31 enero 2006

De "El Deseo" (Jesús Munárriz).


Si algo ha marcado el rumbo de mi vida
es, sin duda, el deseo,
esa imposible búsqueda de todo
lo que está más allá
a la que debo cuanto de valioso,
hermoso o placentero
encontré más acá
-¡oh cuerpos memorables, volved a mis sentidos!
Mi obediencia ha tenido cuanto al placer me lleva,
aunque cierta mesura
sabe imponerme la sabiduría
-no echar al fuego toda la madera,
que hay que construir mesas y sillas,
y escaleras.

27 enero 2006

La Amante (Efraín Huerta).


Y, desdichada, hallarte vibrante de violetas,
celeste, submarina, subterránea,
ahijada de las nubes,
sobrina del oleaje,
madre de minerales
y vegetales de oro,
universal, florida,
jugosa como caña
y ligera de brisas
y cánticos de seda.

Desdichada penumbra al encontrarte
negándose tu cuerpo a mi deseo,
dándose al día siguiente,
circulando en el aire que respiro,
diseñando mi vida,
mi agonía
y mi muerte sencilla,
y mi futura muerte
entre los muertos.

Ah tu cordial miseria de caricias,
el gesto amargo de tus manos
y la rebelde fuga de tu piel,
cómo me decepcionan,
me castigan y ahogan,
hembra de plata líquida,
insobornable y mía.

Y tu noche de gritos y gemidos,
alimentando vida, creando luz,
provocando sudor, melancolía,
amor y más amor desfallecido,
tumultos de palabras,
mi desdichada niña,
olvidándote, sí, casi perdiéndote
en el ruido de torsos y sollozos.

Pero siendo destino, siendo gloria
tus cabellos castaños, tus miradas
y tus feas rodillas de suave juventud.



La Música del Vacío (Roberto Juarroz).


Callar puede ser una música,
una melodía diferente,
que se borda con hilos de ausencia
sobre el revés de un extraño tejido.

La imaginación es la verdadera historia del mundo.
La luz presiona hacia abajo.
La vida se derrama de pronto por un hilo suelto.

Callar puede ser una música
o también el vacío
ya que hablar es taparlo.

O callar puede ser tal vez
la música del vacío.

26 enero 2006

Happy Ending (Jaime Gil de Biedma).


Aunque la noche, conmigo,
no la duermas ya,
sólo el azar nos dirá
si es definitivo.

Que aunque el gusto nunca más
vuelve a ser el mismo,
en la vida los olvidos
no suelen durar.

25 enero 2006

Anterior a tu cuerpo (José Manuel Caballero Bonald).


Anterior a tu cuerpo es esta historia
que hemos vivido juntos
en la noche inconsciente.

Tercas simulaciones desocupan
el espacio en que a tientas nos
buscamos,
dejan en las proximidades
de la luz un barrunto
de sombras de preguntas nunca
hechas.

En vano recorremos
la distancia que queda entre las últimas
sospechas de estar solos,
ya convictos acaso de esa interina
realidad que avala siempre
el trámite del sueño.

De "Habitaciones separadas" (Luís García Montero).


Está solo. Para seguir camino
se muestra despegado de las cosas.
No lleva provisiones.
Cuando pasan los días
y al final de la tarde piensa en lo sucedido,
tan sólo le conmueve
ese acierto imprevisto
del que pudo vivir la propia vida
en el seguro azar de su conciencia,
así, naturalmente, sin deudas ni banderas.

Una vez dijo amor.
Se poblaron sus labios de ceniza.

Dijo también mañana
con los ojos negados al presente
y sólo tuvo sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo,
un camino de nubes.

Soledad, libertad,
dos palabras que suelen apoyarse
en los hombros heridos del viajero.

De todo se hace cargo, de nada se convence.
Sus huellas tienen hoy la quemadura
de los sueños vacíos.

No quiere renunciar. Para seguir camino
acepta que la vida se refugie
en una habitación que no es la suya.
La luz se queda siempre detrás de una ventana.
Al otro lado de la puerta
suele escuchar los pasos de la noche.

Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.

Tiempo de habitaciones separadas.

24 enero 2006

De "Libro del frío" (Antonio Gamoneda).


En la humedad me amas
y eres azul en tus pezones. Hablas
suavemente en mis labios y regresas
a tu prisión en la melancolía.


Tu cabello encanece entre mis manos y, como aguas silenciosas,
nos abandonan los recuerdos. Siento la frialdad de la existencia
pero tu olor se extiende en las habitaciones y tu lascivia vive en
mi corazón y entra mi pensamiento en tus heridas.

Existe el mar en las ciudades blancas,
coágulos en el aire dulcemente sangriento,
sábanas en la serenidad.
Existen los perfumes inguinales, lenguas en las heridas femeninas
y el corazón está cansado.
Entra con tus campanas en mi casa, pastora ciega, sin embargo,
como si no tuviera la dulzura su fin aún en las ciudades blancas.

23 enero 2006

Desnudo en Sombra (Almudena Guzmán).


Volverse a enamorar.
Besar una piel que sabe distinto,
no encontrar puntos de referencia
que indiquen el momento justo,la caricia perfecta,
la mano compañera.
Retornar a un cuerpo nuevo
sin los huecos del anterior,
no poder palpar una nuca excitada,
una espalda con escalofríos conocidos.
Qué pobre se queda el intento de amar igual a la primera vez.
Cómo pesa una boca tan sabida,
tan llena de humo compartido
ante la desconocida tan poco explorada, tan miedosa.
Cuánto cuesta abandonarte, lavarme de tu olor,
quitarme las huellas de tu peso,
desdoblarme en otra Almudena
y comenzar a hacer mía una figura
de la calle que me asusta y que ¿quiero?
poseer, pero... tú, ahí estás tú,
traspasando con tu desnudo mi sombra,
consolándome pesaroso de mi dolor al terminar,
tu sonrisa y tu cigarrillo,
ese brazo moreno rodeando mi cintura
y llevándome a un lecho desordenado...

y tus manos de violinista
volando y enredándose en mis senos.

Más Breve (León de Greiff).


No te me vas que apenas te me llegas,
leve ilusión de ensueño, densa, intensa flor viva.

Mi ardido corazón, para las siegas
duro es y audaz...; para el dominio, blando...

Mi ardido corazón a la deriva...
No te me vas, apenas en llegando.

Si te me vas, si te me fuiste...: cuando
regreses, volverás aún más lasciva
y me hallarás, lascivo, te esperando...

20 enero 2006

De "Piedra de Sol" (Octavio Paz).


...Voy por tu cuerpo como por el mundo,
tu vientre es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra,
eres una ciudad que el mar asedia,
una muralla que la luz divide
en dos mitades de color durazno,
un paraje de sal, rocas y pájaros
bajo la ley del mediodía absorto,

vestida del color de mis deseos
como mi pensamiento vas desnuda,
voy por tus ojos como por el agua,
los tigres beben sueño de esos ojos,
el colibrí se quema en esas llamas,
voy por tu frente como por la luna,
como la nube por tu pensamiento,
voy por tu vientre como por tus sueños...

18 enero 2006

Ayer te besé en los labios... (Pedro Salinas).


Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto,
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más. El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada ya,
para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.

Hoy estoy besando un beso;

estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no...
-¿Adónde se me ha escapado?-.
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.

De "Mar ao norde" (Álvaro Cunqueiro).


Ya no hay aquella simple
y turbia desnudez.
Tus muslos ya no huelen
a canciones agrestes.
Tus manos ya no tientan
la risa curva y acre.
Como si hubiese pleno oscuro.

16 enero 2006

Déjame, pensamiento, déjame... (Luís García Montero).


Déjame, pensamiento, déjame,
mañana seré tuyo,
volveré a ser tu presa.
Pero hoy,
mientras la luz araña en los árboles y pide
una oportunidad,
quiero que me recoja la inútil primavera.

A la casa del frío
regresaré mañana, cuando el tiempo
exponga sus razones
y el corazón pregunte
lo que falta por ver,
cuántos latidos
pueden quedarle para detenerse.

13 enero 2006

Deseo, de "Andén de cercanías" (Enric Sòria).


Porque el deseo es una pregunta
cuya respuesta nadie sabe.
Luis Cernuda.

No decía palabras. Sólo era
dos labios que se abrían expectantes.
No, no decía palabras, tan sólo acariciaba,
lentamente, mientras todo su cuerpo
unas manos distintas lo surcaban.
y allí, entre esas manos, el silencio.

Dos bocas que se juntan,
renuevan el silencio,
y el aliento y la sangre
cobran sabiduría
de algún secreto ardiente e invencible,
como ola encabritada o tensa brida,
un secreto al que callan y otorgan.

Los cuerpos son tan sólo interrogantes
planteados deprisa,
porque no hay más respuesta
que no sea respuesta de unos labios abiertos,
que no sea de un cuerpo,
cuando un cuerpo es propicio.
El amor también es una sombra
que busca entre las sombras
otro cuerpo silente.

No decía palabras.
Tan sólo se entreabría
a una imperiosa voz no articulada.

11 enero 2006

Apagamos las manos (José Hierro).


Apagamos las manos. Dejamos encima del mar marchitarse la luna
y nos pusimos a andar por la tierra cumplida de sombra.
Ahora ya es tarde. Las albas vendrán a ofrecernos sus húmedas flores.
Ciegos iremos. Callados iremos, mirando algo nuestro que escapa
hacia su patria remota.(Nuestro espíritu debe de ser, que cabalga
sobre las olas.)
Ahora ya es tarde. Apagamos las manos felices
y nos ponemos a andar por la tierra cumplida de sombra.
Hemos caído en un pozo que ahoga los sueños.
Hemos sentido la boca glacial de la muerte tocar nuestra boca.
Antes, entonces, con qué gozo ardiente,
con qué prodigioso encenderse de aurora
modelamos en nieblas efímeras, en pasto de brisas ligeras,
nuestra cálida hora.
Y cómo apretamos las ubres calientes. Y cómo era hermoso
pensar que no había ni ayer, ni mañana, ni historia.
Ahora ya es tarde; apagamos las manos felices
y nos ponemos a andar por la tierra cumplida de sombra.
Cómo errar por los años, como astros gemelos, sin fuego,
como astros sin luz que se ignoran.
Cómo andar, sin nostalgia, el camino, soñando dos sueños distintos
mientras en torno el amor se desploma.
Ahora ya es tarde. Sabemos. Pensamos. (Buscábamos almas.)
Ahora sabemos que el alma no es piedra ni flor que se toca.
Como astros gemelos y ajenos pasamos, sabiendo
que el alma se niega si el cuerpo se niega.
Que nunca se logra si el cuerpo se logra.
Dejamos encima del mar marchitarse la luna.
Cómo errar, por los años, sin gloria.
Cómo aceptar que las almas son vagos ensueños
que en sueños tan sólo se dan, y despiertos se borran.
Qué consuelo ha de haber, si lograr una gota de un alma
es pretender apresar el latir de la tierra, desnuda y redonda.
Estamos despiertos. Sabemos. Como astros soberbios, caídos,

sentimos la boca glacial de la muerte tocar nuestra boca.

10 enero 2006

Llegaste Desnuda, como siempre (Alberto Marpez).


Ya es la hora. Ella vendrá. Puntual. Como siempre. Veo la neblina nimbada. Me envuelve una bruma de fragancias a flores y hembra en celo. Aquí está, ya llegó. Desnuda, endemoniadamente desnuda. Su belleza sobrenatural subyuga, aturde, devora. Su cuerpo es una invitación al sexo más salvaje. Sus prominencias son puro fuego, senos blancos y turgentes coronados con dos magníficos soles rosados siempre erguidos. Sus curvas están hechas para la pasión. Y la perversión. Su pubis es un mínimo triángulo invertido señalando el húmedo camino del placer. Los labios color salmón regalan néctar, impacientes por ser besados. No sé quien es. No se qué es. Pero estas nunca han sido razones suficientes para no amar a alguien. La conocí a los quince años, cuando padecí una enfermedad que casi acaba conmigo. En aquél momento nadie pensó que yo pudiera salvarme. Una fiebre feroz devastaba mi cuerpo y deliraba empapado en mi propio sudor. Vagando perdido en el límite entre la vida y la muerte la vi por primera vez. Quizás la vida, la muerte y la pasión estén hechas de la misma sustancia. Sobreviví. Y desde entonces acude a mi encuentro todas las noches, a las doce exactas. Su cabello negrísimo es largo y serpentea perezoso en su espalda hasta acariciar su culo perfecto. Las nalgas son montañas atravesadas por el cauce de un río que pide a gritos la exploración de sus profundidades. Toda su piel de luna emana un brillo nacarado. Sus piernas son largas y aún los torneados tobillos parecen la obra maestra de un eximio escultor. Me mira y me pierdo en sus ojos celestes. Su lengua juega traviesa entre sus labios carnosos. No habla, pero yo la escucho. Su voz aterciopelada desgarra desde dentro mi cabeza, mi pecho, mis genitales. “Hazme tuya”, ruega. “Haz conmigo lo que desees”, pide. “Te necesito ahora”, clama. Se acerca. Como siempre. Aunque me duerma en mi espera, me despierta. Me sacude. Me excita. Me electriza. Me inmoviliza de ardor. Me incita a hacer el amor, a perderme en el infierno de su carne pálida. Desde que la vi por primera vez ninguna otra mujer ha existido en mi vida. No son nada. No se aproximan ni remotamente a tanta hermosura. ¿Que es irreal?... Sí, por supuesto. ¿Pero qué ser amado es real totalmente? He vivido obsesionado con ella. Perdidamente enamorado. Ciego al mundo, sordo a todo. Esperando con desesperación su llegada cada noche. Y paradójicamente también he vivido rechazándola día tras día con los últimos restos de mi voluntad. Algo en mi interior intuye que si accedo a su invitación me perderé para siempre. Si cedo, nunca más la veré, nunca más me veré. Me atrae como la hoguera a la mariposa nocturna. Camina hacia mí con paso felino. Como siempre. Pero esta vez creo que adivina que mis defensas se desmoronan, que hoy no sé si podré resistir, que hoy no sé..., si quiero resistir. Su fuego frío me envuelve. Tiemblo y ardo al mismo tiempo. Mi sexo se enloquece. Mi mente se paraliza. Mi carne vibra sin freno. Mi semen es lava ardiente que busca desesperadamente su erupción. La escucho otra vez. “No me rechaces”, me ruega. No, no, no... Me digo que no. No debo... “Te quiero”, me susurra. Y me toca. Me acaricia. Me avasalla. Su cuerpo suplica por el mío. El sudor perla mi frente. No, no...“Te amo”, me confiesa. Su aliento es dulce, irresistible, embriagante. Su boca roza mis labios y los enciende. No... Como nunca. La beso. La abrazo. Me hundo en la rosa abierta de su sexo. Me quemo en las llamas del éxtasis más sublime.
Estallo en miles de chispas de pura luz arco iris. Comprendo que el amor puede ser eterno aunque dure solamente un instante. Y me resigno a lo inexorable...

04 enero 2006

Ojos (Roberto Juarroz).


Un amor más allá del amor,
por encima del rito del vínculo,
más allá del juego siniestro
de la soledad y de la compañía.
Un amor que no necesite regreso,
pero tampoco partida.
Un amor no sometido
a los fogonazos de ir y de volver,
de estar despiertos o dormidos,
de llamar o callar.
Un amor para estar juntos
o para no estarlo
pero también para todas las posiciones intermedias.
Un amor como abrir los ojos.
Y quizás también como cerrarlos.

02 enero 2006

Olvido (Octavio Paz).



Cierra los ojos y a oscuras piérdete
bajo el follaje rojo de tus párpados.
Húndete en esas espirales
del sonido que zumba y cae
y suena allí, remoto,
hacia el sitio del tímpano,
como una catarata ensordecida.

Hunde tu ser a oscuras,
anégate la piel,
y más, en tus entrañas;
que te deslumbre y ciegue
el hueso, lívida centella,
y entre simas y golfos de tiniebla
abra su azul penacho al fuego fatuo.

En esa sombra líquida del sueño
moja tu desnudez;
abandona tu forma, espuma
que no sabe quien dejó en la orilla;
piérdete en ti, infinita,
en tu infinito ser,
ser que se pierde en otro mar:
olvídate y olvídame.

En ese olvido sin edad ni fondo,
labios, besos, amor, todo renace:
las estrellas son hijas de la noche.