30 abril 2008

"Primera madrugada" (Miguel Arteche).


Escucha, susurrante, el tiempo de las estrellas,
la silabeante madrugada que se acerca.
Escúchate el cuerpo que tembloroso aguarda,
la llave desolada del abrazo, el trémulo contacto,
la mano que te cierra los ojos, la tierra que se abre
con ignorados frutos. ¡Levántate, dormida!
La noche final te atraviesa,
todo el mundo nos atraviesa, nos envuelve.

Mi cuerpo está en ti.
Nuestros cuerpos gimen a través de la tierra.
Muerdo el gozo del rocío y levantamos las banderas del amor
en lo alto de los edificios orgullosos.
Y en ti tomo la humedad de los bosques,
las solitarias fuentes escondidas.
Y liberto en tu sangre los ríos en esta hora de las colinas que se
estremecen,
ahora que tú rasgas la noche que se aleja,
y yo surjo de ti, nutrido de tu amorosa profundidad.

28 abril 2008

"Elogio del dormido" (Josefa Parra).


Si no duerme el amor,
¿cómo observar su hermosa transparencia,
la reverberación que desde el sueño
surge, como un reguero luminoso?
¿Cómo encontrar la senda hasta el misterio
si no duerme el amor?

La vida se interfiere en la belleza,
pone alfileres de tangible hueso,
sellos de realidad inevitables.
La vida impone siempre su mandato.
Pero si duerme, pero si se escapa
el amor de la cárcel de este mundo,
su libre cauce asaltará la tierra,
llegará hasta mi pecho su secreto.

Si no duerme, ¿cómo recuperarlo?

24 abril 2008

"Te doy mi alma desnuda" (Juana de Ibarbourou).



Te doy mi alma desnuda,
como estatua a la cual ningún cendal escuda.
Desnuda con el puro impudor
de un fruto, de una estrella o una flor,
de todas esas cosas que tienen la infinita
serenidad de Eva antes de ser maldita.
De todas esas cosas,
frutos, astros y rosas.

Que no sienten vergüenza del sexo sin celajes
y a quienes nadie osara fabricarles ropajes.
¡Sin velos, como el cuerpo de una diosa serena.
¡Que tuviera una intensa blancura de azucena!
¡Desnuda, y toda abierta de par en par
por el ansia de amar!

22 abril 2008

Fragmento de "El jardín", de "Poemas escogidos" (Edwin Arlington Robinson).


Hay un jardín sin cerca muy crecido
con semillas y flores y todo tipo de hojas;
y una vez, entre las rosas y las poleas acanaladas,
el jardinero y yo estuvimos solos.

El me guió hasta la figura donde yo había lanzado
el hinojo de mis días en tierra infértil,
y en la anarquía de malas hierbas afligidas encontré
el fruto de una vida que era mi propia existencia.

21 abril 2008

"Entre" (Idea Vilariño).


Entre tus brazos
entre mis brazos
entre las blandas sábanas
entre la noche
tiernos
graves
feroces
entre la sombra
entre las horas
entre un antes y después.

18 abril 2008

"Rosario, dinamitera" (Miguel Hernández).


Rosario Sánchez Mora, Rosario la Dinamitera, ha fallecido ayer en Madrid a la edad de 88 años.

Con 17 años se incorporó a las Milicias Obreras del Quinto Regimiento que partieron el 19 de julio de 1.936 hacia Somosierra para detener a las tropas del general Mola en su avance hacia Madrid. Única mujer de la sección de Dinamiteros, perdió la mano derecha en unas maniobras mientras ayudaba a fabricar bombas y explosivos. Rosario Sánchez fue encarcelada durante el franquismo y condenada a muerte, aunque la pena le fue conmutada por treinta años de cárcel, de los que sólo cumplió tres.

El poema que acompañamos fue escrito por Miguel Hernández alrededor de 1.937 y esta basado en la experiencia de Rosario Sánchez en el frente:


Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.
Nadie al mirarla creyera
que había en su corazón
una desesperación,
de cristales, de metralla
ansiosa de una batalla,
sedienta de una explosión.

Era tu mano derecha,
capaz de fundir leones,
la flor de las municiones
y el anhelo de la mecha.
Rosario, buena cosecha,
alta como un campanario
sembrabas al adversario
de dinamita furiosa
y era tu mano una rosa
enfurecida, Rosario.

Buitrago ha sido testigo
de la condición de rayo
de las hazañas que callo
y de la mano que digo.
¡Bien conoció el enemigo
la mano de esta doncella,
que hoy no es mano porque de ella,
que ni un solo dedo agita,
se prendó la dinamita
y la convirtió en estrella!

Rosario, dinamitera,
puedes ser varón y eres
la nata de las mujeres,
la espuma de la trinchera.
Digna como una bandera
de triunfos y resplandores,
dinamiteros pastores,
vedla agitando su aliento
y dad las bombas al viento
del alma de los traidores.

16 abril 2008

Fragmento de “El callejón de los milagros” (Naguib Mahfuz).



La miró intensamente a los ojos, con aire seductor, y le levantó las manos, que seguía apretando entre las suyas, hasta llevarlas a la boca. Comenzó a besarle las puntas de los dedos, una por una. Al contacto de sus labios, Hamida se sintió traspasada por una corriente de electricidad. Sus ojos, enamorados, brillaban. Dio un suspiro lleno de pasión. Él la rodeó con el brazo y la atrajo lentamente hacia su pecho, hasta sentir sus senos sobre su corazón. Senos virginales, tan erectos y firmes que casi se hundían en su tórax. Le acarició suavemente la espalda, mientras ella permanecía con el rostro hundido en su pecho.
- La boca - le susurró él.
La muchacha levantó la cabeza con los labios entreabiertos. Él apretó sus labios contra los de la chica y ella bajo los párpados como vencidos por el sueño. Él la levantó como a un niño y la llevó a la cama muy despacio. Sacudió sus pies para desprenderla de las zapatillas. La dejó suavemente sobre la cama y se inclinó sobre ella, con las palmas de las manos apoyadas en el colchón, mirando atentamente su cara arrebolada. Hamida abrió los ojos y al topar con los de él, éste sonrió tiernamente. Ella se quedó mirándolo, sin pestañear, con dulzura. Él, sin embargo, no había perdido el control de lo que hacía; su cerebro trabajaba siempre con mayor rapidez que sus emociones. No estaba dispuesto a desbaratar el plan que se había trazado de antemano. Se puso de pie y, tratando de no sonreír, le dijo, como si estuviera conteniendo su fuego:
- No hay prisa. A los oficiales norteamericanos no les importará pagar hasta cincuenta libras por una virgen.
Ella lo miró con asombro, sin la expresión lánguida de hacía unos instantes. Parecía estupefacta y resuelta a tomar cartas en el asunto. Se incorporó, saltó al suelo y se abalanzó encima de él como una víbora irritada. Su violento instinto se rebeló, alzó su mano y le abofeteó la cara furiosamente. El bofetón resonó en la habitación. Él permaneció inmóvil durante unos segundos y luego la parte izquierda de la boca se le ensanchó con una sonrisa de sarcasmo. Con la rapidez del rayo dio un bofetón atroz en la mejilla derecha de la muchacha. Después, con igual fuerza, la abofeteó en la mejilla izquierda. El rostro de la muchacha palideció, le temblaron los labios, le tembló todo el cuerpo, descontroladamente. Se abalanzó contra su pecho clavándole las uñas en el cuello. Él no hizo nada para defenderse. La abrazó con fuerza, hasta casi hacerle crujir los huesos. Los dedos de la muchacha se aflojaron, resbalaron cuello abajo, hacia los hombros de él. Se agarró a ellos con fuerza, levantando la cara con la boca abierta y temblando de pasión.

15 abril 2008

"Yo, la que te quiere" (Gioconda Belli).


Yo soy tu indómita gacela,
el trueno que rompe la luz sobre tu pecho
Yo soy el viento desatado en la montaña
y el fulgor concentrado del fuego del ocote.
Yo caliento tus noches,
encendiendo volcanes en mis manos,
mojándote los ojos con el humo de mis cráteres.
Yo he llegado hasta vos vestida de lluvia y de recuerdo,
riendo la risa inmutable de los años.
Yo soy el inexplorado camino,
la claridad que rompe la tiniebla.
Yo pongo estrellas entre tu piel y la mía
y te recorro entero,
sendero tras sendero,
descalzando mi amor,
desnudando mi miedo.
Yo soy un nombre que canta y te enamora
desde el otro lado de la luna,
soy la prolongación de tu sonrisa y tu cuerpo.
Yo soy algo que crece,
algo que ríe y llora.
Yo,
la que te quiere.

14 abril 2008

"Cifra" (Renée Ferrer).


Cómo el dolor me abre el deseo.

Tenderme a la vera de tu cuerpo
sospechando las ansias,
los temblores,
ornar con flores robadas
el puente de nuestro aliento
intercambiando besos,
trozos de tiempo.

El sol se nos metió en los dedos
haciendo borbotar
el caldo del encuentro.

Al instante le crece permanencia.

Tu latido dialoga con mi pena
que sin nosotros notarlo
se ha disuelto.

Todo sucumbe al punto, sin embargo,
y vuelvo a ser
una cifra cualquiera en un cuaderno.

10 abril 2008

"El sexo" (Pedro Aleixandre).


I
¡Pendiente de ese tronco
el fruto consta en vida.
Su materia consiente
una verdad durable.
En la sombra él madura,
si por siglos, finito,
y no cae sino cuando
el árbol rueda en tierra.
Fruto de carne o masa
de vida congruente,
pálido en su corteza,
nudosa nuez compacta.
La sangre rueda y pasa,
y ardiente sigue y vase,
mientras el viento pone
la vida en llamas y arde
doble tiniebla absorta.
Eje del sol que un rayo
descargará sin duelo
y estallará en la liza
dentro en la sombra exacta.
Oh, conjunción del fuego
con su materia idónea.
Fuego del sol, o fruto
que al estallar se siembra.

II
Entre las piernas suaves pasa un río,
lecho insinuado para el agua viva;
entre la fresca sombra o un humo quedo
que en el terso crepúsculo está inmóvil.
Entre los muslos, sólo el tiempo quieto,
el tiempo que no pasa, eternamente,
inmortal, sin nacer, entre las sombras.
Entre las piernas bellas sólo un río
en el fondo se siente cruzar único.
Agua oscura sin tiempo que no nace
y que sobre la tierra desemboca.
Oh, hermosa conjunción de sangre y flor,
botón secreto que en la luz perfuma
el nacimiento de la luz creciendo
de entre los muslos de la bella echada.
Ruda moneda o sol que exhala el día
naciendo de ese cuerpo dolorido,
presto al amor cuando el cenit empuje
al adversario que agresivo avanza.
Misterio entonces del ocaso ardiente
cuando como en caricia el rayo ingrese
en la sima voraz y se haga noche:
noche perfecta de los dos amantes.

09 abril 2008

"Tus ojos..." (Sofía Serra).


Tus ojos...
Sobre mí, la noche.
Tu barba...
Sobre mí la luna y tus labios y sobre mí
tu boca,
sobre mí tu aliento y respiro...
colmando mis cóncavas realidades con tu fantasmal presencia.
Osada,
¡gigantesca!...
de nuevo quieta y pasmada...
turbia,
ensoñadora y grácil unto mis labios con tu aroma de cuello erguido,
caliente y silente y bravo,
sublimación de mis eras.
Uno, suelta...
Tus manos combativas y mis pechos...

08 abril 2008

"Amo tu desnudez" (Roque Dalton).


Amo tu desnudez
porque desnuda me bebes con los poros
como hace el agua cuando entre sus paredes me sumerjo.
Tu desnudez derriba con su calor los límites,
me abre todas las puertas para que te adivine,
me toma de la mano como un niño perdido
que en ti dejara quietas su edad y sus preguntas.
Tu piel dulce y salobre que respiro y que sorbo
pasa a ser mi universo, el credo que me nutre,
la aromática lámpara que alzo estando ciego
cuando junto a las sombras los deseos me ladran.
Cuando te me desnudas con los ojos cerrados
cabes en una copa vecina de mi lengua,
cabes entre mis manos como el pan necesario,
cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra.
El día en que te mueras te enterraré desnuda
para que limpio sea tu reparto en la tierra,
para poder besarte la piel en los caminos,
trenzarte en cada río los cabellos dispersos.
El día en que te mueras te enterraré desnuda
como cuando naciste de nuevo entre mis piernas.

07 abril 2008

"Sitio" (Jaime Torres Bodet).



Penetro al fin en ti,
mujer desmantelada.
que -al terminar el sitio-
ya sólo custodiaban
monótonos tambores
y trémulas estatuas.

Penetro en ti, por fin.
Y, entre la luz delgada
que filtran, por momentos,
estrellas y palabras,
encuentro a cada paso
que doy sobre los fríos
peldaños que conducen
al centro de tu alma
-un cuerpo junto a otro-
cien horas derrotadas.

Me inclino... Una por una
las reconozco, a tientas.
Contra una jaula exacta
en ésta, oscuramente,
un ruiseñor estuvo
rompiéndose las alas.
En ésa... No sé ya
lo que en esa existencia
moría o principiaba:
esquivas formas truncas,
presencias instantáneas,
deseos incompletos,
dichas decapitadas...

04 abril 2008

"Como la primavera" (Juana de Ibarbourou).


Como un ala negra tendí mis cabellos
sobre tus rodillas.
Cerrando los ojos su olor aspiraste
diciéndome luego:
-¿Duermes sobre piedras cubiertas de musgos?
¿Con ramas de sauces te atas las trenzas?
¿Tu almohada es de trébol? ¿Las tienes tan negras
porque acaso en ellas exprimiste un zumo
retinto y espeso de moras silvestres?
¡Qué fresca y extraña fragancia te envuelve!
Hueles a arroyuelos, a tierra y a selvas.
¿Qué perfume usas? Y riendo le dije:
-¡Ninguno, ninguno!
Te amo y soy joven, huelo a primavera.
Este olor que sientes es de carne firme,
de mejillas claras y de sangre nueva.
¡Te quiero y soy joven, por eso es que tengo
las mismas fragancias de la primavera!

03 abril 2008

Fragmento de "El amante albanés" (Susana Fortes).


Quedaron los dos recostados contra la pared, apoyados el uno en el otro, los ojos tensos, retadores, mirándose con asombro, con pavor, respirando como al final de una escapada. Después, Ismaíl dibujó un segmento breve con los dedos en el cuello de ella, mientras prolongaba la caricia con la mirada por los huesos de la clavícula, la abertura oscura del escote hasta el inicio de los senos. A duras penas podía aguantar la opresión que sentía en el pecho, el vértigo en el estómago. Sus bocas estaban muy próximas. Fue ella quien adelantó el rostro para besarlo, transfigurándose entera con la urgencia convulsa del abrazo. Alzó las caderas para adherir su vientre al de Ismaíl. No hablaban, como si necesitasen apurar el aire que se quemaba entre ambos sin la mediación pudorosa de las palabras. Formaban una extraña escultura anudada en la penumbra de la habitación, apretándose ya sin recato, las manos enredadas debajo de la ropa, el sexo de él empujando recio de pronto a través de la tela del pantalón, al tiempo que la lluvia se recrudecía afuera y desaguaba por los canalones de cinc, las caras inclinadas, las bocas buscándose con avidez y fatalidad, los labios húmedos, las aletas de la nariz temblorosas, mientras se les aceleraba la respiración a un ritmo cada vez más sofocado, urgente, acrecentado también por el peligro de que cualquiera pudiera sorprenderlos.

02 abril 2008

Fragmento de "Las mil y una noches" (Anónimo).


Entonces Diadema franqueó la puerta moviendo las caderas y dirigiendo una sonrisa por debajo del velillo al jefe de los eunucos, que quedó asombrado ante la belleza que dejaba entrever la leve gasa. Y guiado por la vieja, atravesó un corredor, después una galería, inmediatamente otros corredores y otras galerías, y así hasta llegar a una sala que daba a un gran patio y que tenía seis puertas, cuyos amplios cortinajes estaban echados. Y la vieja dijo: "Cuenta esas puertas una tras otra, y entra por la séptima. ¡Y encontrarás, ¡oh joven mercader! lo que es superior a todas las riquezas de la tierra, la flor virgen; la carne juvenil, la dulzura que se llama Sett-Donia!"
Entonces el príncipe contó las puertas una tras otra, y entró por la séptima. Y al dejar caer de nuevo la cortina, se levantó el velillo que le tapaba la cara. La princesa, en aquel momento, estaba durmiendo sobre un magnífico diván. Y su único vestido era la transparencia de su piel de jazmín. De toda ella se desprendía como un impaciente llamamiento a las caricias desconocidas. Entonces el príncipe se desembarazó rápidamente de las ropas que le estorbaban, y brincó hacia el diván, cogiendo en brazos a la princesa dormida. Y el grito de espanto de la joven, despertada de improviso, quedó ahogado por unos labios que la devoraban. Así se verificó el primer encuentro del hermoso príncipe Diadema y la princesa Donia, en medio de los muslos que se entrelazaban y de las piernas trepidantes.
Y aquello duró del mismo modo durante todo un mes, sin que uno ni otro interrumpieran el estallido de los besos, ni el gorjeo de las risas, que bendecía el Ordenador de todas las cosas bellas.

01 abril 2008

"Aprovéchame ahora, cuando te pertenezco..." (Ana María Rodas).


Aprovéchame ahora, cuando te pertenezco.
Eso me gusta, sigue.
Muérdeme un poco más los pechos.
Recorre mi cuerpo con tu lengua
tibia
suave.
Crece dentro de mí
Lo necesito.
Empápame con fuerza
y escúchame gemir
anunciando mi nuevo nacimiento.