31 diciembre 2009

"Fin de año" (Bei Dao).



Desde el inicio hasta el final del año
he caminado tantos años
dejando al tiempo curvarse como un arco
por todas partes zapatos de los jubilados
polvo particular
basura pública.

Ha sido un año sin mayores acontecimientos
mi martillo descansa, pero yo
le pido prestada a los días futuros su luz
atisbo apenas la medida de platino
aquí sobre mi yunque.

24 diciembre 2009

La fiesta del Sol Invicto.


Esta es la ya tradicional entrada de todos los 24 de diciembre.
Feliz festividad del Sol Invicto.



No se sabe con certeza cuándo se empezó a celebrar la fiesta de Navidad el 25 de diciembre, los datos arrojados por la arqueología sólo permiten conjeturas. Por lo pronto, se sabe que en los primeros años, probablemente a principios de siglo II, la fiesta de Navidad se celebraba junto con otras dos fiestas teofánicas, los reyes magos y el bautismo de Jesús, unos días después del solsticio de invierno, dentro de los primeros diez días de enero. Del año 336 tenemos el testimonio más antiguo -el calendario filocaliano- de que la celebración de la Navidad tenía lugar, en forma conjunta con las dos fiestas teofánicas señaladas, por esas fechas. Después, en fecha que desconocemos, la Iglesia Romana separó la Navidad de las otras dos fiestas; los armenios monofisitas aún celebran la Navidad el 6 de enero.

El traslado de la fiesta al 25 de diciembre parece haber tenido como objetivo contrarrestar el culto al Sol Invicto que empezó a tener mucha popularidad en Roma desde Caracalla, quien a principio del siglo III (211-217) había fomentado el culto al dios solar sirio Sol Invictus. Tras la muerte violenta de Heliogábalo ocurrida en 222, quedó proscrito el culto al sol entre los romanos; hasta que Aureliano (270-275) lo introdujo con éxito, nuevamente por razones políticas: para asegurar la unidad del Imperio. Al decir de Eliade, fueron cuidadosamente eliminados los elementos sirios y el servicio se confió a los senadores romanos. Se fijó el aniversario del Sol Invictus el 25 de diciembre, día natalicio de todas las divinidades solares orientales.

La fiesta cristiana de la Navidad parece haber sido trasladada hacia el año 330, en tiempos de Constantino (306-337), al 25 de diciembre. Con ello se quería significar a Cristo como el verdadero Sol Invictus. Es importante observar que, a partir del año 315, empiezan a aparecer en las monedas los primeros símbolos cristianos. Probablemente sea por estas fechas cuando tiene lugar el cambio de la fiesta de Navidad al 25 de diciembre. El mensaje recabado de la célebre visión de Constantino fue en el sentido de la prevalencia de Cristo sobre el Sol: Cristo es el verdadero sol invicto. Sólo faltaba trasladar la fecha del nacimiento de Jesús al 25 de diciembre, día en que se festejaba el nacimiento del Sol Invictus.

Esa tradición se encuentra ya firme en el evangelio apócrifo tardío conocido como Liber de Infantia Salvaturis -probablemente obra de un erudito y elegante compilador carolingio del siglo IX- donde se representa a la parturienta que atendió a María en el momento del nacimiento de Jesús diciendo que "el niño lanzaba resplandores, lo mismo que el sol".

16 diciembre 2009

Fragmento de "Araceli" (Elsa Morante).


En este otoño de niebla, desde hace varios días, me siento tentado a seguir a mi muchacha Araceli en todas las direcciones del espacio y del tiempo, menos en una en la que no creo: el futuro. En realidad, en la dirección de mi futuro no veo más que una vía sinuosa a lo largo de la cual, mi habitual yo mismo sigue moviéndose arriba y abajo como un pendular borracho. Hasta que sobreviene un choque enorme y todo movimiento cesa. Es el punto extremo del futuro. Una especie de mediodía cegador, o de medianoche ciega, en el que ya no hay nadie, ni siquiera yo.

10 diciembre 2009

"Nocturno de la Rosa" (Xavier Villaurrutia).


Yo también hablo de la rosa.
Pero mi rosa no es la rosa fría ni la de piel de niño,
ni la rosa que gira tan lentamente que su movimiento es una misteriosa forma de la quietud.
No es la rosa sedienta, ni la sangrante llaga, ni la rosa coronada de espinas, ni la rosa de la resurrección.
No es la rosa de pétalos desnudos, ni la rosa encerada, ni la llama de seda, ni tampoco la rosa llamarada.
No es la rosa veleta, ni la ulcera secreta, ni la rosa puntual que da la hora, ni la brújula rosa marinera. No, no es la rosa rosa sino la rosa increada, la sumergida rosa, la nocturna, la rosa inmaterial, la rosa hueca.
Es la rosa del tacto en las tinieblas, es la rosa que avanza enardecida, la rosa de rosadas uñas, la rosa yema de los dedos ávidos, la rosa digitalla rosa ciega.
Es la rosa moldura del oído, la rosa oreja, la espiral del ruido, la rosa concha siempre abandonada en la más alta espuma de la almohada.
Es la rosa encarnada de la boca, la rosa que habla despierta como si estuviera dormida.
Es la rosa entreabierta de la que mana sombra, la rosa entraña que se pliega y expande evocada, invocada, abocada, es la rosa labial, la rosa herida.
Es la rosa que abre los parpados, la rosa vigilante, desvelada, la rosa del insomnio desojada.
Es la rosa del humo, la rosa de ceniza, la negra rosa de carbón diamante que silenciosa horada las tinieblas y no ocupa lugar en el espacio.

05 diciembre 2009

"Regreso" (Victoriano Crémer).


Ya me tienes en ti de nuevo,
acaso nunca pude alejarme de estos muros vivísimos
que, abiertos siempre,
tienen largos brazos de aurora o de agonía.
Aquí contemplo vida,
me hago llama de esta hoguera de manos
que levanta sus negras lenguas a lo alto,
siento que soy un hombre más entre los hombres,
y un vestido de angustias me abandona sencillamente,
así la noche deja desnuda el alba y libre,
aunque con frío,
cuando lejanos sones la presienten,
frío tengo en el alma,
pero canto,
ahora que estoy aquí de nuevo
y veo tanto gozo y dolor,
tanta miseria
y tan clara esperanza compartida.

01 diciembre 2009

"Lluvia de sol" (José Emilio Pacheco).


José Emilio Pacheco ha sido galardonado con el Premio Cervantes 2.009.
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La muchacha desnuda toma el sol
apenas cubierta
por la presencia de las frondas.

Abre su cuerpo al sol
que en lluvia de fuego
la llena de luz.
Entre sus ojos cerrados
la eternidad se vuelve instante de oro.
La luz nació para que el resplandor de este cuerpo

le diera vida.
Un día más
sobrevive la tierra gracias a ella

que sin saberlo
es el sol
entre el rumor de las frondas.