
28 febrero 2007
Fragmento de “Toda esta admiración dilapidada” (Elías Canetti).

Cuando me preguntaron por qué era así, siempre tuve razones convincentes. El orgullo fue la más importante, el orgullo en el que creía. Hoy me seduce la idea de comenzar una vida en un nuevo idioma. Amo el lugar donde vivo más que cualquier otro. Me resulta tan familiar como si hubiese nacido aquí. A fuerza de ser un eterno extranjero, soy el más auténtico de sus habitantes.
El divorcio entre esta patria y mi soliloquio es perfecto.
27 febrero 2007
Fragmento de "Antes de olvidarte" (Andre Brink).

Su vagina era como un gran hongo exótico pinchado en un árbol, una pequeña cúpula de placer como nunca he visto, donde el sagrado río fluye hacia un mar sin mareas. Sin mareas.
Sus movimientos eran espasmódicos, un flujo y reflujo que podía llevarte muy lejos, hasta donde nunca antes te habías lanzado, salvaje y triunfalmente, a una playa barrida por el viento sin final.
26 febrero 2007
"Eros es el agua" (Gioconda Belli).

Entre tus piernas
el mar me muestra extraños arrecifes
rocas erguidas corales altaneros
contra mi gruta de caracolas concha nácar
tu molusco de sal persigue la corriente
el agua corta me inventa aletas
mar de la noche con lunas sumergidas
tu oleaje brusco de pulpo enardecido
acelera mis branquias los latidos de esponja
los caballos minúsculos flotando entre gemidos
enredados en largos pistilos de medusa.
el mar me muestra extraños arrecifes
rocas erguidas corales altaneros
contra mi gruta de caracolas concha nácar
tu molusco de sal persigue la corriente
el agua corta me inventa aletas
mar de la noche con lunas sumergidas
tu oleaje brusco de pulpo enardecido
acelera mis branquias los latidos de esponja
los caballos minúsculos flotando entre gemidos
enredados en largos pistilos de medusa.
Amor entre delfines
dando saltos te lanzas sobre mi flanco leve
te recibo sin ruido te miro entre burbujas
tu risa cerco con mi boca espuma
ligereza del agua oxigeno de tu vegetación de clorofila
la corona de luna abre espacio al océano
de océano los ojos plateados
fluye larga mirada final
y nos alzamos desde el cuerpo acuático
somos carne otra vez
una mujer y un hombre
entre las rocas.

23 febrero 2007
"Amor entre ruinas" (Alí Chumacero).

Como un incendio al aire desatado
o una flor suspensa sobre el agua,
en lenta conjunción nuestros desnudos abren el cauce del deseo desbordándose en alas y gemidos de silencioso aroma;
encienden sobre el tacto un suave mar que inunda
con sus trémulas olas palpitando
a través de la piel, acumuladas
bajo el húmedo aliento de los labios
y este duro anegarse en humo o en temblor
surgido desde el sueño, como eterna marea que consume el herido temor donde flotamos.
Cerca mi cuerpo al tuyo dolorido,
cíngulo ardiente que a tu carne ciñe
volcándola hacia el vuelo de mi mano
al tacto deslizada,
ola, caricia o llama
sobre el silencio de tu piel,
en esta soledad de nuestro lecho.
22 febrero 2007
"Las luces del amanecer" (Jesús Munárriz).

Las luces del amanecer
abren caminos que cruzan la noche,
se acerca un nuevo día y tú
vas a tener que abandonarme.
Ahora descansas junto a mí,
sueñas que te has quedado para siempre,
sonríes con la placidez
de quien no tiene recovecos,
pero la luz está ya ahí,
ya han despertado los gorriones,
se oye la vida que aletea
y anuncia nuestra despedida.
Porque te tienes que marchar
aunque ni tú ni yo lo deseamos,
vas a dejar un hueco en mí
de dimensión aterradora,
porque te vas de este país
y de este cuerpo mío, y de estos besos,
y no sé qué va a ser de ti
ni si alguna vez nos veremos.
Llega la luz, te digo adiós
sin despertarte, dulcemente,
luego me inclino hasta tu oído
para darte los buenos días.
21 febrero 2007
"A pesar de todo" (Hugo Ditaranto).

Te busco desde el origen de la palabra.
Te toco más allá de la tibieza
donde tu pie anduvo junto al mío.
Estás sobre mi mano, pegada a mi mirada.
Mi corazón ajeno a todo lo que le duele
te sonríe cantando de alegre melodía.
Y tu voz arco encendido de murmullos
me dice tu soledad de caracola en playa.
Y tu silencio que habla por tus ojos desnudos
hechos de red de algas, para que des conmigo.
Tus manos
desde las sombras mismas llegaron al secreto.
Y el amor sobrevino.
Te toco más allá de la tibieza
donde tu pie anduvo junto al mío.
Estás sobre mi mano, pegada a mi mirada.
Mi corazón ajeno a todo lo que le duele
te sonríe cantando de alegre melodía.
Y tu voz arco encendido de murmullos
me dice tu soledad de caracola en playa.
Y tu silencio que habla por tus ojos desnudos
hechos de red de algas, para que des conmigo.
Tus manos
desde las sombras mismas llegaron al secreto.
Y el amor sobrevino.
20 febrero 2007
"Disciplina secreta" (Luís García Montero).

La primera acepción que el vigente Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española nos da de la palabra ancla es "instrumento fuerte de hierro forjado, en forma de arpón o anzuelo doble, compuesto de una barra, llamada caña, que lleva unos brazos terminados en uña, dispuestos para aferrarse al fondo del mar y sujetar la nave".
A veces las anclas en vez de estabilizarnos, lo que hacen es impedirnos navegar...
La casa como barco
en alta mar de junio.
Las calles como trenes
de noche sosegada.
Estas cosas no pasan en el mundo.
Estoy por afirmar
que ahora vivo en un libro de poemas.
Pero si tú me miras,
decidida a existir
desde el fondo templado de tus ojos,
también existe el mundo.
Y muy probablemente
yo acabaré por existir contigo.
19 febrero 2007
"Afán para no separarme de ti" (Pedro Salinas).

Afán para no separarme de ti, por tu belleza, lucha por no quedar en donde quieres tú, aquí en los alfabetos, en las auroras, en los labios.
Ansia de irse dejando atrás anécdotas, vestidos, caricias, de llegar atravesando todo lo que en ti cambia, a lo desnudo y a lo perdurable.
Ansia de irse dejando atrás anécdotas, vestidos, caricias, de llegar atravesando todo lo que en ti cambia, a lo desnudo y a lo perdurable.
Y mientras siguen dando vueltas y vueltas, entregándose, engañándose, tus rostros, tus caprichos y tus besos, tus delicias volubles, tus contactos rápidos con el mundo, haber llegado yo al centro puro, inmóvil, de ti misma, y verte cómo cambias, y lo llamas vivir, en todo, en todo sí, menos en mí, donde te sobrevives.
16 febrero 2007
15 febrero 2007
"Tu nombre" (Jaime Sabines).

Trato de escribir en la oscuridad tu nombre.
Trato de escribir que te amo.
Trato de decir a oscuras esto.
No quiero que nadie se entere, que nadie me mire a las tres de la mañana paseando de un lado a otro de la estancia, loco, lleno de ti, enamorado, iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote.
Digo tu nombre con todo el silencio de la noche, lo grita mi corazón amordazado.
Repito tu nombre, vuelvo a decirlo, lo digo incansablemente.
Y estoy seguro que habrá de amanecer.
14 febrero 2007
Fragmento de "La vieja sirena" (José Luís Sampedro).

El ritmo viril no es agresivo sino cósmico: vaivén de olas, palma mecida por la brisa. La piel de sus flancos se entrega a los muslos que la acunan apoyándose en los pies que sostienen el vaivén. Se siente mecido en una ola de carne que le envuelve con unas manos en su espalda, arañantes o acariciantes, y que le embriagan los oídos con el jadeo amoroso, con la palabra hecha música. Se disuelve en ella sin alarmarse, abandonándose, porque cuanto más se entrega más poderoso es su sexo, más grande con ese rendimiento su triunfo. Ahondando, ahondando, elevándose cuanto más se hunde, ensanchándose cuanto más se concentra. Ya no le envuelve el mar sino el cielo, las estrellas, el universo. Cede toda barrera, es anegado, arrebatado. Y ella es también más vencedora cuanto más vencida. El ímpetu del surtidor crece y crece, más alto, más cristalino, más afilado y vivo, todo lleno de una luz que convierte la gruta en un diamante cuyo centro es la pareja. Hasta que el surtidor se rompe, estalla, y la líquida lanza se hace flor derramándose redonda, en círculos, en inundaciones...

San Valentín.

Al parecer, hoy día 14 de febrero se celebra San Valentín, individuo que no pasaba de ser un sacerdote que hacia el siglo III ejercía en Roma durante el gobierno del emperador Claudio II, quien decidió prohibir la celebración de matrimonios para los jóvenes (debía haberlo hecho para todas las edades, pero esta es una opinión particular) porque según su criterio los solteros sin familia eran mejores soldados ya que tenían menos ataduras. Vamos, por una mera cuestión práctica.
El sacerdote consideró que el decreto era injusto, un ejemplo más de la intrusión de la Iglesia en cosas que no le competen, y desafió al emperador celebrando en secreto matrimonios para jóvenes enamorados. El emperador Claudio II se enteró y como Valentín gozaba de un gran prestigio en Roma, lo llamó a Palacio y ni corto ni perezoso aprovechó aquella ocasión para hacer proselitismo del cristianismo.
Aunque en un principio Claudio II mostró interés, el ejército y el Gobernador de Roma, llamado Calpurnio, le persuadieron para que se quitara de en medio a semejante alborotador y casamentero, por lo que el emperador dio orden de que encarcelasen a Valentín. Entonces, el oficial Asterius, encargado de tal misión quiso ridiculizar y poner a prueba a Valentín (el Asterius este también se las traía) y le retó a que devolviese la vista a una hija suya, que había nacido ciega. Valentín aceptó y, abracadabra, en nombre del Señor le devolvió la vista.
Este hecho convulsionó a Asterius y su familia (como para quedarse impávido vamos) quienes se convirtieron al cristianismo a la voz de ya. Pero pese a semejante prodigio, que ríete tu de Harry Potter y de David Copperfield, Valentín siguió preso y el emperador Claudio II finalmente ordenó que lo martirizaran y ejecutaran el 14 de Febrero del año 270, al parecer porque tenía una prospera clínica oftalmológica que con las sanaciones de Valentín podía venirse abajo.
Este humilde jardinero saca en conclusión de la anterior hagiografía que Valentín, gracias a sus aptitudes casamenteras y curativas ha sido el santo que más ha hecho porque progresen los gremios de los abogados y de los médicos oftalmólogos. De El Corte Inglés ya opinaremos en otro momento.
P.S.: Absténganse de pasear todos aquellos/aquellas a los que se les ocurra arrancar una sola flor de este Jardín para regalársela a su amado/amada.
13 febrero 2007
12 febrero 2007
Fragmento de "Travesuras de la niña mala" (Mario Vargas Llosa).

Nunca me había sentido tan excitado, tan conmovido, tan dichoso. ¿Estaba ocurriendo realmente todo esto? La niña mala jamás había sido tan ardiente, tan entusiasta, jamás había tomado tantas iniciativas en la cama. Siempre había adoptado una actitud pasiva, casi indiferente, en la que parecía resignarse a ser besada, acariciada y amada, sin poner nada de su parte. Ahora era ella la que me besaba y mordisqueaba por todo el cuerpo y respondía a mis caricias con prontitud y con una resolución que me maravillaba.
- ¿No quieres que te haga lo que te gusta? le murmuré.
- Primero yo a ti me contestó, empujándome con unas manecitas cariñosas para que me tendiera de espaldas y abriera las piernas.
- ¿No quieres que te haga lo que te gusta? le murmuré.
- Primero yo a ti me contestó, empujándome con unas manecitas cariñosas para que me tendiera de espaldas y abriera las piernas.
Se acuclilló entre mis rodillas y, por primera vez desde que hicimos el amor en aquella chambre de bonne del Hotel du Sénat, hizo lo que yo le había rogado tantas veces que hiciera y nunca quiso hacer: meter mi sexo en su boca y chuparlo. Yo mismo me sentía gemir, agobiado por el inconmensurable placer que me estaba desintegrando a poquitos, átomo por átomo, convirtiéndome en sensación pura, en música, en llama que crepita.
09 febrero 2007
"Me gusta mi cuerpo cuando está con tu cuerpo" (E.E. Cummings).

Me gusta mi cuerpo cuando está con tu cuerpo.
Es algo tan completamente nuevo.
Tiene más fuerza y está más vivo,
me gusta tu cuerpo, me gusta lo que hace,
me gustan sus formas y caminos.
Me gusta sentir la columna de tu cuerpo y sus huesos,
y su temblorosa-firme tersura a la que besaré
una y otra vez;
me gusta besar este y aquel rincón tuyo,
me gusta acariciar lentamente
la conmovedora mata de pelo electrizante
y me gusta cuando mi esencia se derrama
en la intimidad de tu carne abierta...
Y me gustan las profundas muestras de amor de tus ojos, y tal vez me gusta la emoción de ese tú tan completamente nuevo bajo mi cuerpo.
Es algo tan completamente nuevo.
Tiene más fuerza y está más vivo,
me gusta tu cuerpo, me gusta lo que hace,
me gustan sus formas y caminos.
Me gusta sentir la columna de tu cuerpo y sus huesos,
y su temblorosa-firme tersura a la que besaré
una y otra vez;
me gusta besar este y aquel rincón tuyo,
me gusta acariciar lentamente
la conmovedora mata de pelo electrizante
y me gusta cuando mi esencia se derrama
en la intimidad de tu carne abierta...
Y me gustan las profundas muestras de amor de tus ojos, y tal vez me gusta la emoción de ese tú tan completamente nuevo bajo mi cuerpo.
08 febrero 2007
"La rosa de los vientos" (Gonzalo Torrente Ballester).

No me respondas que ya no me entiendes:
Confuso, en el amor, es como claro,
Y las lenguas de amor no se adivinan.
¿Por qué no hablar de amores, sin embargo?
Las historias de amor son infinitas,
Felices unas, desdichadas otras:
Es lo que dicen los que nos las cuentan,
Como si las hubieran presenciado.
Nadie sabe qué dicen los amantes
Cuando se miran silenciosamente:
Nadie sabe qué hacen, o si hicieron
Algo más que llamarse por sus nombres.
¿Para qué quieren más, si eso les basta?
El amor es, por dentro, misterioso.
Esas manos de amantes, que resbalan
Por la pared de piedra, al alejarse,
Y empiezan a esperar desde ahora mismo;
Esas manos crispadas, que retienen
Cada una la huella de la otra,
Son silencio de amor, son esperanza.
Pero, el resto... ¿quién sabe qué es el resto?
Confuso, en el amor, es como claro,
Y las lenguas de amor no se adivinan.
¿Por qué no hablar de amores, sin embargo?
Las historias de amor son infinitas,
Felices unas, desdichadas otras:
Es lo que dicen los que nos las cuentan,
Como si las hubieran presenciado.
Nadie sabe qué dicen los amantes
Cuando se miran silenciosamente:
Nadie sabe qué hacen, o si hicieron
Algo más que llamarse por sus nombres.
¿Para qué quieren más, si eso les basta?
El amor es, por dentro, misterioso.
Esas manos de amantes, que resbalan
Por la pared de piedra, al alejarse,
Y empiezan a esperar desde ahora mismo;
Esas manos crispadas, que retienen
Cada una la huella de la otra,
Son silencio de amor, son esperanza.
Pero, el resto... ¿quién sabe qué es el resto?
07 febrero 2007
Fragmento de "Travesuras de la niña mala" (Mario Vargas Llosa).

La desnudé con todas las precauciones del mundo, estudiando, como objetos preciosos y únicos las prendas que llevaba encima, besando con unción cada centímetro de piel que aparecía a mi vista, aspirando el aura suave, ligeramente perfumada, que brotaba de su cuerpo. Ahora tenía una pequeña cicatriz casi invisible cerca de la ingle, pues la habían operado del apéndice, y llevaba el pubis más escarmenado que antaño. Sentía deseo, emoción, ternura, mientras besaba sus empeines, sus axilas fragantes, los insinuados huesecillos de la columna en su espalda y sus nalgas paraditas, delicadas al tacto como el terciopelo. Le besé los menudos pechos, largamente, loco de dicha.
-No te habrás olvidado de lo que me gusta, niño bueno me susurró al oído, por fin.
Y, sin esperar mi respuesta, se puso de espaldas, abriendo las piernas para hacer sitio a mi cabeza, a la vez que se cubría los ojos con el brazo derecho. Sentí que comenzaba a apartarse más y mejor de mí, del Russell Hotel, de Londres, a concentrarse totalmente, con esa intensidad que yo no había visto nunca en ninguna mujer, en ese placer suyo, solitario, personal, egoísta, que mis labios habían aprendido a darle. Lamiendo, sorbiendo, besando, mordisqueando su sexo pequeñito, la sentí humedecerse y vibrar.
-No te habrás olvidado de lo que me gusta, niño bueno me susurró al oído, por fin.
Y, sin esperar mi respuesta, se puso de espaldas, abriendo las piernas para hacer sitio a mi cabeza, a la vez que se cubría los ojos con el brazo derecho. Sentí que comenzaba a apartarse más y mejor de mí, del Russell Hotel, de Londres, a concentrarse totalmente, con esa intensidad que yo no había visto nunca en ninguna mujer, en ese placer suyo, solitario, personal, egoísta, que mis labios habían aprendido a darle. Lamiendo, sorbiendo, besando, mordisqueando su sexo pequeñito, la sentí humedecerse y vibrar.
Se demoró mucho en terminar. Pero qué delicioso y exultante era sentirla ronroneando, meciéndose, sumida en el vértigo del deseo, hasta que, por fin, un largo gemido estremeció su cuerpecito de pies a cabeza.
06 febrero 2007
"Las canciones de Bilitis" (Pierre Louys).

De lana viste la vecina ruda;
hay mujeres que lucen sedas, oro;
otras, con hojas cubren su decoro;
otra, las flores con primor anuda.
Yo no quiero vivir sino desnuda.
Tómame, amante, como voy.
hay mujeres que lucen sedas, oro;
otras, con hojas cubren su decoro;
otra, las flores con primor anuda.
Yo no quiero vivir sino desnuda.
Tómame, amante, como voy.
Adoro de joyas y damascos el tesoro,
mas, no a Bilitis una gasa escuda.
Son mis labios de un rojo sin ardides;
es negro mi cabello, sin tocado,
flota libre en mi frente un solo rizo.
Una noche de amor así me hizo
mi madre. Tómame cual soy, amado:
mas, si te gusto, dímelo... no olvides.
mas, no a Bilitis una gasa escuda.
Son mis labios de un rojo sin ardides;
es negro mi cabello, sin tocado,
flota libre en mi frente un solo rizo.
Una noche de amor así me hizo
mi madre. Tómame cual soy, amado:
mas, si te gusto, dímelo... no olvides.
05 febrero 2007
Fragmento de "Memorial de Claudi M. Broch" (Robert Saladrigas).

El hecho irreversible es que ahora examino mis manos y las encuentro vacías. Eso significa que he llegado hasta aquí sin poseer esencialmente nada mío: un amor legítimo que me sostenga, un solo pensamiento original, ninguna propuesta moral, una convicción sólidamente enraizada... ¿Quién soy?, me pregunto iluso, y como tantas otras veces no tengo la respuesta que precisaría para justificar ante mis propios ojos, por lo menos cuando estoy a un paso del final, la tremenda estupidez de haber vivido una larga vida insustanciada.
02 febrero 2007
"Kvinorgarden/Predio de las mujeres" (Carlos Barral).

Bien, llévame si quieres al jardín de la Reina;
veré el verde maltrecho por las nieves tardías
y el furioso brotar de las flores salvajes
y los tallos turgentes que quieren ser mordidos
y a Pomona en la cumbre carmín de una avenida,
con cuervos en los hombros, y una excedía sin nadie.
Mas dime si habrá gente, si habrá por los caminos
altos viejos sin sombra y niños relucientes,
si músicos ociosos con grandes volantines
y amantes de domingo, y si muchachas
tendidas en la yerba, discretamente a solas
con este sol extraño de dedos tan ligeros.
Porque ante todo vine para ver si los cuerpos
eran como los cuentan.
Si los pezones puros como puntas de pica
y los muslos morosos como fiesta
campestre desde el alba,
y la espalda de concha iridiscente
y altas las nalgas como en los sueños,
ríos
de piel resuelta, mansa vía
de gentes que no penan por sus formas
de animales enhiestos y lampiños,
y comparan su vello anaranjado
y aprecian lo distinto y que se ríen
del paisaje menudo de los pliegues
inguinales,
tan blando y tan exacto,
y se ungen la piel unos a otros
y se acarician con los abedules.
Dime si es cierto y di si podré verlo
y si podré ocultar mis gestos sin despacio
y no sospecharán que les espío
ni habrán de sentir miedo de mis ojos abiertos
llenos de blancas sombras y rincones obscuros
Y si me sonriesen, di, ¿qué haría?
con las manos tenaces, envaradas,
sin ni siquiera un libro en que enterrar los dedos.
Di si debo aceptar el trébol que me ofrezcan
vulgar y de tres hojas, como en los campos míos.
veré el verde maltrecho por las nieves tardías
y el furioso brotar de las flores salvajes
y los tallos turgentes que quieren ser mordidos
y a Pomona en la cumbre carmín de una avenida,
con cuervos en los hombros, y una excedía sin nadie.
Mas dime si habrá gente, si habrá por los caminos
altos viejos sin sombra y niños relucientes,
si músicos ociosos con grandes volantines
y amantes de domingo, y si muchachas
tendidas en la yerba, discretamente a solas
con este sol extraño de dedos tan ligeros.
Porque ante todo vine para ver si los cuerpos
eran como los cuentan.
Si los pezones puros como puntas de pica
y los muslos morosos como fiesta
campestre desde el alba,
y la espalda de concha iridiscente
y altas las nalgas como en los sueños,
ríos
de piel resuelta, mansa vía
de gentes que no penan por sus formas
de animales enhiestos y lampiños,
y comparan su vello anaranjado
y aprecian lo distinto y que se ríen
del paisaje menudo de los pliegues
inguinales,
tan blando y tan exacto,
y se ungen la piel unos a otros
y se acarician con los abedules.
Dime si es cierto y di si podré verlo
y si podré ocultar mis gestos sin despacio
y no sospecharán que les espío
ni habrán de sentir miedo de mis ojos abiertos
llenos de blancas sombras y rincones obscuros
Y si me sonriesen, di, ¿qué haría?
con las manos tenaces, envaradas,
sin ni siquiera un libro en que enterrar los dedos.
Di si debo aceptar el trébol que me ofrezcan
vulgar y de tres hojas, como en los campos míos.
Tú y yo.

Fragmento de "La lengua de las mariposas" (Manuel Rivas).
La lengua de la mariposa es una trompa enroscada como un resorte de reloj. Si hay una flor que la atrae, la desenrolla y la mete en el cáliz para chupar. Cuando lleváis el dedo humedecido a un tarro de azúcar ¿a que sienten ya el dulce en la boca como si la yema fuera la punta de la lengua? Pues así es la lengua de la mariposa.
Acaricio tu cuerpo, la curva de tu pecho, la textura de tus pezones, descubro el valle de tu vientre y encuentro mi orquídea preferida, abierta, perlada de rocío. No me resisto a rozarla con las yemas de los dedos. Todo tu cuerpo se estremece, tu valle tiembla, elevas las caderas y separas las piernas en un movimiento casi inapreciable.
Transito por entero tu orquídea siguiendo el rastro húmedo que me marca, recorro sus pétalos, alcanzo el gineceo y llego a tu estigma enrojecido y duro, escuchando de fondo tus ronroneos, tus gemidos ahogados. Tu huella húmeda es mi camino, un camino que me lleva más abajo, más dentro de ti, paseando al ritmo que me marcan tus caderas, que me indican tus suspiros, que me señalas tu… Viajo así por ti hasta que noto la gran sacudida, y te abandonas en convulsiones y gemidos, en espasmos y gritos ahogados, en un total egoísmo de placer que hace que se pare el tiempo.
Aparece en ti una sonrisa rendida, me miras.
Aparece en ti una sonrisa rendida, me miras.
Y fue bello.
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