(clic en la imagen)
27 enero 2012
20 enero 2012
Fragmento de "Aelita" (Alexéi Nikoláievich Tolstói).

El arte ejerce la función de la memoria: él selecciona en el fluir del tiempo lo que brilla con mayor fuerza, lo más inquietante, lo más significativo y lo deja grabado en los cristales de los libros. Pero el arte va más allá. Él aspira a desenvolver no sólo la retrospectiva sino la perspectiva de la vida, hace todo lo posible por arrastrarnos al futuro. Es algo especialmente propio de nuestro tiempo. Todo el énfasis está en el futuro. Ante el arte se presentan tareas muy difíciles: ir penetrando en el velo del futuro y, descorriéndolo un poco, mostrar lo probable, indudable, inquietante con la misma fuerza que el pasado o el presente. (...) Los se sentó junto al radiorreceptor, se puso los auriculares. Las agujas del reloj se movían lentamente.
¡Oh tiempo, los latidos impacientes del corazón, el espacio glacial del universo!...
Un lento murmullo resonó en sus oídos. Los cerró los ojos. De nuevo surgió ese murmullo remoto, inquietante, lento. Una palabra extraña se repetía una y otra vez. Los era todo oídos. La voz lejana, cual un relámpago sutil, traspasó su corazón repitiendo con tristeza en una lengua celeste:
–¿Dónde estás, dónde, dónde, Hijo del Cielo?
La voz se apagó. Los tenía los ojos blancos, dilatados, con la mirada anclada en el vacío... La voz de Aelita, del amor, de la eternidad, la voz de la nostalgia sobrevuela el universo y clama, invoca, grita, – ¿dónde, dónde estás, amor?.
¡Oh tiempo, los latidos impacientes del corazón, el espacio glacial del universo!...
Un lento murmullo resonó en sus oídos. Los cerró los ojos. De nuevo surgió ese murmullo remoto, inquietante, lento. Una palabra extraña se repetía una y otra vez. Los era todo oídos. La voz lejana, cual un relámpago sutil, traspasó su corazón repitiendo con tristeza en una lengua celeste:
–¿Dónde estás, dónde, dónde, Hijo del Cielo?
La voz se apagó. Los tenía los ojos blancos, dilatados, con la mirada anclada en el vacío... La voz de Aelita, del amor, de la eternidad, la voz de la nostalgia sobrevuela el universo y clama, invoca, grita, – ¿dónde, dónde estás, amor?.
13 enero 2012
Fragmento de "Los hermosos vencidos" (Leonard Cohen).

Qué es un santo?. Es aquel que ha alcanzado una remota posibilidad humana. Es imposible decir lo que constituye esta posibilidad. Sin duda tiene algo que ver con la energía del amor. El contacto con esta energía provoca una especie de equilibrio en medio del caos de la existencia. Un santo no disuelve este caos; si lo hiciese, el mundo habría cambiado hace mucho tiempo. Yo no creo que un santo pueda disolver el caos del mundo, ni siquiera para sí mismo, porque hay algo de arrogante y belicoso en esta concepción de un ser humano poniendo él solo el universo en orden.
06 enero 2012
"Adoración de los Reyes" (Evangelio según San Mateo, 2, 1-12).
Insisto, a los que hayáis sido buenos, que os colmen los Reyes Magos de regalos.
Los que hayáis sido malos, pues eso que os habéis llevado por delante.

Jesús nació en Belén de Judea cuando gobernaba el rey Herodes. Y he aquí, unos magos vinieron del oriente a Jerusalén, preguntando: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque al ver su estrella en el oriente, hemos venido para adorarle. (…)
Y ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Al ver la estrella, se regocijaron con gran alegría. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
Y ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Al ver la estrella, se regocijaron con gran alegría. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
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