31 mayo 2006

Fragmento de "Paradiso" (José Lezama Lima).


A veces lo invisible, que tiene una pesada gravitación, y en eso se diferencia de lo irreal, que tiende más bien a levitar, se muestra limitado, reiterado, con lamentable tendencia al lugar común. Me dormí con un sueño ocupado y hojoso hasta la medianoche. Así que me desperté con una mitad del cuerpo muy descansado, aunque no podría precisar cual era esa mitad. Aunque la medianoche es muy propensa a las barrabasadas con lo invisible, no me desperté sobresaltado. Casi despertándome en esa media noche, noté un ruido que venía del sitio donde se mostraba el sillón. Lancé lentamente la mirada, todavía me quedaba un residuo indeciso del sueño, hacia ese sitio del ruido. El sillón y el ruido no se me mostraron en una sola acabada sensación hasta que encendí la lámpara. Pero entonces pude notar con cortante precisión que el sillón se movía sin impulsarse, se movía sobre sí mismo pudiéramos decir. Desde el primer momento tuve la seguridad de que no había sido el roce de algún ladrón, ni tampoco un enojoso tropiezo con el gato en persecución de su enemigo. La movilidad del sillón tenía tal sencillez, aun en el marco feérico de la media noche, que pude volver a dormirme. Al despertarme sentí que la otra mitad de mi cuerpo se había añadido a la otra mitad desconocida, que al despertarme en la medianoche ya lucía descansada y plena dentro de una melodiosa circulación que se había remansado a la sombra húmeda.

2 se abrieron.

Anónimo dijo...

Me he encontrado esto en un blog. Es justo lo que quiero decirte.

Siempre me ha parecido curiosa la manera en que te puede cambiar la vida en tan sólo un instante.

Es como una montaña rusa: ahora estás abajo, para dentro de un rato subir y luego volver a deslizarte de nuevo, incluso a lo más profundo de un pozo, desde donde no se ven lucir siquiera los rayos del sol.

Lo peor no es esto, sino la capacidad innata que tiene el ser humano para no saborear los momento en que nos hallamos en la cumbre, ya sea por la ambición de ver que otros aún están por encima de nosotros, o por el propio miedo a caernos desde allí arriba.

Pero esta vez va a ser distinto: he frenado la noria cuando estaba justo en lo más alto y no, no me pienso bajar. Se está demasiado agustito aquí arriba, a tu lado...

No seré yo quien la ponga en marcha de nuevo.

Belén.

Anónimo dijo...

Super color scheme, I like it! Good job. Go on.
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