29 febrero 2008

“Ignora la cintura lo que la mano busca...” de “El tránsito del día” (María Cinta Montagut).


Ignora la cintura lo que la mano busca
entre los pliegues rugosos de la seda.
Ignora que la sed es una aguda flecha
que quema la garganta,
palabra sometida que espera allegada
más cierta del deseo.

Ignora que la voz es una espada oculta
que se hunde en el agua estancada del tiempo
que permanece inmóvil en un aliento oscuro
más denso que el dolor.
Ignora la cintura lo que la mano busca
más allá de los límites desiertos de la seda.

28 febrero 2008

“Vida” (Jorge Rojas).


Vivir como una isla,
lleno por todas partes
de ti, que me rodeas
ya presente o distante
con un temblor de luz
primera, sin pulir,
sin arista de tarde,
ni sombra de jardín.

Y ángeles en espejos
guardando tu mirada
para hacerse verdades
y noches estrelladas.

27 febrero 2008

"Carta de amor" (Alda Merini).


Escribe una carta de amor solamente
que tenga la semilla de un gran suspiro
y después olvídala en la memoria
para que yo la pueda escuchar.
De noche, cuando duermes,
aunque tú no lo sabes, vengo a buscarte:
mi límite frío de sueño
se compagina con el tuyo,
vivimos sobre dos desiertos
que al atardecer se transforman en colinas
y desnudo mis senos en la noche
ansiosa de que tú los mires.

26 febrero 2008

"Flor de barranco" (Manu Cáncer).


Las flores de barranco
nacen sin más, cada mañana,
como esa flor,
tan terca y silenciosa,
sé que nace
mi amor
por ti
cada mañana.

25 febrero 2008

"Detenida en el hueco de tu espacio..." (Concha Lagos).


Detenida en el hueco de tu espacio,
fácil a la impaciencia de tu mano,
en el juego incansable, agua y luz,
de la arena y la ola por la playa.

Encendida de ti, llama en tu fuego,
varada ya en tu orilla, puerto y ancla,
presintiendo las cifras de la resta,
mientras sumo otra vez amor y duda.

Otra vez a volar, redoble, vuelo.
A contra luz voltean las campanas
el alegre repique de esta tarde
en vuelo por el aire de tu torre.

22 febrero 2008

"Sueño en el jardín", de "Estancias" (Ángel Silva Medardo).


Inmóvil duerme el agua del estanque aceituna
bajo las melodiosas cúpulas florecidas.
Y, como Ofelina en Hamlet, va el cuerpo de la luna,
inerte, sobre el lecho de las ondas dormidas...

Las dos... soñando en Ella por la avenida voy...
mis brazos la presienten y mi labio la nombra...
Inútil idealismo! si únicamente soy
una sombra que busca las huellas de otra sombra!

21 febrero 2008

"Los feroces racimos" (Aurora Luque).


Palabras susceptibles de encenderse,
risas como uvas frescas y doradas,
cuerpos para tatuarlos con palabras,
mares que se maduran en la luz.

Los dioses no podrían darte más.
Te dan, última fruta de la cesta,
los feroces racimos del deseo,
su pulpa ensangrentada.

20 febrero 2008

"Sencillos deseos" (Gioconda Belli).


Hoy quisiera tus dedos
escribiéndome historias en el pelo,
y quisiera besos en la espalda,
acurrucos, que me dijeras
las más grandes verdades
o las más grandes mentiras,
que me dijeras por ejemplo
que soy la mujer más linda,
que me querés mucho,
cosas así, tan sencillas, tan repetidas,
que me delinearas el rostro
y me quedaras viendo a los ojos
como si tu vida entera
dependiera de que los míos sonrieran
alborotando todas las gaviotas en la espuma.

Cosas quiero como que andes mi cuerpo
camino arbolado y oloroso,
que seas la primera lluvia del invierno
dejándote caer despacio
y luego en aguacero.

Cosas quiero, como una gran ola de ternura
deshaciéndome un ruido de caracol,
un cardumen de peces en la boca,
algo de eso frágil y desnudo,
como una flor a punto de entregarse
a la primera luz de la mañana,
o simplemente una semilla, un árbol,
un poco de hierba.

19 febrero 2008

"Encuentros" (Darío Jaramillo Agudelo).


Arrodillado te degusto
te lamo y lamo
olfateo cada parte de ti
te aprendo con labios y nariz
te estremezco y ensalzo
subo y bajo
lengua de pezón a pubis
lengua de boca a oreja
interminable.

18 febrero 2008

"Mastúrbate" (Irene Gruss).


Mastúrbate
úntate cada pezón con miel
y baja el mentón, la lengua
saben dulces, toca
circularmente cada punta morada, agrietada o lisa
y luego acaricia el vientre, el ombligo,
haz cine o literatura
con la mente pero no olvides los pezones,
la miel, el dedo circular
hazlo frente al televisor mientras te ríes
y te humillas: mastúrbate, abandona,
cuida el clítoris como a la piel de un niño,
escucha el viento que suena detrás
de la ventana cerrada, guarda tu jugo
a escondidas del mundo
y mastúrbate, que tus piernas
comiencen a abrirse y a cerrarse
que tu murmullo sea un gemido ronco,
grito agudo en el aire, en el hueco que
pide penetración, contacto,
habla despacio
hazlo en silencio pero gime
aúlla
murmura aunque sea el goce
el rozarse de tu pelo en la almohada
en la alfombra en la nuca,
mastúrbate,
hasta que las rodillas tiemblen
hasta que caigan
lágrimas y suene esta vez
no un viento sino un timbre
y otro, regular la campanilla,
recién entonces
dilátate como en el parto
lubrica tu vagina, el tubo que
sigue llamando, levántalo, bájalo
introdúcelo
y escucha ahora su voz,
lejana, ajena,
y cierra tus ojos, su boca
tan adentro.

15 febrero 2008

Fragmento de "Pasos" (Jerzy Kosinski).


Recordando que yo no debía hablar, miré el cabello revuelto de la muchacha, sus muslos nítidamente curvados, la redondeada carne de sus hombros. Sabía que, para ella, yo no era más que un capricho del hombre a quien amaba, una mera prolongación de su cuerpo, de su contacto, de su amor, de su desdén. Sentí que mi deseo crecía mientras estaba de pie junto a ella, pero la conciencia del papel que desempeñaba prevalecía sobre mi deseo de poseerla. Para superar esto, traté de recordar las imágenes de aquella mujer que me había excitado con tanta frecuencia en la oficina: una axila vislumbrada por la abertura de su blusa sin mangas, el movimiento de sus caderas dentro de los límites de su falda.

Me acerqué más a ella: se resistió, pero no se apartó. Comencé a tocarle la boca, el cabello, los senos, el vientre y acaricié sus carnes hasta que gimió y alzó los brazos en un gesto que podía ser rechazo o de invitación. Me dispuse a tomarla con los ojos cerrados para borrar su desnudez, rozándole con la cara la lisa venda.

La penetré bruscamente: no se resistió. Con un movimiento al principio tímido y luego casi apasionado, sus manos me atrajeron, oprimiendo mi cabeza contra su pecho. Su cabellera suelta se esparció alrededor de su cabeza, su cuerpo se puso en tensión, sus labios se entreabrieron en un asombro sin voz. Nuestros cuerpos se estremecieron: me dejé caer a su lado.

14 febrero 2008

Fragmento de "La alfombrilla de los goces y los rezos" (Li Yu).


...tenderse junto a una pareja de amantes y escuchar los ruidos que hacen: es suficiente para volverse loco de deleite. Cuando mi marido vivía, yo solía pedirle que sedujera a una criada y que lo hiciera lo más rápida y ruidosamente posible, para que la muchacha no pudiera contenerse y comenzara a gritar. Eso me transportaba y tosía, momento en que él volaba a mi cama y empujaba con todas sus fuerzas. Le hacía pasar por alto la estrategia habitual y lo arrojaba a un ataque continuo. Yo no sólo experimentaba una sensación placentera en mi interior, sino que ésta llegaba al fondo de mi corazón y me corría después de setecientas u ochocientas arremetidas. Cómo método, es todavía mejor que las imágenes y novelas eróticas.

13 febrero 2008

"El baile de la victoria" (Antonio Skármeta).


Alejaba sus labios hacia las rodillas, mordía levemente su fortaleza ósea, rodaba la lengua sobre la piel del fémur, restregaba la nariz encima de los talones, untaba de saliva las plantas de sus pies, hacía chocar sus dientes frutales contra los montículos de sus tobillos, y sus senos, henchidos por la autoridad de la calentura, asomaban una y otra vez en esa suerte de oleaje que iba trayendo y llevando sus caricias.

Casi con una pirueta, el joven la prendió de la cintura, la puso bajo su cuerpo, resbaló una de sus manos hasta la cavidad de su vientre e, inspirado por esa humedad, estuvo un rato merodeándole el clítoris, convenciéndole de que era real en ella el vértigo de la piel de una uva. No pudo resistir ese hechizo y descendió a olerlo y besarlo, a enredarlo en su lengua, y a apretarlo muy leve entre la abertura de sus dientes superiores. El recuerdo de su danza le inspiraba tanto la acción como el control, y la suavidad de la saliva mezclándose con sus fluidos hizo que no perdiera ya más de vista el urgente camino del deseo.

12 febrero 2008

"Clítoris" (Ana Istarú).



Mi clítoris destella
con las barbas de la noche
como un pétalo de lava,
como un ojo tremendo
al que ataca la dicha,
al que al placer ataca
y contraataca
con zumos delicados,
enfebrecidas salamandras.

El útero olvida
su suave domicilio. Desata
las cuerdas del espacio.
Varón, que te recorre
mi pubis, fuego y raso.

11 febrero 2008

"Tu cuerpo" (Lucía Muñiz).

Una vez más, traído por Anaïs.


Tu cuerpo es una vasija de éxtasis
en mis manos de orfebre
yo te recorro vacilante
con el temor a los caminos inciertos
saboreando tus gemidos,
en el silencio, dispersos
mientras tu piel se abre en delicias prohibidas
le doy forma final a tu figura
y en medio de la noche húmeda
te enciendes
te quiebras
y estallas
empapado de ternura.

08 febrero 2008

"Cifra" (Renée Ferrer).


Cómo el dolor me abre el deseo.

Tenderme a la vera de tu cuerpo
sospechando las ansias,
los temblores,
ornar con flores robadas
el puente de nuestro aliento
intercambiando besos,
trozos de tiempo.

El sol se nos metió en los dedos
haciendo borbotar
el caldo del encuentro.

Al instante le crece permanencia.

Tu latido dialoga con mi pena
que sin nosotros notarlo
se ha disuelto.

Todo sucumbe al punto, sin embargo,
y vuelvo a ser
una cifra cualquiera en un cuaderno.

07 febrero 2008

"El sueño de sus sueños" (Justo Jorge Padrón).


Soñaron con el único tesoro
que alguna vez podría deslumbrarles:
ser el uno en el otro enteramente,
tornarse indestructibles para el tiempo y el mundo.

Anhelaron forjarse con poderes telúricos,
mitad árbol y viento, mitad tierra y hoguera,
y el soplo de la vida navegó por su sangre,
surgiendo vigoroso de la luz
de sus cuatro pupilas hechizadas.

El sueño de sus sueños fue el haberse encontrado,
porque desde ese instante, solitario y raigal,
se hicieron alma y sombra de un amor indeleble.

06 febrero 2008

"En la ardentía del placer me has desnudado" (Juan Ramón Jiménez).


En la ardentía del placer me has desnudado
todo: tus senos tibios, dulces como la muerte,
tus brazos imprevistos con sus hierbas de luto,
la misteriosa pesadilla de tu vientre…

El placer ha sentido todo, bajo sus manos,
bajo sus labios, bajo sus fantasías, entre
la locura sin nombre de todos los ardores
un fuego de colores en un fuego de fiebres.

Luego, un pudor que torna de tu inocencia antigua
te hace, si te sonrío, rojecer levemente
y te arreglas tus faldas y te guardas tus pechos
confusa, con un aire dulce y adolescente.

05 febrero 2008

"La habitación azul".

Esto me lo ha enviado Virginia. Son los títulos de crédito de la película "La habitación azul".

04 febrero 2008

"Cuerpo de mujer" (Pablo Neruda).


Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
y hace saltar al hijo del fondo de la tierra.

Fui sólo como un túnel. De mí huían los pájaros,
y en mí la noche entraba en su invasión poderosa.
Para sobrevivirme te forjé como un arma,
como una flecha en mi arco, como una piedra en
mi honda.

Pero cae la hora de la venganza, y te amo.
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
¡Ah los vasos del pecho! ¡Ah los ojos de ausencia!
¡Ah las rosas del pubis! ¡ Ah tu voz lenta y triste!

Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.
Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue y el dolor infinito.

01 febrero 2008

"El insecto" (Pablo Neruda).




De tus caderas a tus pies
quiero hacer un largo viaje.

Soy más pequeño que un insecto.

Voy por estas colinas,
son de color de avena,
tienen delgadas huellas
que sólo yo conozco,
centímetros quemados,
pálidas perspectivas.

Aquí hay una montaña.
No saldré nunca de ella.
¡Oh qué musgo gigante!
¡ Y un cráter, una rosa
de fuego humedecido!

Por las piernas desciendo
hilando una espiral
o durmiendo en el viaje
y llego a tus rodillas
de redonda dureza
como a las cimas duras
de un claro continente.

Hacia tus pies resbalo,
a las ocho aberturas,
de tus dedos agudos,
lentos, peninsulares,
y de ellos el vacío
de la sábana blanca
caigo, buscando ciego
y hambriento tu contorno
de vasija quemante!