28 octubre 2011

"Un amor más allá del amor..." (Roberto Juarroz).




Un amor más allá del amor,
por encima del rito del vínculo,
más allá del juego siniestro
de la soledad y de la compañía.
Un amor que no necesite regreso,
pero tampoco partida.
Un amor no sometido
a los fogonazos de ir y de volver,
de estar despiertos o dormidos,
de llamar o callar.
Un amor para estar juntos
o para no estarlo
pero también para todas las posiciones
intermedias.
Un amor como abrir los ojos.
Y quizá también como cerrarlos.

21 octubre 2011

"Una vez más tu piel" (Juan José Domenchina).


Una vez más tu piel, tu desprendida
piel de reptil, se pudre en el sendero,
junto al descamisado pordiosero
que nos viene a vender la nueva vida.

Con plantas sin raíces, mal prendida
a la derrota de su derrotero,
va el paso peregrino del romero
extático en su punto de partida.

El curso —intemporal, intempestivo—
de este tiempo que pierde su andadura
queda absorto en instantes sin motivo.

...Tu amanecer difuso nos augura
otro permanecer, otro cautivo
tiempo en espera, por la noche oscura.

15 octubre 2011

Fragmento de "El luto humano" (José Revueltas).


Se abandona la vida y un sentimiento indefinible de resignación ansiosa impulsa a mirar todo con ojos detenidos y fervientes, y cobran, las cosas, su humanidad y un calor de pasos, de huellas habitadas. No está solo el mundo, sino que lo ocupa el hombre. Tiene sentido su extensión y cuanto la cubren las estrellas, los animales, el árbol.

07 octubre 2011

Fragmento de "La góndola fúnebre" (Tomas Tranströmer).

Tomas Tranströmer ha sido galardonado con el Premio Nobel de literatura 2.012.


Y detrás de mí
-más allá de las aguas
relucientes como plomo-
la otra costa
y ellos, los que reinaban.
Seres con futuro
en lugar de rostros.
Soy llevado en mi sombra
como un violín
en su negra caja.
Lo único que quiero decir
reluce fuera de alcance
como la plata
en casa del prestamista.

01 octubre 2011

Fragmento de "El buen dolor" (Guillermo Saccomanno).


Aún cuando tu familia no estaba todavía en la pobreza, sino que pertenecía a ese sector que se denomina hipócritamente gente humilde, un peldaño por debajo de la clase media, aun cuando la enfermedad no se había instalado en la casa, flanqueándolos, empezabas a darte cuenta de que determinados sentimientos que generan la pobreza y la enfermedad iban a perseguirte siempre, por más fugas que tramaras. Si los experimentaste una vez, esa vez es para siempre. Vayas donde fueres, estarán siempre con vos. Podés huir de la pobreza y la enfermedad, pero no de sus efectos. Terror, repulsión, vértigo se funden, a veces, en una alteración de las percepciones de tiempo y espacio, los reflejos asustados y temblorosos como después de una resaca fuerte. Podés emborracharte con el dolor. La alegría, cuando sucede, tiene entonces el gusto de un café con leche con medialunas después de haber dado sangre.