
Ya no hay aquella simple
y turbia desnudez.
Tus muslos ya no huelen
a canciones agrestes.
Tus manos ya no tientan
la risa curva y acre.
Como si hubiese pleno oscuro.
No quiero aún que me descubras toda la verdad, que la verdad no es lo evidente sino su mitad.
Ábrete.
Publicar un comentario