21 mayo 2010

"He aquí que tú estás sola y que estoy solo..." (Jaime Sabines)


He aquí que tú estás sola y que estoy solo.
Haces tus cosas diariamente y piensas
y yo pienso y recuerdo y estoy solo.
A la misma hora nos recordamos algo
y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya
somos, y una locura celular nos recorre
y una sangre rebelde y sin cansancio.
Se me va a hacer llagas este cuerpo solo,
se me caerá la carne trozo a trozo.
Esto es lejía y muerte.
El corrosivo estar, el malestar
muriendo es nuestra muerte.
Ya no sé dónde estás. Yo ya he olvidado
quién eres, dónde estás, cómo te llamas.
Yo soy sólo una parte, sólo un brazo,
una mitad apenas, sólo un brazo.
Te recuerdo en mi boca y en mis manos.
Con mi lengua y mis ojos y mis manos
te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne,
a siembra , a flor, hueles a amor, a ti,
hueles a sal, sabes a sal, amor y a mí.
En mis labios te sé, te reconozco,
y giras y eres y miras incansable
y toda tú me suenas
dentro del corazón como mi sangre.
Te digo que estoy solo y que me faltas.
Nos faltamos, amor, y nos morimos
y nada haremos ya sino morirnos.
Esto lo sé, amor, esto sabemos.
Hoy y mañana, así, y cuando estemos
en nuestros brazos simples y cansados,
me faltarás, amor, nos faltaremos.

10 mayo 2010

"Juntos" (Leopoldo Panero).


Contra el verde trasluz de la mañana
nos sentimos latir: latimos juntos
viendo la soledad, hundido el vuelo
del alma en el profundo
valle con sol por donde corre el agua,
por donde cruza el humo
blanco, los lentos trenes
que navegan el mundo...
Las jaras enternecen el recuesto,
el verdor inseguro
donde brota la intacta lontananza
con inmediato júbilo
de aroma, y contemplamos
la dádiva de Dios, el viento lúcido,
la quietud en fragancia
del sol, su azogue rubio.
Todo yace dormido,
todo tiembla desnudo
e inocente, en tus ojos,
en mis ojos. Dios sabe nuestro último
pensamiento. Dios sabe nuestro nombre
dulcemente en lo oculto
de la distancia núbil
que se apaga en murmullos
de pájaros. Caminas
aladamente, y en el mar confuso
de luz y de hermosura derramada
respiras algo tuyo,
algo que da a tu sangre
origen fresco, mudo
sabor de mudas leguas,
divina posesión, gozo absoluto
de la distancia virgen,
del pinar soleado. Dios nos puso
dentro del corazón la tierra entera,
el agua, el sol más puro,
la clara orilla del amor primero,
la sal de su presencia, de algo Suyo.
Contra su dulce pecho nos sentimos
inmensos, juntos, juntos...

04 mayo 2010

Fragmento de “El animal moribundo” (Philip Roth‏).


Ahora bien, como sabes, soy muy vulnerable a la belleza femenina. Cada uno está indefenso contra algo, y yo lo estoy en ese aspecto. Veo la belleza y me ciega para todo lo demás.

02 mayo 2010

Fragmento de “Solitario de amor” (Cristina Peri Rossi‏).


En el extremo del clítoris, como un higo, hay una gota fija, transparente, esfera de miel que intento atrapar con los labios; la bebo pero vuelve a manar.
Ahora tu sexo es una fuente de aguas termales.
Si paso el dedo, mi yema se calienta, como una fragua. Pero tú no permites que mi boca se separe de él. Allí bebo, allí vivo, allí nazco y muero, allí respiro, sufro, grito, aúllo, allí combato.
Hasta que la tensión se vuelve insoportable.