30 marzo 2007

Fragmento de "Bella y oscura" (Rosa Montero).



Me han deseado muchos y por diversas causas: porque soy un monstruo y porque soy perfecta, porque soy muy vieja o porque parezco una niña. Todos quisieron mi cuerpo y lo han tenido; algunos, más bestiales y crueles, también tuvieron mi dolor o mi miedo. Pero sólo un hombre obtuvo mi voluntad y mi tiempo. Aquel hombre me hizo su esclava, porque le amé y le amo. Y la pasión es una enfermedad del alma que te hace perder la libertad irremisiblemente. No hay pasión sin esclavitud; y si quieres a alguien sin ese sentido de derrota, sin esa dependencia ansiosa del ser amado, entonces es que no le amas de verdad. El amor es la droga más fuerte y más perversa de la naturaleza; es un mal luminoso, que te engaña con sus chispas de colores mientras que te devora. Pero una vez que has conocido la vida febril de la pasión, no puedes resignarte a regresar al mundo gris de la vida sensata.

29 marzo 2007

"Propuesta del higo" (Carmen Matute).



Te propongo
la dulzura del higo,
su carne sonrosada,
replegada y húmeda
como un animal marino.

Goza el misterio de este fruto,
su textura de molusco,
su íntimo tamaño.

Tersa,
su pulpa
apremiará el deseo
de tu lengua.

Te propongo
las delicias del higo.
Muerde su violado,
desamparado centro,
prueba de nuevo -empecinado-
su carne
que guarda mieles y diluvios.

Las delicias y dulzura del higo
-pequeño y desbordado-
tan sólo te propongo.
Que tu boca profunda
se demore
en el dulzor secreto,
que asalte con lentitud
su carne desvelada.

Deja que a tu paladar
traiga la memoria
de sabores primitivos.

28 marzo 2007

"La penunbra del cuarto" (Coral Bracho).



Entra el lenguaje.
Los dos se acercan a los mismos objetos. Los tocan
del mismo modo. Los apilan igual. Dejan e ignoran
las mismas cosas.
Cuando se enfrentan, saben que son el límite
uno del otro.
Son creador y criatura.
Son imagen,
modelo,
uno del otro.
Los dos comparten la penumbra del cuarto.
Ahí perciben poco: lo utilizable
y lo que el otro permite ver. Ambos se evaden
y se ocultan.

26 marzo 2007

"Oración enamorada" (Juan Daniel Perrotta).



Sé que es bueno que madruguemos juntos,
que nuestros pies se pierdan nuevamente,
gozar en el banquete de los cuerpos
y ceder fácilmente a los jadeos,
pero vida... búscame en lo profundo.

Aunque el café con leche esté servido,
yo acerque la bandeja hasta la cama
y la sábana caiga juguetona,
liberando un vaivén ante mis ojos,
también, vida... búscame en lo profundo.

Como se ama a un muerto muy querido
queriendo besar la calavera,
como mi primer te amo, como el tuyo,
así, recomencemos cada día.
siempre vida... búscame en lo profundo.

22 marzo 2007

"Ella" (Eduardo Langagne).


Ella está hecha a semejanza de las cosas que amo.
Se parece a la noche,
o mejor: a una noche sin ausencias.
Ella es exacta.
Cuando la noche escurre, su cuerpo se humedece.
Me permite trepar por mis temblores
y agitar su nombre desde la oscuridad.
Ella es irrepetible.
Nació en las piedras donde empieza mi desorden.

21 marzo 2007

Fragmento de "La inmortalidad" (Milan Kundera).


Los dos se tendieron con ansia sobre las olas de esa corriente que atraviesa a todas las mujeres y todos los hombres, esa corriente mística de imágenes obscenas en las que, si bien cualquier mujer se parece a cualquier mujer, un rostro diferente da a las mismas imágenes y palabras distinta fuerza y embelesamiento. Escuchaba lo que le decía la mujer que toca el laúd, escuchaba sus propias palabras, miraba su tierno rostro de doncella gótica que pronunciaba palabras obscenas y se sentía cada vez más embriagado.
El tiempo gramatical de sus sueños obscenos era el futuro: la próxima vez harás esto y aquello, escenificaremos tal y cual situación... Ese futuro gramatical convierte el soñar en una permanente promesa (en una promesa que en el momento de recuperar la sobriedad pierde valor, pero como nunca se olvida vuelve a ser una y otra vez promesa).

Por eso tuvo que suceder que una vez la esperara en el vestíbulo del hotel con su amigo M. Subieron los tres a la habitación, bebieron, rieron y después ellos empezaron a desnudarla. Cuando le quitaron el sujetador, se cogió los pechos con las manos, intentando cubrirlos por completo con las palmas. Luego la llevaron (sólo tenía puestas las bragas) hasta el espejo (el cuarteado espejo de la puerta del armario) y ella quedó allí en medio de los dos, con la mano izquierda en el pecho izquierdo y la derecha en el derecho, y se miraba fascinada en el espejo. Rubens se fijó muy bien en que mientras ellos dos la miraban a ella (su cara, sus manos que tapaban los pechos), ella no los veía, observándose como hipnotizada a sí misma.

20 marzo 2007

Fragmento de "El sentido de la belleza" (George Santayana).


El sexo dota al individuo de un instinto mudo y poderoso que arrastra su cuerpo y su alma constantemente hacia otro; por él, una de las dedicaciones más preciadas de la vida es elegir un compañero y seguirlo; y el sexo une la posesión con el placer más intenso, la rivalidad con la rabia más feroz y la soledad con una eterna melancolía. ¿Qué más podría precisarse para infundir en el mundo el sentido y la belleza más profundos?

19 marzo 2007

"Algún día" (Darío Jaramillo).



Algún día te escribiré un poema que no
mencione el aire ni la noche;
un poema que omita los nombres de las flores,
que no tenga jazmines o magnolias.
Algún día te escribiré un poema sin pájaros,
sin fuentes, un poema que eluda el mar
y que no mire a las estrellas.
Algún día te escribiré un poema que se limite
a pasar los dedos por tu piel
y que convierta en palabras tu mirada.
Sin comparaciones, sin metáforas;
algún día escribiré un poema que huela a ti,
un poema con el ritmo de tus pulsaciones,
con la intensidad estrujada de tu abrazo.
Algún día te escribiré un poema, el canto de mi dicha.

16 marzo 2007

"Bajo la ducha, amar" (Carlos Drummond de Andrade).


Bajo la ducha amar, jabón y besos,
o en la bañera amar, vestidos de agua,
amor escurridizo, huye, se traba,
vuelve a huir, agua en los ojos,
agua en las bocas, baile, navegación,
inmersión, lluvia, esa espuma en los vientres,
la blancura triangular del sexo.
¿Esa agua, esperma, amor desvaneciéndose,
o nos volvemos fuente?

15 marzo 2007

Fragmento de "Plenilunio" (Antonio Muñoz Molina).



Casi sin darse cuenta había empezado a acariciarla mientras hablaban en voz baja, tan lentamente como ella entraba en calor, los pies muy fríos enredados a los suyos, y al ir siguiendo con los dedos ahora más sensitivos y audaces el tacto de la piel y las sinuosidades ya familiares que buscaba y reconocía luego con los labios, volvió a acordarse, ahora sin miedo ni vergüenza, sólo con dulzura, casi con agradecimiento, de los sueños eróticos de los catorce años, y le pareció que la veía a ella como era ahora mismo y como había sido la primera vez que unos ojos masculinos la vieron desnuda. Lo perdía todo, se despojaba de todo, igual que al desnudarse ella había dejado caer al suelo las bragas y el sujetador y se había aproximado a él como emergiendo de las prendas abandonadas e inútiles, caídas a sus pies con un rumor de gasa. No había urgencia, ni incertidumbre, ni ademanes de fiebre o ansiosa brutalidad. La veía moverse oscilando, erguida, acomodándose despacio encima de él, el pelo sobre la cara, mezclado con la sombra, los hombros hacia atrás, las dos manos que le sujetaban con fuerza los muslos.

Desfallecieron los dos en la misma oleada densa de dulzura, que él fue percibiendo como si le llegara desde lejos, anunciada, indudable, desconocida, duradera y lenta, no extinguida todavía después del final, cuando se quedaron quietos los dos y ella se desprendió poco a poco de él mientras iba dejándose caer a su lado.

14 marzo 2007

Fragmento de "El hombre sentado en el pasillo" (Marguerite Duras).



Él espera. Ella devuelve su rostro a la sombra con los ojos cerrados y a su vez espera. Entonces, a su vez, él lo hace.
Lo hace primero encima de la boca. El chorro se estrella en los labios, en los dientes ofrendados, salpica los ojos, los cabellos y luego baja por el cuerpo, inunda los pechos, lento ya en el fluir. Cuando llega al sexo se renueva, se estrella en su calor, se mezcla a su leche, espuma, y luego se agota. Los ojos de la mujer se entreabren sin mirada y vuelven a cerrarse.
Verdes.

13 marzo 2007

"Cármen del Éxtasis" (Eugenio de Nora).


Distraída del mundo, más, lejana como un vuelo de pájaros, tú existes donde el silencio empieza,
donde el alma, donde las avenidas misteriosas,
de árboles altos y de sombra extraña
nos llevan a la pena más hermosa,
donde la noche llora, constelada frente a sí misma, porque todo es poco, porque los mundos brillan en la nada, como nosotros, donde la belleza suspende el tiempo, donde canta mi voz más sola, en mi reducto último,
allí estás tú, silencio, alma.

Alza los ojos, tienes la cabeza de una imposible luz aureolada,
quieres, querrías, pero no te sientes,
porque eres sólo noche, noche clara.
Ah dame ese silencio, rompe esta belleza que nos mata, y en tu infinita noche, álcese un viento dulce, despertando ramas.

12 marzo 2007

"Los amantes" (Óscar Acosta).



Los amantes se tienden en el lecho
y suavemente van ocultando las palabras y los besos.
Están desnudos como niños desvalidos
y en sus sentidos se concentra el mundo.
No hay luz y sombra para sus ojos apagados
y la vida no tiene para ellos forma alguna.

La hermosa cabellera de la mujer puede ser una rosa,el agua tibia o un surtidor enamorado.
El fuego es solamente un golpe oscuro.
Los amantes están tendidos en el lecho.

09 marzo 2007

"El deseo", de "Las canciones de Bilitis" (Pierre Louys).


Ella entró, y apasionadamente, los ojos
cerrados, unió sus labios a los míos y
nuestras lenguas se conocieron... Nunca hubo
en mi vida un beso como aquél.

Ella estaba de pie contra mí, toda amorosa
y complaciente. Una de mis rodillas, poco
a poco, se colocó entre sus muslos cálidos,
que cedieron como para un amante.

Mi mano deslizándose sobre su túnica,
buscaba adivinar el cuerpo desnudo que curva
a curva ondulante se plegaba, donde se combaba, se atiesaba con los roces de la piel.

Con sus ojos en delirio, designaba el lecho,
pero no teníamos el derecho de amarnos antes
de la ceremonia de nupcias y nos separamos
bruscamente.

08 marzo 2007

Fragmento de "Bella del Señor" (Albert Cohen).



En aquel hotel de Agay, pensaban sólo en sí mismos y en conocerse por completo, en abrir sus vidas entre dos vínculos, atractivamente habituales. Noches similares, rostros fatigados, pausas seductoras, y dejaba ella correr sus dedos por el hombro desnudo del amante para expresarle su recompensa o deslumbrarle y él cerraba los ojos, sonreía de placer. Reposaban abrazados de sus significativas penalidades, se dormían después de tiernos susurros y glosas, emergían del sueño para acercar sus labios o para unirse mejor el uno al otro, o confusamente yacer, medio dormidos, o furiosamente encontrados, repentinamente dispuestos. Y proseguía luego el sueño conjunto, tan grato. ¿Cómo no dormir juntos?.

Al amanecer, él la abandonaba dulcemente, velando por no despertarla y se iba a su cuarto. A veces ella abría los ojos. No me dejes, gemía. Pero él se desprendía de sus brazos que lo retenían ligeramente, la tranquilizaba, le aseguraba que no tardaría en volver.
Sus alejamientos matutinos eran porque no quería que ella lo viese imperfecto, sin afeitar ni bañar.

07 marzo 2007

Fragmento de “Beatriz y los cuerpos celestes” (Lucía Etxebarria).


Tomarla en mis brazos, besar aquel trozo de piel donde el cabello dorado se convertía en una pelusilla blanca y sedosa. El perfume dulzón mezclándose con otro aroma, el mío; su mano que descansa en mi vientre, y las puntas de sus dedos que descienden tamborileando hacia la cumbre de mis muslos; abrir las piernas y adelantar las caderas; rodar y revolcarnos enredadas en una masa de brazos y piernas; estremecimiento salvaje y la habitación que se fragmenta en trocitos y se disuelve.

"I just don't know what to do with myself" (The white stripes).

06 marzo 2007

Fragmentos de “Cien años de soledad” (Gabriel García Márquez).


Gabriel García Márquez celebrará en 2.007 el cuadragésimo aniversario de la publicación de su obra cumbre, "Cien años de soledad" (1967), y el cuarto de siglo desde la recepción del Premio Nobel de Literatura en 1.982.

"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construida a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo".

***

"José Arcadio Buendía, que era el hombre más emprendedor que se vería jamás en la aldea, había dispuesto de tal modo la posición de las casas, que desde todas podía llegarse al río y abastecerse de agua con igual esfuerzo, y trazó las calles con tan buen sentido que ninguna casa recibía más sol que otra a la hora del calor. En pocos años, Macondo fue una aldea más ordenada y laboriosa que cualquiera de las conocidas hasta entonces por sus trescientos habitantes. Era en verdad una aldea feliz, donde nadie era mayor de treinta años y donde nadie había muerto".

***

"Vio una mujer vestida de oro en el cogote de un elefante. Vio un dromedario triste. Vio un oso vestido de holandesa que marcaba el compás de la música con un cucharón y una cacerola. Vio a los payasos haciendo maromas en la cola del desfile, y le vio otra vez la cara a su soledad miserable cuando todo acabó de pasar, y no quedó sino el luminoso espacio en la calle, y el aire lleno de hormigas voladoras, y unos cuantos curiosos asomados al precipicio de la incertidumbre. Entonces fue el castaño, pensando en el circo, y mientras orinaba trató de seguir pensando en el circo, pero ya no encontró el recuerdo. Metió la cabeza entre los hombros, como un pollito, y se quedó inmóvil con la frente apoyada en el tronco del castaño".

***

"En aquél Macondo olvidado hasta por los pájaros, dónde el polvo y el calor se habían hecho tan tenaces que costaba trabajo respirar, recluidos por la soledad y el amor y por la soledad del amor en una casa dónde era casi imposible dormir por el estruendo de las hormigas coloradas, Aureliano y Amaranta Úrsula eran los únicos seres felices, y los más felices sobre la tierra."

05 marzo 2007

Crepúsculo, de "Deux morceaux de prose" (Pierre Loti).


Era un crepúsculo de junio; había perfumes de flores en el cementerio, perfumes tan suaves, tan penetrantes, que me embriagaban; había guirnaldas de rosas sobre las tumbas y altas hierbas floridas sobre las que las falenas y las moscas bailaban sus corros ligeros.
Todo me emborrachaba de deseos de vida y de amor, a mí, que estaba muerto.

02 marzo 2007

Felicidades.


El domingo es mi cumpleaños,
¿te vienes?...

(Ya sabes donde encontrarme).

"En una de esas tardes" (Carles Pellicer).



En una de esas tardes
sin más pintura que la de mis ojos,
te desnudé
y el viaje de mis manos y mis labios
llenó todo tu cuerpo de rocío.

Aquel mundo amanecido por la tarde,
con tantos episodios sin historias,
fue silenciosamente abanderado
y seguido por pueblos de ansiedades.

Entre tu ombligo y sus alrededores
sonreían los ojos de mis labios
y tu cadera,
esfera en dos mitades,
alegró los momentos de agonía
en que mi vida huyó para tu vida.

Estamos tan presentes,
que el pasado no cuenta sin ser visto.
No somos lo escondido;
en el torrente de la vida estamos.

Tu cuerpo es lo desnudo que hay en mí
toda el agua que va rumbo a tus cántaros.
Tu nombre, tu alegría…

Nadie lo sabe;
ni tú misma a solas.

"Out of touch" (Uniting Nations).


Este jardinero, abnegado trabajador, ha decidido darse un homenaje con partida de poker incluida.
Que si que las cosas no han salido tal y como se prometían pero como se dice comúnmente, que me quiten lo bailao.
Saludos, con resaca hoy, desde un lugar indeterminado.



01 marzo 2007

"No eres lo que dices" (Iván Tubau).


Lo descubrí hace años en Ibiza: no eres
la que habla conmigo como las profesoras,
la que dice palabras como estratigrafía,
sobredimensionar y propósitos lúdicos,
sino la que recorre mis recovecos tibios
con una mano sabia y amable siempre húmeda,
la que impregna mi lengua con sus zumos secretos,
la que gime muy suave, la que grita muy fuerte.