30 noviembre 2006

Fragmento de Por tí, de "Andén de cercanías" (Enric Sòria).



Nos uníamos
como bocas o sexos
sin fisura ni sombra.

Amor es mar (Alí Chumacero).


Llegas, amor, cuando la vida ya nada me ofrecía
sino un duro sabor de lenta consunción
y un saberse dolor desamparado,
casi ceniza de tinieblas;
llega tu voz a destrozar la noche
y asciendes por mi cuerpo
como el cálido pulso hacia el latir postrero
de quien a solas sabe
que un abismo de duelo lo sostiene.

Nada había sin ti,
ni un sueño transformado en vida,
ni la certeza que nos precipita
hasta el total saberse consumido;
sólo un pavor entre mi noche
levantando su voz de precipicio;
era una sombra que se destrozaba,
incierta en húmedas tinieblas
y engañosas palabras destruidas,
trocadas en blasfemias que a los ojos
ni luz ni sombra daban:
era el temor a ser sólo una lágrima.

Mas el mundo renace al encontrarte,
y la luz es de nuevo
ascendiendo hacia el aire
la tersa calidez de sus alientos
lentamente erigidos;
brotan de fuerza y cólera
y de un aroma suave como espuma,
tal un leve recuerdo
que de pronto se hiciera un muro de dureza
o manantial de sombra.

Y en ti mi corazón no tiene forma
ni es un círculo en paz con su tristeza,
sino un pequeño fuego,
el grito que florece en medio de los labios
y torna a ser el fin
un sencillo reflejo de tu cuerpo,
el cristal que a tu imagen desafía,
el sueño que en tu sombra se aniquila.

Olas de luz tu voz, tu aliento y tu mirada
en la dolida playa de mi cuerpo;
olas que en mí desnúdanse como alas,
hechas rumor de espuma, oscuridad, aroma tierno,
cuando al sentirme junto a tu desnudo
se ilumina la forma de mi cuerpo.

Un mar de sombra eres, y entre tu sal oscura
hay un mundo de luz amanecido.

29 noviembre 2006

"Satisfacciones" (Bertolt Brecht).


La primera mirada por la ventana al despertarse
el viejo libro vuelto a encontrar
los rostros entusiasmados
nieve, el cambio de las estaciones
el periódico, un perro, la dialéctica
bañarse, nadar, música antigua
zapatos cómodos, comprender, música nueva
Escribir, plantar, viajar, cantar y ser amable.

Fragmento de "Del amor imperfecto" (Elsa López).




Cuando tu lengua escarba mi cuerpo lacerado
que fue tan sólo tuyo durante un tiempo espeso,
inmortal y perfecto.

Entonces tú terminas y yo comienzo a amarte.

Cuando he rugido cóncava debajo de tus piernas,
y has dejado un reguero de sal y hierbabuena
sobre mi piel reseca.

Entonces tú terminas y yo comienzo a amarte.

Cuando la luz se apaga y tu cuerpo se queda
tendido y olvidado entre blandas semillas.

Entonces tú terminas y yo comienzo a amarte.

28 noviembre 2006

El breve amor (Julio Cortázar).


Con qué tersa dulzura
me levanta del lecho en que soñaba
profundas plantaciones perfumadas,

me pasea los dedos por la piel y me dibuja
en le espacio, en vilo, hasta que el beso
se posa curvo y recurrente

para que a fuego lento empiece
la danza cadenciosa de la hoguera
tejiédose en ráfagas, en hélices,
ir y venir de un huracán de humo.

¿Por qué, después,
lo que queda de mí
es sólo un anegarse entre las cenizas
sin un adiós, sin nada más que el gesto
de liberar las manos?

De "Mar ao norde" (Álvaro Cunqueiro).


Ya no hay aquella simple
y turbia desnudez.
Tus muslos ya no huelen
a canciones agrestes.
Tus manos ya no tientan
la risa curva y acre.
Como si hubiese pleno oscuro.

27 noviembre 2006

Asumamos la actitud de vírgenes (Ana María Rodas).



Asumamos la actitud de vírgenes.
Así
nos quieren ellos.

Forniquemos mentalmente,
suave, muy suave,
con la piel de algún fantasma.

Sonriamos
femeninas
inocentes.

Y a la noche clavemos el puñal
y brinquemos al jardín
abandonemos
esto que apesta a muerte.

24 noviembre 2006

"La niña jadeante" (Manuel Magallanes).


Te llegas junto a mí, toda agitada
como tras de un divino y largo esfuerzo.

Es un cansancio alegre el que te inquieta,
como el cansancio alegre del que alcanza
con porfiada labor un regocijo.

Tus labios me sonríen entreabiertos
y por ellos se escapa el fuerte soplo
de tu respiración, y cuando luego
tus labios se reunen, se dilatan
los nerviosos y finos agujeros
de tu nariz.

Con tu cansancio alegre.
con el ondear de tus redondos senos,
con el rodar de tus sedosas trenzas,
con el fuego de vida en que está envuelto
todo tu ser, pareces, niña ingenua,
una bacante de vestir moderno.

Seductora inconsciente, encantadora
que ignoras, castamente, los efectos
de tus vivos encantos, tus pupilas
miran con limpidez, sin ver que dentro
de las mías se iergue amenazante
una hambrienta manada de deseos.

Goodbye my lover (James Blunt).




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23 noviembre 2006

"El espejo" (Luís Rosales).


El tiempo es un espejo con distintas imágenes
que brillan en su fondo como una procesión de fuegos fatuos
hasta que el humo las dispersa,
y entonces
siempre ocurre lo mismo:
aparece tu rostro,
y sé que para verte tengo que hacer un gran viaje desde mis
ojos a los tuyos,
y desvivir distancias, advertencias y defunciones,
pues sólo puedo verte traspasando un espejo
y se astilla el cristal cuando paso por él,
y cada esquirla es una herida,
y vivir es tan sólo un espejo sangrando,
un espejo que se vuelve a quebrar todos los días cuando
paso por él para mirarte,
porque no hay solución,
no hay claveles adrede,
y al romperse el espejo se multiplican las imágenes
y apareces en todas ellas como eres:
radiante y casual,
pero no puedo verte,
no te veo,
pues en el fondo de mis ojos queda un poco de humo.

Esto es lo que me pasa,
porque el humo me llama por mi nombre,
habla mi propia lengua,
para hacerme saber que todo lo profundo es doloroso,
y hay que ser consecuentes con el humo,
llevarle de la mano mientras quede en el aire una vedija,
pero esto no es tan fácil, pues al hacerlo muchas veces,
puedes quedar desencarnado,
como si te estuvieras viendo en un espejo que se deshiela;
y por esta razón vivimos juntos
mientras nacen las cosas si las tocas,
y van haciéndose reales,
contributivas,
tuyas, porque te quiero tanto,
de tal modo
que me sangran los ojos al mirarte como si todo lo que nos
une fuese una despedida.

Se involuntaria, se febril. (Félix Grande).



Sé involuntaria. Sé febril. Olvida
sobre la cama hasta tu propio nombre.
No pidas. No preguntes. Arrebata y exige.
Sé una perra. Sé una alimaña.

Resuella, busca, abrasa, gime.
Atérrate, mete la mano en el abismo.
Remueve tu deseo como una herida fresca.
Piensa o musita o grita ¡Venganza!

Sé una perdida, mi amor, una perdida.

En el amor no existe
lo verdadero sin lo irreparable.

22 noviembre 2006

"Amantes" (Alejandra Pizarnik).




Una flor
no lejos de la noche.
Mi cuerpo mudo
se abre
a la delicada urgencia del rocío.

Fragmento de "Fenomenología de la percepción" (Maurice Merleau-Ponty).

Esta entrada, traída al Jardín el martes 30 de mayo de 2.006, iba a ir acompañada de la foto de una rosa, pero por razones que no vienen al caso, la rosa ha mutado en tulipanes.


Lo sensible me devuelve aquello que le presté, pero que yo había recibido ya de él. Yo que contemplo el azul del cielo, no soy ante el mismo un sujeto acósmico, no lo poseo en pensamiento, no despliego ante el mismo una idea del azul que me daría su secreto; me abandono a él, me sumerjo en este misterio, él se piensa en mí, yo soy el cielo que se aúna, se recoge y se pone a existir para sí, mi conciencia queda atascada en ese azul ilimitado. –Pero el cielo no es espíritu, y ¿qué sentido puede tener decir que existe para sí?– Verdad es que el cielo del geógrafo y del astrónomo no existe para sí. Pero del cielo percibido o sentido, subtendido por mi mirada que lo recorre y lo habita, sí puede decirse que existe para sí, en cuanto que no está hecho de partes exteriores, que cada parte del conjunto es sensible a lo que ocurre en todas las demás.

21 noviembre 2006

Inventaré palabras nuevas... (Beatriz Hernanz Angulo).



Inventaré palabras nuevas
Para hablar con tus silencios.

Un enjambre de verbos incide en la dulce luz
Que robo ilesa de tus ojos.

Una infancia llena de oscuros secretos,
De palabras afrutadas,
De verbos ensimismados en el tiempo.
-El miedo también es un camino,
un corredor de sombras
que apura el opio perfumado del olvido-.

Tus uñas obscenas,
Ácidas de noches lentas,
Descienden por mi cuerpo,
Arañan
La transparencia súbita de enero,
Una carne de luna
Alegre en la derrota,
- nunca es para siempre -
Con la complicidad de las fronteras.

Al norte del futuro hay una palabra
Que espera ser escrita,

Tal vez pueda sobrevivir a tanto olvido hacia dentro.

Gunfias y kríngulas.



No es común pero, a veces, las gunfias se enamoran. Lo hacen poco a poco, como con miedo, amparándose en un sigilo extraordinario. Si se las observa con detenimiento —no existe placer comparable— se pueden descubrir las pruebas irrefutables del nuevo estado. La forma de caminar se hace más lenta y elegante —reducen la distancia de los pasos en casi un centímetro— y elevan los hombros hacia el cielo deshaciendo la curva minúscula de la espalda. La sonrisa la prolongan el tiempo exacto que un pájaro mediano emplea en abrir y cerrar las alas cuatro veces. Más complicado es distinguir un tono distinto y más dulce aún en su voz, el brillo más intenso en la piel de los hombros o las reglas caóticas que comienzan a regir la elección de los adornos para sus manos.

Cuando una gunfia se enamora mucho mucho inventa acciones tan lindas como mudar el color del cabello y la forma de sujetarlo, negarse a ingerir cualquier clase de alimento y acercarse mucho mucho los auriculares de los teléfonos. Lo niegan todo, por supuesto: es una prueba más del paraíso azul en el que se hallan sumergidas. Por último, cuando ya no pueden ocultarlo y se sienten observadas, hacen locuras tremendas como mirar de frente, perfeccionar hasta el infinito el olor que despiden y comprarse coches deportivos rojos. Algunos pensadores argentinos afirman que la gunfia, llegados a este punto, ha alcanzado su límite y, por lo tanto, deja automáticamente de serlo, y se convierte en kríngula.

20 noviembre 2006

Fragmento de "Un duro invierno" (Raymond Queneau).


Esperaron el tranvía un largo rato, luego entraron en el bosque. Caminaron entre los árboles de sílex y bajo sus pies se fragmentaban hasta convertirse en polvo hojas grises y metálicas. Hacía mucho frío.
- ¿No tienes demasiado frío? -preguntó Lehameau.
- Oh no. Cuando estoy con usted me da calor.
- ¿Es verdad? -preguntó Lehameau riendo-. Yo también, sabes -añadió entonces muy serio-, cuando tu estas conmigo, ya no pienso en el frío, en la dureza del tiempo.
- ¿Es usted desgraciado, señor Bernard?
- ¿Yo? No. ¿Por qué piensas que puedo ser desgraciado? No soy desgraciado. No soy feliz, no es lo mismo. Pero tampoco busco ser feliz. Pero tú eres aún demasiado pequeña, demasiado joven, para entenderlo.

17 noviembre 2006

Capítulo 68 de "Rayuela" (Julio Cortázar).


Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpaso en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

De “Breverías” (Francisco Álvarez).





106
Me esperabas con alma descubierta,
y el alma entera con pasión te di.
Me entreabriste tu más secreta puerta,
y mi puerta secreta yo te abrí.

Mi vida estaba estéril y desierta,
y entraste en ella cuando entré yo en ti.
Y sólo quiero al verme en tu mirada,
tenerte para siempre penetrada.

123
Déjame entrar en ti por las esquinas,
tocándote la mano con la mano,
el brazo en la cintura si caminas,
o el beso del amigo o del hermano.

Pero ábrete también a mis deseos,
con impulsos desnudos y humedades,
sin escrúpulos y sin titubeos,
con invasiones y voracidades.

16 noviembre 2006

Fragmento de "Todos estábamos a la espera" (Alvaro Cepeda Samudio).



Y de pronto me quedo solo con la muchacha y las paredes se van alejando en cuatro direcciones y estamos allí solos, la muchacha y yo, y el negro, con los botones dorados de su chaqueta y su brillante escoba, se aleja empujado por la huida de las paredes mientras la muchacha de las revistas desaparece detrás de las carátulas multicolores que le hacen muecas.

Yo le hablo.

En la enorme soledad de la estación mi voz y la voz de la muchacha van llenando lentamente todos sus vacíos. Y después ya no hablamos más.

La muchacha se duerme contra la madera lustrosa de los bancos y yo estoy velando su sueño derrotado.

15 noviembre 2006

El Eco.



El martes 15 de noviembre de 2.005 abrió por primera vez las puertas este Jardín a todo aquel que quisiera traspasarlas para darse un respiro del ruído que nos rodea.
Hoy, un año después reproduzco la primera entrada, que supuso toda una declaración de intenciones, de las 276 que he venido plantando día a día para deleite tanto mío como de los que lo recorren de modo habitual.
Gracias por pasear por el Jardín que es un poco de todos los que lo visitan.
Saludos, hoy más que agradecidos, desde el Jardín.



El Eco de tu sexo sigue retumbando en mis ojos...

Fragmento de "El baño de Diana" (Pierre Klossowski).



Lo inenseñable son los momentos en que la existencia se revela como restituida a si misma sin más fin que volver sobre ella: entonces todas las cosas parecen muy nuevas y muy antiguas a un tiempo; todo es posible y todo es inmediatamente imposible; y no hay para la conciencia más que dos medios: o bien callarse o bien decirlo todo.

14 noviembre 2006

Me pongo a temblar... de "Lo huidizo y permanente" (Juan Sánchez Peláez).


"Mientras reposas bajo el ala gigante del sexo,
yo vengo a tu lado para que amaine la tempestad..."


Me pongo a temblar en la noche llena de sonidos. Absorto en mi labor, no me doy cuenta que el tiempo transcurre. Mi oficio es como la lluvia: acariciar, penetrar, hundirme. Observo la tinaja oscura. Alumbro una lámpara en mi duermevela. Siento mi arruga y mi enigma, pero ¿dónde el hallazgo por venir, o una mañana clara en las calzada?

Anterior a tu cuerpo (José Manuel Caballero Bonald).


Anterior a tu cuerpo es esta historia
que hemos vivido juntos
en la noche inconsciente.

Tercas simulaciones desocupan
el espacio en que a tientas nos
buscamos,
dejan en las proximidades
de la luz un barrunto
de sombras de preguntas nunca
hechas.

En vano recorremos
la distancia que queda entre las últimas
sospechas de estar solos,
ya convictos acaso de esa interina
realidad que avala siempre
el trámite del sueño.

13 noviembre 2006

Fragmento de "Todos estábamos a la espera" (Alvaro Cepeda Samudio).



Nos habíamos olvidado de nuestro miedo. No supimos cuándo entró; estaba mirándonos cuando alzamos la cabeza para pedir los tragos. La vimos al mismo tiempo, pero yo me quedé solo mirándola. Cuando me levanté, todas las monedas que estaban paradas de canto comenzaron a rodar.
Yo le dije: "He estado esperándote Madeleine".
Y luego: "Ahora vendrás todas las noches".
Ella siguió mirándome y asintió. Cuando salíamos oí su voz diciéndome: "Ya no me necesitas más. Déjame ir ahora".
Yo le tomé la mano y se la apreté con fuerza.
Mientras cruzamos la calle veíamos a Madeleine a través de la vitrina que había comenzado a esperar.

11 noviembre 2006

Ars longa, vita brevis, de "Andén de cercanías" (Enric Sòria).




Recuerdo muy bien aquella lengua.
Aquella suavidad, aquella forma dulce
y delicada de acariciar la verga, de acunarla.
Amaba mucho aquella gracia suya,
aquellos labios diestros y carnales,
sonrientes.

Al cabo de los años, he olvidado los ojos,
los senos, los tobillos, aquel cuerpo
de belleza común. Fueron pasto del tiempo.
Pero recuerdo bien aquella lengua.
Mi memoria resulta agradecida.

Un proverbio latino nos habla de estas cosas.

10 noviembre 2006

Fragmento de "Un mundo para dos" (Umit Yasar Oguzcan).


Imagina que en estas salazones palpita mi corazón
Imagina que uno de mis ojos está en la manzana y el otro
está cerrado
Imagina que soy queso blanco que soy aceitunas
Toma
Cómeme dentro del pan.

09 noviembre 2006

Capítulo X: El baile de la langosta, de "Alicia en el País de las Maravillas" (Lewis Carroll).


-Y ahora -dijo el Grifo, dirigiéndose a Alicia-, cuéntanos tú alguna de tus aventuras.

-Puedo contarles mis aventuras... a partir de esta mañana -dijo Alicia con cierta timidez-. Pero no serviría de nada retroceder hasta ayer, porque ayer yo era otra persona.

Soy un racimo de uvas (Almudena Guzmán).




Soy un racimo de uvas
y aguanto como puedo
este oleaje creciente de mi boca
aguijoneándome al sol.


Hasta que estallo.

Ausencia de la rosa (Meira Delmar).



Detenida
en el río translúcido
del viento,
por otro nombre, amor,
la llamaría
el corazón.

Nada queda en el sitio
de su perfume. Nadie
puede creer, creería,
que aquí estuvo la rosa
en otro tiempo.

Sólo yo sé que si la mano
deslizo por el aire, todavía
me hieren sus espinas.

08 noviembre 2006

Brindis (María Rosa Nadales).


Mala bestia el amor.
(Mariano Roldán).


Pongamos por ejemplo
que hoy es jueves.
Que un sol de plomo
cae tras los cristales
y recuerdo
tu mano en día de lluvia.
Digamos que estoy sola
y te deseo.
Que no hallo el escenario
donde acoplar tu imagen
con mi aliento.

Bebamos y brindemos
por la triste ironía
de estar vivos
y no poder amarnos.

Fragmento de "La insoportable levedad del ser" (Milan Kundera).

Traído al Jardín el lunes 6 de marzo de 2.006.



La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será. Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes.

07 noviembre 2006

Yo soy la que comparte contigo el abandono... (Elsa López).


Yo soy la que comparte contigo el abandono,
la que entretiene sus juegos con los tuyos
y deja a cielo abierto el campo de batalla.
Yo soy la favorita.
La más agasajada.
La que mejor comprende tu soledad de alberca,
la que sabe reposarte de cetros y coronas,
la que teje sin descanso esa capa de lino
que volverá a cubrirte los días de tormenta.
La que mejor conoce tus noches de penumbra.
La que presiente, sin hablar, tu aventura más cierta,
la que te ríe los lances
y prepara la cena con manjares divinos
que calmarán tu pena y el dolor de las otras.
Aquella que aletea muy cerca de tus sienes
y al oído te reclama su vuelo más alto.

De todas soy la más amada, la más hermosa,
la más triste de todas.

Fragmento de "La ventana sonámbula" (Enrique Vila - Matas).

Me lo ha prestado Natalia, y yo aquí os lo enseño.


Ventanas iluminadas de las cuatro de la madrugada.
Ventanas que desde tiempos antiguos son símbolos de la conciencia si aparecen en la parte alta de una torre, por analogía de ésta con la figura humana. Ventanas que son faros en la alta madrugada.

La de historias que hay en ellas, historias de ladrones antiguos con linternas o de moribundos que dictan su último testamento ante temblorosos familiares, historias de madres que se inclinan atormentadas de sueño sobre una cuna o historias de parejas que hacen el amor o de amigos que charlan interminablemente sobre el misterio del universo, historias de soñadores que tienen insomnio o de insomnes que piensan que nada envejece tanto como la felicidad.

Sudoku.

Traído al Jardín el martes 15 de noviembre de 2.005.


El otro día intenté resolver un sudoku. La primera vez que oí el palabro pensé que era una enfermedad de naturaleza desconocida:
- "Me he cogido un sudoku que me va a tener en cama toda la semana" o bien,
- "Fulano está ingresado, tiene sudoku".
No me dirán que no suena más a dolencia que a pasatiempo.
De todas maneras, sea enfermedad o divertimento, las consecuencias son idénticas. A la media hora de bregar con el jueguecito acabé con un dolor de cabeza tal que parecía que me había cogido un sudoku de los gordos.

Moraleja: Desconfiemos de los pasatiempos insólitos y de la industria farmacéutica.

Fragmento de “El viaje vertical” (Enrique Vila - Matas).


Quizás la mayor preparación para sobrellevar la vida fuera aprender el arte de romper con todo lo que nos resulta atractivo o nos parece imprescindible... convertirse en un perito de las despedidas.

04 noviembre 2006

Le petit mort.



Siempre admiré a ese pequeño ser por saber entenderla, quererla, apreciarla con toda su belleza y magnitud.
Siempre admiré a El Principito por su amor a la muerte.

A través de los años uno adquiere diversos significados y sentimientos para los denominados ejes de su vida; amor y sexo, vida y muerte, en una continua lucha de encuentros y desencuentros a través del hilo conductor del dolor en la fragilidad de nuestro ser, de mi ser.

Sé que soy, sin lugar a dudas, demasiado insignificante ante tal cantidad de belleza en cada uno de ellos, por eso me aturden, me hieren y atraen cada vez que alcanzo una pequeña fracción de su magnitud. ¿Habéis sentido como vuestro ser intenta parecer querer escapar, huir atraído por tales sentimientos?

En esta etapa de mi vida he llegado a creer que para mi el amor ha sucumbido, no soporto el dolor que produce en mi, he traicionado a la vida. El sexo en cambio me atrae a la muerte, es como dicen los franceses su petit mort la que poco a poco me sumerge en un mar de dulzura, en un mar de nada, en un mar de infinitos que solo así, solo dejando mi cuerpo aquí, puedo alcanzar.

Yo, al igual que El Principito ya no temo la muerte, la espero y quizás algún día la busque. Sólo necesito un desierto que es mi mundo, una serpiente que eres tú.

Si realmente me quieres, ¿me harás ese favor?

03 noviembre 2006

En el desnudo mar, de "Vino Rojo" (Lina Zerón).



Duermo en la ondulación de tu cuerpo.
Besándote despierto y besándote duermo.
Sueño con el mar desnudo de tu piel.
Desnuda duermo para tenerte en mí desnudo.

Te visto con el calor de mis labios
y mi tibia boca te desviste.
Mis ojos brillan como el viento
que sostiene a los pájaros
que hoy por ti se desgajan.

Con frescura de campo mis labios muerdes,
a la orilla de un río sofocas mis calores.
Tu fuego cultiva gardenias en mis muslos
y salvaje te ofrezco mis senos
para en ellos colmes tus delirios.

En tu espada de hierro vivo
y como mariposa de tu hechizo
palpitante
al fuego vuelo.

Calor de mi cuerpo develan tus manos,
siento los dedos de tu estruendosa lengua
mi vientre saturado de rocío.

Y entonces te beso.
Te beso y te digo amor
con el entrecortado respirar de mi pecho.

Fragmento de "Cuentos perversos" (Javier Tomeo).


Me siento, pues, feliz en mi insignificancia.
Sepan, además, que en nuestra pequeñez, nosotros somos criaturas unisexuales que cada año, cuando llega el momento de fecundar a nuestras hembras, tenemos la oportunidad de descubrirnos infinitos.

Call on me (Eric Prydz).

El Jardinero, que ya va teniendo una edad, ha decidido para su mejor conservación física realizar algún tipo de deporte (ah, me pueden a veces el narcisismo y la vanidad).

Para ello me he apuntado a unas clases de aerobic, y como me gusta hacer partícipes a los paseantes de los cambios que hay en mi vida, he grabado una de las sesiones para promover esta sana y entretenida práctica deportiva.

Saludos, sudorosos y jadeantes, desde el Jardín.

De "Habitaciones separadas" (Luís García Montero).


En noviembre de 2.005 este Jardinero abrió por primera vez las puertas del Jardín a todo aquel que quisiera traspasarlas para darse un respiro del ruído que nos rodea.
A lo largo de este mes de noviembre de 2.006 traeré a diario alguna de las hojas que se cayeron en este tiempo, con un enlace para poder ver la original y apreciar los cambios que haya considerado introducir. La de hoy es del miércoles 25 de enero de 2.005.
Gracias por pasear por este Jardín que, aparte de mío, es un poco de todos los que lo visitan.
Saludos, hoy más que agradecidos, desde el Jardín.




Está solo. Para seguir camino
se muestra despegado de las cosas.
No lleva provisiones.
Cuando pasan los días
y al final de la tarde piensa en lo sucedido,
tan sólo le conmueve
ese acierto imprevisto
del que pudo vivir la propia vida
en el seguro azar de su conciencia,
así, naturalmente, sin deudas ni banderas.

Una vez dijo amor.
Se poblaron sus labios de ceniza.

Dijo también mañana
con los ojos negados al presente
y sólo tuvo sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo,
un camino de nubes.

Soledad, libertad,
dos palabras que suelen apoyarse
en los hombros heridos del viajero.

De todo se hace cargo, de nada se convence.
Sus huellas tienen hoy la quemadura
de los sueños vacíos.

No quiere renunciar. Para seguir camino
acepta que la vida se refugie
en una habitación que no es la suya.
La luz se queda siempre detrás de una ventana.
Al otro lado de la puerta
suele escuchar los pasos de la noche.

Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.

Tiempo de habitaciones separadas.

02 noviembre 2006

Fragmento de "Ursúa" (William Ospina).


Conozco el misterio de las esferas de piedra enterradas en las selvas de Castilla de Oro y el origen de las cabezas gigantes que tienen musgo en las pupilas. Conozco la historia del hombre que fue amamantado por una cerda en los corrales de Extremadura y que tiempo después se alimentaba de salamandras en las islas del mar del sur. Sé de los doscientos cuarenta españoles que remontaron los montes nevados y cruzaron los riscos de hielo llevando cuatro mil indios con fardos y dos mil llamas cargadas de herramientas, dos mil perros de presa con carlancas de acero y dos mil cerdos de hocico argollado, para ir a buscar el País de la Canela, y conozco la historia del primer barco que bajó de las montañas brumosas de los Andes y navegó ocho meses entre selvas desconocidas que crecían. Sé quiénes descubrieron el mar del sur, quiénes exploraron la montaña de plata, quiénes descubrieron la selva de las mujeres guerreras. Conozco las penas de los que construyeron el primer bergantín en los ríos encajonados de la cordillera, de los que convirtieron centenares de viejas herraduras en millares de clavos. Conozco historias de herraduras de oro con clavos de plata. Sé el relato del hombre que después de tragarse un sapo enloqueció para siempre, y el del capitán que repartió entre sus soldados como alimento un caimán descompuesto. Conozco la guerra en la que se enfrentaron dos viejos amigos, y que terminó con uno de ellos ahorcado lentamente por doce conjurados. Puedo contar la historia de los diez mil hombres desnudos que remontaron diez años el curso de un río para buscar en las montañas el origen de un barco. Tengo historias para llenar las noches del resto de mi vida y busco a quién contárselas, pero ésa es mi desgracia. En estas tierras ya nadie sabe oír las historias que cuento.

01 noviembre 2006

The four Dreams of Miss X (Scale).


No sé, de "Eros" (Clara Janés).


Soy hermosa y mi piel es suave
y el viento del mar me devuelve rocío
de tiernas tersuras.
Mi cabello perfumo y adorno de áurea madreselva
y mi pecho es redondo y casi virginal.
Tuve un amante que ensalzó mis caderas
y mi forma de amar intensa y silenciosa.
Podría ser aún como un río de luz en tus brazos.
No sé qué te retiene, si furtivo, he visto
un destello de ardor en tu gesto al pasar.

Can I go forward when my heart is here?

No conozco la astucia,
no soy como la hoja del chopo
que en oruga se oculta y arracima
antes de dar su tierno cuerpo al viento,
soy clara y sin pudor,
soy entera y tajante,
y no sé seducir.