle de muslos
la noche forcejea
-dulce maestra-.
Bebe tu fruto
mi cóncava textura.
Aquí
en este entonces
ínfimo y preciso,
cenit de gozos
-tu fruto que decrece,
niño derruido-
el universo se detiene

-desconozco su autor-